
En “El corazón de la bestia”, el realizador de Reyes de la calle (2008), En la mira (2012), Corazones de hierro (2014), también con Brad Pitt, Escuadrón Suicida (2016), Bright (2017), Beekeeper: Sentencia de muerte (2024) y Rescate implacable (2025) rodó las desventuras de un veterano del ejército estadounidense que viaja solo por Alaska con su avioneta y acompañado por su perro.
“La isla olvidada”, es un cuento sobre la identidad cultural creado por los mismos directores del film El gato con botas: El último deseo. También aterrizan el reestreno de “Avengers” con escenas extras, Russel Crowe estrena “El último gran golpe”,
“El corazón de la bestia”

Algunos de los grandes textos sobre la vida fuera de la civilización están firmados por autores estadounidenses. El más evidente de ellos puede que sea Walden, la vida en los bosques, el ensayo de Henry David Thoreau sobre su experiencia en una cabaña construida por él mismo, pero hay otros, como las dos hermosas novelas que Jack London escribió sobre sendos perros, Colmillo Blanco y La llamada de lo salvaje. Sea como fuera, si hay algo que atraviesa tanto la obra de Thoreau como las de London son las de encontrar en los bosques un contrapunto a la civilización y a sus modelos sociales, eminentemente capitalistas.
A partir de aquí, cuesta comprender una película como En el corazón de la bestia, dirigida por David Ayer y protagonizada y producida por Brad Pitt, que encarna a un veterano del ejército estadounidense que viaja solo por Alaska con su avioneta y con su perro, también veterano de la armada norteamericana.
El paisaje de Alaska y el vínculo entre el hombre y el animal deberían ser suficiente para constituir una película sobre lo salvaje y, sin bien es cierto que En el corazón de la bestia refuerza los vínculos entre el perro y su amo, no hay nada que se acerque a la comprensión de la naturaleza.
Un accidente de avioneta servirá de detonante de una trama en la que no hay momento en que no suceda una desgracia ni aparezca un obstáculo. Ya sea un peligroso puente que hay que cruzar, unos lobos que hay que sortear, un pantano que hay que atravesar. Tan solo los primeros planos del perro nos recuerdan que hay algo más ahí, pero esto no es El mensaje, de Iván Fund, sino todo lo contrario.
Lo peor, de hecho, está por llegar. Ayer va insertando escenas que reproducen las pesadillas del perro y del soldado, recuerdos de la violencia de la guerra. No, En el corazón de la bestia tampoco es Vivir al límite / En tierra hostil, de Kathryn Bigelow, que manejaba con más pulso crítico las mellas que deja la guerra. Es más, su final plantea una suerte de canto patriótico que haría saltar de un respingo tanto a Thoreau como a London.
VIOLETA KOVACSICS. Otros Cines.
En Las Tipas, Cinemark, Cinépolis, Monumental y Del Centro.
“La isla olvidada”

La isla olvidada, el film animado de los mismos directores de El gato con botas: El último deseo contiene multitudes de ideas visuales y narrativas, de personajes bien delineados y de una cultura (la filipina) prácticamente inexplorada por las producciones hechas en Hollywood. Costumbres y leyendas, figuras familiares y míticas se combinan en un entramado de colores brillantes y diversas técnicas de animación unidas por sus luminosas protagonistas: Jo y Raissa. La amistad entre ambas forjada desde la infancia por su mutua fascinación por algunos de los mitos más terroríficos del folclore filipino, funciona como el hilo conductor de un relato con tantas buenas ideas como excesos.
Ambientada en los años 90 y con los cuentos de Lola, la abuela de Jo, como punto de partida de sus fantasías, las chicas se crían con un sentido de la aventura que puede llevarlas a representar a Manang, la sanguinaria vampiresa de los relatos de la abuela frente a toda la escuela, a conducir un colectivo hasta la playa muchos años antes de que fuera legal que lo hicieran y a encontrar en esa misma arena el talismán que las transporta a Nakali, la isla olvidada del título.
Ese viaje ocurre en un momento crítico del vínculo entre las amigas: habiendo terminado el colegio secundario, Raissa se prepara para estudiar en la universidad en los Estados Unidos mientras que Jo continúa pasando de un empleo a otro, sin intenciones de asumir ninguna responsabilidad de la adultez que la acecha a la vuelta de la esquina.
Con variados estilos de animación que recuerdan al anime, el colorido de películas como Coco, de Pixar -con la que comparte también la intención de poner en primer plano el complejo entramado que construye la identidad de todo un pueblo- y el vértigo de Las guerreras del K-Pop, La isla olvidada no deja centímetro de la pantalla sin llenar de ideas, colores estridentes y personajes memorables. Como Raww, el entusiasta híbrido entre humano y perro que se autodesigna como el guía de Jo y Raissa en la isla; Batiba, un demonio que se dedica a coleccionar los recuerdos de sus visitantes desprevenidos, y Bungi, una especie de bebé gigante de tres ojos y una emocionalidad siempre a flor de piel. Especialmente cuando alguien se atreve a hablar mal de su adorada mamá.
Varadas en la isla llena de las maravillas que incluye la aparición de un pájaro multicolor que utilizan como transporte, de una tribu de árboles antropomorfizados, de duendes con conocimiento de mitología griega y de un tritón siempre listo para una selfie, entre otras criaturas estrambóticas y cómicas, las protagonistas deben encontrar la forma de volver a su mundo sin sacrificar sus memorias ni su amistad.
De hecho, el dúo de guionistas y directores Joel Crawford y Januel P. Mercado logra destacar la importancia de ese vínculo entre las estridencias de los paisajes que piden al menos un par de visionados para ser apreciados en toda su exuberancia. Aunque graciosos y curiosos, los guiños a las costumbres de las Filipinas -con especial fijación en el poder casi sobrenatural del Karaoke-, y sus referencias a la cultura popular global, a veces distraen la atención del corazón de la trama. Por momentos la acumulación de bromas visuales e ingeniosas líneas de diálogo opacan el brillo de la verdadera joya del film: Jo y Raissa, un par de jóvenes mujeres inteligentes, intrépidas, sensibles y compinches tanto es sus similitudes como en sus diferencias con las habilidades para crear sus propias islas imposibles de olvidar.
NATALIA TRZENKO. LA NACIÓN.
Las Tipas, Cinemark, Cinépolis, Monumental y Del Centro.
“El último gran golpe”

