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Todo Show

Seis estrenos: “Bad Boys” entre lo nuevo que llega el primer jueves de junio

Estrenada en la Competencia Oficial de la Mostra de Venecia 2022 “El jardín del deseo”, la penúltima película de Paul Schrader (en el Festiva de Cannes 2024 acaba de presentar Oh, Canada) cierra una muy valiosa trilogía iniciada con El reverendo (First Reformed, , 2017) y El contador de cartas (The Card Counter, 2021). “Bad Boys”, La franquicia iniciada por Michael Bay con los films de 1995 y 2003 y continuada por la dupla de Adil El Arbi y Bilall Fallah con la película de 2020 y con esta cuarta entrega se va mimetizando cada vez más -para bien y para mal- con la de Rápidos y furiosos. En “Observados” una mujer se pierde en un misterioso bosque y se refugia con otros en similar situación en una casa en la que son observados por extrañas y amenazantes criaturas. También llegan “La mujer hormiga”, “Historias invisibles” y “Capitán Avispa”.  Aquí una selección de reseñas para elegir que ir a ver al cine, porque el cine se ve en el cine.

“El jardín del deseo”

Con la magnífica El jardín del deseo, Paul Schrader completa lo que, por el momento, figura como una trilogía sobre la fuerza redentora del amor en tiempos de oscuridad. Un corpus fílmico que, en todo caso, no funciona a partir de la continuación de un relato, sino mediante la iteración de un mismo relato. Como en El reverendo (First Reformed) y El contador de cartas (The Card Counter), el cineasta estadounidense acomete aquí un nuevo ejercicio de “cine trascendental” sostenido sobre una puesta en escena ordenada y austera, un tratamiento narrativo minimalista y una fe acérrima en el poder de la catarsis fílmica. Todos estos rasgos, que aparecen disgregados por toda la obra de Schrader –desde su guion para Taxi Driver hasta películas como Gigoló americano / American Gigolo o Mishima: Una vida en cuatro capítulos–, reaparecen en El jardín del deseo depurados hasta el extremo.

Para componer sus más recientes exploraciones del alma humana, Schrader ha enlazado sus historias de culpa y perdón con temáticas de candente actualidad: en El reverendo, el pánico que inspira la crisis climática; y, luego, en El contador de cartas, las heridas que ha provocado en la psique estadounidense su amoral lucha contra el terrorismo global. Ahora, en El jardín del deseo, ese marco contemporáneo se diluye para desplegar la universal historia de redención del personaje encarnado, con gran contención, por Joel Edgerton: un jardinero que intenta enterrar su violento pasado bajo una cotidianidad espartana.

Para perfilar la odisea moral de su personaje, Schrader echa mano de sus maestros: el Robert Bresson de Diario de un cura rural resuena en el cuaderno en el que el protagonista escribe a diario; el japonés Yasujirō Ozu se manifiesta en la parquedad y ordenamiento escénico del film; y hay incluso un pequeño guiño al danés Carl Dreyer cuándo el éxtasis sexual de una joven afroamericana (Quintessa Swindell) se hermana con el recuerdo de la hierática Maria Falconetti en La pasión de Juana de Arco.

El jardín del deseo es la obra de un cineasta que cabalga, pletórico, a lomos de una segunda juventud; un artista que no tiene miedo a llevar al extremo más abstracto sus preceptos cinematográficos. Rigor y libertad podrían ser las palabras que mejor describen el nuevo trabajo de Schrader, quien construye el momento más catártico del film echando mano de unos efectos digitales nada discretos, y que le pone a un agente de policía una camiseta con el lema “We Should All Be Feminists”. Menos interesado que en otras ocasiones por la idea de la crisis de fe, y más concentrado en el camino de su protagonista hacia el descubrimiento del amor, Schrader compone en El jardín del deseo una de sus películas más luminosas.

MANU YAÑEZ.

En los del Centro.

“Bad Boys: Hasta la muerte”

El año próximo se cumplirán tres décadas del estreno de Bad Boys, ópera prima de Michael Bay. Por entonces, Martin Lawrence tenía 30 años y Will Smith, apenas 27. Está claro que nadie “necesita” ver una vez más a esta dupla de ya casi sexagenarios haciendo chistes con la edad y sufriendo todo tipo de achaques, pero los números mandan y el productor Jerry Bruckheimer seguirá exprimiendo hasta la última gota de jugo de estas buddy movies. En ese contexto no demasiado alentador, hay que indicar que Hasta la muerte, cuarta entrega y segunda dirigida por Adil & Bilall (así, con sus nombres, firman Adil El Arbi y Bilall Fallah) funciona razonablemente bien con su mixtura de humor (tonto, ridículo) y acción (desenfrenada).

