
La salud mental dejó de ser una problemática que pueda pensarse exclusivamente desde hospitales, centros de salud o consultorios. El aumento de los padecimientos subjetivos, los consumos problemáticos, las situaciones de violencia, los intentos de suicidio y otras expresiones del malestar social muestran que muchas de las demandas que llegan al sistema sanitario tienen raíces y consecuencias que atraviesan a toda la comunidad.
En ese contexto, un proyecto presentado en el Concejo Municipal propone crear una Mesa Municipal de Salud Mental, con la intención de construir una respuesta que vaya más allá de la atención sanitaria y articule a los distintos actores que intervienen sobre estas problemáticas.
La iniciativa fue impulsada por el concejal Leonardo Caruana, junto a Norma López, María José Poncino, Mariano Romero y Pablo Basso. El planteo parte de una experiencia que Rosario conoce desde hace décadas: la construcción de políticas públicas desde una perspectiva territorial, comunitaria e interdisciplinaria.
La ciudad fue pionera en el desarrollo de un sistema basado en la Atención Primaria, el trabajo en los barrios y la articulación entre distintas disciplinas. Santa Fe, además, tuvo un papel destacado en la discusión sobre la desmanicomialización y los modelos comunitarios de atención. Ese recorrido se vinculó luego con el paradigma establecido por la Ley Nacional de Salud Mental, que puso en el centro los derechos humanos, la inclusión social y la sustitución de las lógicas de encierro.
Rosario conoce desde hace décadas: la construcción de políticas públicas desde una perspectiva territorial, comunitaria e interdisciplinaria.
Sin embargo, los avances normativos no eliminaron un problema que persiste: la fragmentación de las respuestas.
Las áreas del Estado, las universidades, los colegios profesionales, los organismos de derechos humanos, los trabajadores y las organizaciones sociales suelen intervenir sobre situaciones similares desde perspectivas diferentes. El problema es que esos saberes y experiencias no siempre están conectados.
Y cuando el problema es complejo, una respuesta fragmentada puede resultar insuficiente.

Una mirada que no se limite a la salud pública
La propuesta de la Mesa Municipal busca justamente generar ese punto de encuentro. No se plantea como una nueva estructura destinada a sumar burocracia ni como un reemplazo de los dispositivos que ya funcionan, sino como un ámbito permanente de articulación, intercambio, planificación y producción de conocimiento.
La idea es que la salud mental pueda ser abordada también como una cuestión social: vinculada con los vínculos, las condiciones de vida, las desigualdades, el trabajo, la educación, los consumos, las violencias, los espacios de pertenencia y las posibilidades que tienen las personas de construir proyectos de vida.
Ese cambio de perspectiva resulta especialmente relevante frente a fenómenos como el suicidio. Los datos recientes muestran que Rosario registró 112 muertes por suicidio durante 2025, un 53% más que en 2023. Al mismo tiempo, la línea 107 del Sies recibió más de mil llamadas vinculadas con intentos de suicidio durante el año.
Las cifras permiten dimensionar la demanda, pero difícilmente puedan explicar por sí solas qué está ocurriendo. Para comprenderla es necesario mirar también qué sucede en las familias, las escuelas, los lugares de trabajo, los barrios y los espacios comunitarios; qué redes de contención existen y cuáles se fueron debilitando.
Desde esa perspectiva, la prevención tampoco puede quedar restringida a la intervención cuando la crisis ya apareció. Implica construir condiciones sociales que permitan detectar el sufrimiento, acompañarlo y evitar que las personas queden aisladas frente a situaciones que no pueden resolver solas.
Recuperar una fortaleza histórica de Rosario
La propuesta de Caruana busca recuperar, en ese sentido, una característica que forma parte de la tradición de las políticas públicas de Rosario: la construcción colectiva entre instituciones y saberes diferentes.
La Mesa estaría integrada por representantes de la Municipalidad y la Provincia, concejales, organismos vinculados con los consumos problemáticos, colegios profesionales, universidades, trabajadores de la salud mental, organismos de derechos humanos y organizaciones de la sociedad civil.
También contempla la creación de un Observatorio Municipal de Salud Mental, destinado a producir y sistematizar información sobre la realidad local. La intención es contar con indicadores que permitan conocer mejor los problemas, evaluar las respuestas existentes y aportar evidencia para definir nuevas políticas.
El proyecto ingresó al Concejo bajo el expediente 280806-P-2026 y será analizado por las comisiones de Salud y Desarrollo Humano y de Igualdad, Género y Derechos Humanos.
Más que crear un nuevo dispositivo de atención, la iniciativa plantea una discusión sobre cómo se construye una política de salud mental para una ciudad. Y propone hacerlo desde una mirada que no reduzca el sufrimiento a un diagnóstico individual ni lo convierta únicamente en un asunto sanitario.
La pregunta de fondo es cómo volver a construir redes capaces de sostener a las personas allí donde transcurre su vida cotidiana. Porque, frente a problemas que tienen dimensiones sanitarias, sociales, económicas, culturales y comunitarias, la respuesta difícilmente pueda provenir de una sola institución.
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