Unos pocos años atrás, una película como El último gran golpe, con el elenco que encabezan Russell Crowe, Aaron Paul y Luke Evans, hubiera llamado muchísimo más la atención que ahora.
Es que la estrella de Gladiador, el actor de Breaking Bad, y el que estuvo en varias de Rápidos y furiosos, El Hobbit e interpretó a Gastón en la versión con actores de La Bella y la Bestia pasaban por sus mejores momentos. No es que este thriller no tenga lo suyo, pero…
El mejor de los tres, el protagonista casi absoluto, es el personaje de Crowe, un inmigrante albanés que está afincado desde hace años en Los Angeles regenteando un club nocturno. No le va nada mal, tal vez también en parte porque lava dinero de un cartel mexicano.
La vida le sonríe a Manco Kapak, pero también por ese estilo de vida que le demanda muchas horas -y la decisión de tomar excesiva cantidad de Viagra para satisfacer a su más joven esposa- es que sufre un ataque al corazón que le hace replantear las cosas.
Evalúa vender el club y con todo el dinero que juntó, no solo retirarse sino disfrutar de la vida como con una jubilación anticipada e irse “a Tailandia”, como le sugiere su pareja Sunny (Teresa Palmer).
Más cuando un enmascarado armado lo asalta una noche cuando él iba a hacer el depósito habitual para lavar el dinero del cartel en un cajero nocturno. El cree que fue casual, pero Rodríguez (Danny Zovatto), el jefe local del cartel mexicano, intuye que hay otra cosa.
La otra cosa es Jeff (Aaron Paul), un profesor que “quedó en deuda” con Slosser, un detective de la policía de Los Angeles (Josh McConville) por entregar un examen que asegurara al hijo del policía ingresar a una universidad privada, y el chico no entró. Jeff es chantajeado por el detective y es quien le roba a Manco. ¿Cómo llega a Manco? Hay una investigación entre el FBI y la policía, y mientras lo vigila, Slosser descubre que sí, es un blanco fácil de robar. Luke Evans es el agente del FBI encubierto que se ofrece a comprarle el club a Manco.
Para más complicaciones está Carrie (Nina Dobrev), una cajera de banco que intuye que Jeff como cliente está en algo raro y termina como su cómplice, porque sueña con realizar robos al estilo Punto límite, la película con Keanu Reeves y Patrick Swayze.
Que en el remake de Punto límite trabajara Teresa Palmer, y que en la escena postcrédito Carrie diga que ese remake de 2015 es pésimo no es solo un guiño sino probablemente una demostración de qué cine le gusta al director Derrick Borte.
Que el resultado no esté a la altura de Punto límite -la original, la que dirigió Kathryn Bigelow- ya es otro asunto. Se ve que Russell Crowe se entiende con el realizador, que ya lo dirigió en otro thriller, Fuera de control, en el que el neozelandés experimentaba cólera sentado al volante. Esta película no es tan angustiante, porque tiene humor, lo que le falta es un poquito de poder de síntesis.
PABLO SCHOLZ. Clarín.
En Cinépolis, Monumental y Del Centro.
“Avengers: Endgame – Encore”

