
Este 26 de enero se cumplen seis años de la muerte de Kobe Bryant, una de las figuras más influyentes de la historia del básquetbol. El exastro de Los Angeles Lakers falleció en un accidente de helicóptero ocurrido en Calabasas, California, cuando viajaba junto a su hija Gianna, de 13 años, y otras siete personas hacia un torneo juvenil. El impacto fue inmediato y el deporte mundial quedó en shock ante la pérdida de un ícono que trascendía largamente las fronteras de la NBA.
El accidente se produjo en horas de la mañana, en medio de una densa niebla que reducía drásticamente la visibilidad. El helicóptero Sikorsky S-76B en el que se trasladaban Bryant y su comitiva se estrelló contra una colina y se incendió. Las autoridades confirmaron que no hubo sobrevivientes. Además de Kobe y Gianna, murieron otros siete ocupantes, entre ellos compañeros de equipo de la joven y familiares.
La noticia se propagó con una velocidad inédita y generó una conmoción global. Minutos después de confirmarse el fallecimiento, estadios, deportistas, ligas y figuras de todos los deportes comenzaron a rendir homenaje. En Los Ángeles, el Staples Center —hoy Crypto.com Arena— se convirtió en un santuario improvisado, cubierto de flores, camisetas y mensajes de despedida. En partidos de la NBA y de otras ligas, se guardaron minutos de silencio y se realizaron tributos espontáneos que reflejaron la dimensión del impacto.
Kobe Bryant tenía 41 años y había dejado la actividad profesional en 2016, tras una carrera legendaria desarrollada íntegramente en los Lakers. Había pasado de ser una estrella del básquet a un referente cultural, empresario, productor audiovisual y mentor de jóvenes deportistas, con una presencia activa en el desarrollo del básquet femenino, impulsado en gran parte por el crecimiento deportivo de su hija Gianna.
En la NBA, el legado de Bryant está marcado por una trayectoria excepcional. Disputó 20 temporadas con la franquicia angelina y conquistó cinco campeonatos: tres consecutivos entre 2000 y 2002, junto a Shaquille O’Neal, y dos más en 2009 y 2010, ya como líder absoluto del equipo. En esas finales derrotó a Indiana Pacers, Philadelphia 76ers, New Jersey Nets, Orlando Magic y Boston Celtics, respectivamente.
Fue elegido 18 veces para el All-Star Game, ganó dos premios al Jugador Más Valioso de las Finales, un MVP de temporada regular en 2008 y terminó su carrera como el cuarto máximo anotador histórico de la NBA al momento de su retiro. Su récord de 81 puntos en un solo partido, conseguido en 2006 frente a Toronto Raptors, sigue siendo una de las mayores hazañas individuales del básquet moderno.

Más allá de los números, Kobe Bryant construyó una identidad basada en la competitividad extrema y la mentalidad ganadora, conocida mundialmente como la “Mamba Mentality”. Esa filosofía, centrada en la disciplina, la obsesión por el detalle y la superación constante, se convirtió en una referencia para deportistas de todas las disciplinas.
Esa mentalidad también explica el profundo respeto que sentía por Manu Ginóbili, uno de los pocos jugadores capaces de desafiarlo repetidamente en instancias decisivas. Bryant no dudó en reconocer públicamente la influencia del argentino en su carrera. “Si Manu Ginóbili no hubiese estado cerca, yo hoy tendría 10 anillos de la NBA”, dijo con una sonrisa durante una conferencia de prensa en el Mundial de básquet disputado en China.
“Manu ha sido uno de mis jugadores favoritos. Es un competidor excepcional. Extremadamente inteligente. Fue una gran oportunidad sentarme a su lado porque ve el juego como yo, de una manera analítica”, destacó.
Bryant, campeón de la NBA en cinco oportunidades, continuó destacando la capacidad del bahiense para leer el juego. “Manu mira las ayudas defensivas, el ataque, se fija en cómo Australia usa a Patty Mills, en qué es lo que debería estar haciendo y en lo que no”, explicó. Ambos coincidieron en Pekín durante las semifinales del torneo y compartieron partidos desde la tribuna, algo poco habitual durante sus años de competencia.
En los playoffs, sus caminos se cruzaron en momentos clave. En 2003, San Antonio Spurs, con Ginóbili, cortó el sueño del tetracampeonato de los Lakers al eliminarlos por 4 a 2 en las semifinales del Oeste y luego consagrarse campeones. En 2004, fue Los Ángeles quien se impuso por el mismo resultado, aunque terminó cayendo en la final ante Detroit Pistons. En 2013, los Spurs barrieron a los Lakers por 4 a 0, aunque ese equipo de Kobe ya no era candidato al título.
Más allá de las estadísticas y los cruces directos, la frase de Bryant fue interpretada como un reconocimiento sincero a un rival al que siempre admiró. Ese respeto también se reflejó cuando ambos pudieron dialogar sin la presión de la competencia. “Fue divertido haber tenido esa charla, porque en general solíamos encontrarnos compitiendo el uno contra el otro. Entonces ha sido siempre difícil para mí saber lo que Manu piensa en primera persona. Pero es muy bueno, ahora que sé que no competiremos más entre nosotros, hablar sobre estrategia y lo que vemos en la cancha. Fue excelente, y también fue como ponerse al día, sentarse y tener una larga conversación”, expresó Bryant.
Comentarios