
El sistema de salud argentino suma una herramienta clave para renovar su infraestructura. Este lunes, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, confirmó que las clínicas y hospitales ya no tendrán los impedimentos de antes para importar equipamiento médico usado. “Menos costos y burocracia, más calidad al servicio de la salud de los argentinos”, sentenció el funcionario para definir este giro en la política de comercio exterior.
Hasta hoy, conseguir equipos de alta complejidad que no fueran nuevos implicaba procesos administrativos eternos y regulaciones asfixiantes. Esto hacía que muchos sanatorios pequeños terminaran comprando tecnología muy vieja dentro del mercado local. Con el nuevo esquema, se facilita el ingreso de dispositivos reacondicionados que cumplan con estándares internacionales, permitiendo que la innovación llegue a localidades donde antes era inaccesible.
El ministro de Salud de la Nación, Mario Lugones, también defendió la medida y remarcó que la norma de ANMAT garantiza que los equipos que entren al país sean seguros y de calidad. “El nuevo esquema es simple y transparente. Queremos que la libertad de mercado permita mejorar los diagnósticos y tratamientos en todo el país”, afirmó el titular de la cartera sanitaria.
Para las autoridades, el beneficio no es solo económico para las empresas de salud, sino directo para la gente. Al contar con mejor tecnología en ciudades del interior, se espera reducir drásticamente las derivaciones a los grandes centros urbanos, que muchas veces demoran la atención y complican los cuadros de los pacientes. En este 2026, el foco oficial parece estar puesto en que la desregulación ayude a modernizar un parque médico que, en muchos casos, estaba al borde de la obsolescencia.
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