Ya desde los primeros planos que nos sitúan en Miami la saga parece adoptar cada vez la iconografía grasa y tuerca de Rápidos y furiosos. En ese ámbito nos reencontramos con Mike Rowley (Smith) y Marcus Burnett (Lawrence). Luego de la actualización de rigor (Mike se casa con la Christine de Melanie Liburd; Marcus sufre un infarto que casi lo deja fuera de juego para siempre), el dúo deberá huir y contraatacar para demostrar que son víctimas de una confabulación motorizada por paramilitares y narcos que además quieren ensuciar la memoria de quien fuera su querido jefe (el capitán Howard de Joe Pantoliano).

Si la sinopsis puede no resultar demasiado tentadora hay que advertir que el posible gancho de este tipo de propuestas no se basan precisamente en la creatividad ni capacidad de sorpresa de los guionistas sino en el delirio, el absurdo, la adrenalina, la espectacularidad que pueden transmitir determinadas escenas clave (como la del desenlace con cocodrilos incluidos).

No hay aquí profundidad psicológica, sutilezas ni matices, las actuaciones (muy desaprovechada la gran Rhea Seehorn, por ejemplo) y las bromas son básicas (igual hay unos cuantos gags eficaces) y el resto es manejar a toda velocidad, volar, disparar (ahora con la ayuda de drones y la asistencia de la Inteligencia Artificial) y hacer estallar todo por los aires como si uno manejara la acción desde el joystick de un videojuego. ¿Que es una fórmula demasiado básica, que solo se justifica si la vara no es demasiado alta? Sí, pero aun con sus evidentes limitaciones, abrazando de forma orgullosa viejos clichés, Hasta la muerte puede resultar -y sin culpa- una experiencia tan lúdica como disfrutable.

DIEGO BATLLE.

En todos los cines.

“Observados”

Basada en la novela del irlandés A. M. Shine, THE WATCHERS (el título original pone el acento en los que observan y no en los observados) tiene una breve escena inicial que nos presenta, a través de un personaje que se pierde allí y parece ser capturado por algún tipo de ente misterioso, a un enigmático y enorme bosque en una zona lejana del Oeste de Irlanda en el que la gente que entra no vuelve a salir. Corte a la ciudad de Galway, donde conocemos a Mina, una joven que vive y trabaja allí en una tienda de mascotas y que tiene un pasado traumático que involucra la muerte de su madre, que no pudo superar.

Mina (Dakota Fanning) es enviada por su jefe a llevar un loro a un zoológico y, cuando su auto se mete dentro de ese bosque, todo deja de funcionar: GPS, internet, radio y, finalmente, el coche en sí. No solo eso, sino que cuando empieza a caminar buscando alguna salida, al volver se topa con que su auto ha desaparecido. Sin lugar donde pasar la noche, termina topándose con una extraña mujer llamada Madeline (Olwen Fouéré) que le ofrece refugio en una moderna construcción ubicada en medio de ese bosque. Allí estará acompañada, además, por otros dos jóvenes: Ciara (Georgina Campbell) y Daniel (Oliver Finnegan).

No se trata de una casa «normal». Los tres habitantes tienen que cumplir reglas que, supuestamente, los protegen de algún tipo de criaturas misteriosas que están afuera y acechan por la noche. Una de las paredes es un vidrio/espejo (desde afuera se puede ver a los de adentro, pero los de la casa se ven a sí mismos) y los habitantes deben hacer una serie de rituales para satisfacer a sus enigmáticos observadores. De día pueden salir de la casa, pero no es mucho lo que pueden hacer, ya que a Mina le aseguran que no hay manera de escapar sin que vuelva a caer la noche y a reaparecer las criaturas. Hay postas, en el bosque, que prueban que salir es imposible, postas colocadas allí por un misterioso profesor que estuvo allí en el pasado y estudió el tema.

OBSERVADOS tratará sobre los intentos de Mina de escapar, de las desaveniencias internas entre los personajes, del misterio de esas criaturas que se escuchan pero no se ven y de ir descubriendo, de a poco, la mitología que rodea a toda esa situación, tanto en lo que respecta a las criaturas en sí como a esa casa y a los rituales que los habitantes deben cumplir para no ser atacados. Por momentos, la película tiene algo de la serie LOST, a lo que habría que sumar algunas referencias a reality shows tipo GRAN HERMANO (de hecho, en esa casa ellos tienen DVDs de temporadas de un programa de ese estilo) y el acostumbrado misterio ligado a una situación entre inexplicable y fantástica que es marca registrada del padre de la realizadora, especialmente en películas como LA ALDEA, LA DAMA EN EL AGUA o EL FIN DE LOS TIEMPOS.

Ishana juega con la idea del doble, de la relación entre los humanos y las fuerzas de la naturaleza, se mete con el horror que parece surgir de las entrañas mismas de la Tierra y con el rol de la civilización en esas tensiones que existen con un mundo preexistente a la aparición del hombre. Si bien tiene algunos recursos de guión un tanto arbitrarios e ilógicos –muchos menos que los que hay en el cine de su padre–, la realizadora logra ir metiendo al espectador en una atmósfera de inquietud, no tanto por los sustos en sí sino por develar qué es lo que atrapa a Mina y a los otros en ese extraño lugar. Y cuál es la historia que los conecta.

Si bien algunas sorpresas se ven venir de un modo demasiado evidente, OBSERVADOS tendrá ciertos giros inesperados y una inteligente manera de conectar el mundo de los humanos con el de las criaturas. Por un lado, a través de las mitologías originarias de la zona y, por otro, a partir de las circunstancias específicas de las vidas de los protagonistas. Shyamalan usa algunos recursos llamativos de puesta en escena –el fuera de foco persistente, el constante plano detalle, la manera en la que la cámara se sumerge en la más profunda oscuridad– como un modo de mostrar esa especie de combate psicológico entre la protagonista y todo eso que está afuera (y también adentro) y que desconoce.

Es que Mina es una chica bastante rebelde que no se contenta con las explicaciones que le dan ni con quedarse, pasivamente, siendo mirada como si fuera, bueno, un personaje de algún «reality show» de la vida. Aún cuando le ha causado problemas en el pasado, ella tiene que romper las reglas e intentar ver qué hay detrás, debajo o más allá de las paredes. Como Alicia en el cuento de Lewis Carroll, Mina no se contenta con verse en un espejo: necesita ver el mundo real, descifrar el misterio y, de ser posible, escapar. Aún cuando las consecuencias puedan ser terribles.

DIEGO LERER.

En todos los complejos.

“Historias invisibles”

“Un thriller en donde el horror es la realidad”. Con esa frase empezó a promocionarse Historias invisibles, la nueva película de Guillermo Navarro interpretada por un elenco que incluye a Eleonora Wexler, Antonella Ferrari, Vanesa González, Pablo Pinto, Pablo Tolosa y Mariano Bertolini, entre otros. La frase, trágicamente, resulta muy acertada porque la película aborda la problemática de la trata de personas y está inspirada en historias reales que ocurrieron en la Argentina.

Cuando Navarro empezó a escribir el guión no estaba en el país, pero leía en la prensa noticias vinculadas a este tema. Así apareció la idea. La trama plantea dos historias separadas por varios kilómetros que, en algún momento, se unen. Dos chicas son secuestradas por la misma organización: Cecilia (Ferrari) tiene apenas 16 años y viene de una familia pobre de Catamarca, vive con su padre y su hermano y es captada por un novio más grande que ella; Paula, de 18, es una chica de clase media que vive en Mendoza con su madre y es secuestrada violentamente cuando sale de su casa para ir a una consulta médica. Jorge (Tolosa), el padre de Cecilia, pierde la esperanza de encontrarla ante la falta de colaboración de la policía hasta que recibe un llamado de su hija y decide hacer un viaje de 2 mil kilómetros para rescatarla. Graciela (Wexler), la madre de Paula, desde el primer minuto sale a recorrer burdeles y se enfrenta a la violencia que circula en esos antros porque la justicia no responde.

Wexler es madre de una joven de 20 años que al momento de rodar la película tenía 18, es decir, la misma edad que su hija en la ficción. Cuando se le consulta cómo fue encarar este personaje desde lo emocional siendo madre, dice: “En este caso me re costó. Por lo general, suelo separar sin problemas, pero en muchos momentos sentí que podía involucrarme hasta cierto punto porque, más allá de estar muy comprometida, me costaba un montón. Creo que descubrí esto recién cuando me vi. Tengo una hija de la misma edad y era algo inimaginable. Cuando me metí a fondo, entendí que había un límite. ‘Todo bien, pero hasta acá’, pensé. Y también entendí que no podía recurrir a otro lugar porque estaba demasiado cerca”.

La actriz comenta que tomó algunos casos reales como disparadores –el de Susana Trimarco y su incansable lucha para conocer el paradero de su hija–, pero aclara que lo que tenía más a mano era “el sentimiento de madre, nada más y nada menos”. Wexler define esta producción como una ficción testimonial y agrega que “estas historias tienen un plus, llegan de otra manera y pueden aportar a la educación, porque la idea es que pueda proyectarse en colegios y fundaciones para generar concientización entre las y los adolescentes”.

LAURA GÓMEZ.

En Showcase y Cinépolis.

“Capitán Avispa”

La información preliminar sobre Capitán Avispa revelaba un dato inquietante: estaba producida y escrita por Juan Luis Guerra. Sí, el mismo que hace unos años rogaba porque lloviera café, quería ser un pez y andaba con problemas de bilirrubina.

Aunque en principio la inesperada conjunción de mundos artísticos resultaba difícil de creer, existía un punto en común: dos décadas atrás el cantante había sacado un tema que se llamaba “Las avispas”. En el límite del paroxismo hubo quien aseguró que la historia del film en producción se basaba en aquella letra; referencia que, lógicamente, despertó más preocupación. El lado positivo es que, con el estreno del film, se puede afirmar que esta aventura infantil nada tiene que ver con la historia de la canción. Lo negativo es que esto no es necesariamente bueno.

En un mundo antropomorfizado existe la ciudad de Avispatrópolis, al resguardo de un “niño” conocido como Capitán Avispa. Sin embargo, la armonía se pone en jaque con la aparición del afrancesado Poison, que tiene un plan para dominar a las colonias y sojuzgar a sus habitantes. Dependerá del héroe y del enfrentamiento, no solo del villano, sino de sus propias inseguridades, mantener a salvo a sus congéneres de una nube tóxica al grito de: “Fuerte y valiente, nunca miente”, consigna que funciona como descripción personal y que tendrá peso específico en la resolución de la historia.

Algo de Superman, algo de Star Wars, un personaje que le dice a otro: “Sos mi villano favorito”, para que enseguida le aclaren: “Esa es otra película”, o frases que dan vergüenza ajena como “Hasta la avispa, baby” son algunos de los supuestos apuntes de humor que sobrevuelan la historia sin causa ni efecto.

Todavía peor es que a cada rato suenan fragmentos de canciones del alma páter del proyecto, algunas muy conocidas y otras casi nada, recurso que convierte a una película de aventuras en una permanente playlist sin ninguna justificación ni razón de ser. Este despropósito autorreferencial llega a su punto máximo con la aparición aleatoria de un personaje llamado “Juan Miel Guerra”, que no tiene ninguna injerencia en la trama, más allá de homenajear a su contraparte de carne y hueso, y padre del director.

Difícil imaginar un público objetivo para un film como Capitán Avispa. Porque más allá de la sintonía fina, la propuesta en su conjunto queda muy por debajo de las numerosas alternativas infantiles que pueden encontrarse en pantalla grande, plataformas o incluso en los canales orientados a los más chicos. Sin duda en su país de origen tendrá el valor agregado del sabor local, pero se vuelve insulsa cuando cruza la frontera.

GUILLERMO COURAU.

En Showcase, Hoyts, Cinépolis y Monumental.

“La mujer hormiga”

La Mujer Hormiga es la historia de Virginia y Renata, dos hermanas cuyas vidas han sido marcadas desde niñas por una tragedia familiar. A pesar de estar desvinculadas afectivamente, deberán reencontrarse para empezar a convivir dentro de la misma casa.

Renata irá ocupando un territorio que hasta ahora Virginia dominaba como pilar de su pequeño mundo familiar. Lucio (hijo de Virginia) y Javier (su ex marido) se convierten en los únicos testigos de esa guerra silenciosa que comienza a desatarse entre ambas.

Al igual que las hormigas que han comenzado a aparecer por todos lados, la presencia de Renata, empieza a obsesionar a Virginia. Buscando alguna solución al problema de las hormigas, baja al patio en medio de la noche y comienza a percibir movimientos a los que no le encuentra explicación.

El cansancio que genera el correr de los días, le dificulta separar la sugestión de la realidad, poniendo en evidencia la fragilidad de ese mundo de ficción que a veces tenemos que inventarnos para sobrellevar el día a día.

Agenda de Cine.

En El Cairo.

Fuentes: Otros Cines, Micropsia, Página 12, Agenda de Cine, La Nación.

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