Una de las grandes dudas que se repite entre los fanáticos de Marvel es cuántas sorpresas esconde esta versión especial y en qué momento exacto aparecen dentro de la función.
La respuesta sin spoilers es sencilla: los reportes de las primeras proyecciones describen cuatro secuencias adicionales vinculadas directamente con el futuro del Universo Cinematográfico de Marvel y el camino hacia las próximas entregas de la franquicia.
Conviene hacer una precisión sobre la ubicación del material inédito en esta versión extendida. Hablar estrictamente de “cuatro escenas post créditos” no es del todo exacto, ya que una de ellas aparece integrada al desenlace de la película, mientras que las restantes tres se distribuyen a lo largo de los créditos finales.
Para aquellos espectadores que quieren saber cuándo levantarse de su asiento sin perderse ningún detalle clave, la recomendación de las salas y los especialistas es todavía más sencilla: quedarse hasta que termine por completo la función y baje la pantalla.
De esta manera, los seguidores podrán disfrutar de todos los agregados técnicos y narrativos de este reestreno pensado para volver a llenar los cines.
Qué tiene de nuevo “Avengers: Endgame – Encore”
- Minutos adicionales: El metraje incorpora entre 4 y 7 minutos de material extra que no formaron parte del corte original estrenado en cines.
- Puente hacia el futuro: Este nuevo contenido funcionará como hilo conductor clave para conectar de manera directa los eventos de la saga con la esperada película Avengers: Doomsday.
- Modificaciones en la estructura: La proyección contará con una introducción especial y un epílogo modificado, ofreciendo una lectura renovada del cierre de la historia.
- Formato tecnológico: Todo el filme se proyectará bajo el formato Infinity Vision, una experiencia inmersiva de máxima calidad diseñada para revalorizar las batallas definitivas contra Thanos con estándares visuales completamente actualizados.
En Las Tipas, Cinemark, Cinépolis, Monumental y Del Centro.
“Su propio infierno”

Hubo una época en la que Nicolas Winding Refn (de ahora en más NWR) hacía películas estilizadas como Drive (2011), pero que narraban historias algo o muy interesantes. Sin embargo, luego llegaron títulos como Solo Dios perdona (2013) o The Neon Demon (2016) en las que el gélido regodeo visual fue arrasando con cualquier atisbo de emoción, empatía o profundidad psicológica.
Esa tendencia se profundiza hasta el paroxismo en Su propio infierno, en la que lleva hasta tal extremo sus obsesiones, marcas autorales y vicios que termina cayendo en una involuntaria autoparodia.
Mezcla de slasher, film noir, película voyeurista con un erotismo clase B, ejercicio de comercial de los ’90 en los que cada 30 segundos alguien enciende un cigarrillo en un plano visualmente suntuoso, cine dentro del cine (hay historias de de viajes y peleas intergalácticas) y del giallo de Mario Bava, Lucio Fulci y Dario Argento (no casualmente la música es del octogenario compositor italiano Pino Donaggio), Su propio infierno es una ensalada llena de ingredientes que se atiborran y se terminan anulando, un cóctel que incluye peleas cuerpo a cuerpo brutales en las que NWR juega a ser como el Quentin Tarantino de Kill Bill y el Park Chan-wook de Oldboy, mientras construye climas oníricos con diseños fastuosos que remiten a Pedro Almodóvar, David Lynch y Peter Strickland (sin llegar nunca, claro, al nivel de esas referencias).
Pirotécnica, artificiosa, alucinatoria, caprichosa, arbitraria, deslumbrante en varios de sus planos, Su propio infierno termina siendo un hermoso envoltorio para una película vacía, sin humor (por momentos tan recargada como solemne), en el que hay celos, edipo y locura y lesbianismo y sexo y muerte y chicas y chicos de cuerpos y rostros de modelos publicitarios.
Por la trama deambulan desde la Elle de Sophie Thatcher (parece una cruza entre Asia Argento y Monica Bellucci), el Private K de Charles Melton (un soldado, estadounidense suelto en Japón al que definen como “la persona más triste del mundo” y va en busca de su hija secuestrada) y el misterioso Leatherman / Hombre de Cuero (“¿un fantasma, un monstruo, un Dios, una criatura del inframundo?”) que abduce a jóvenes mujeres y al que habrá que ir a buscar hasta los confines del mundo (el infierno del título).
En el cine de NWR en general y en este film muy en particular no importan las reglas del cine clásico, ni el verosímil ni una trama que pueda ser definida en un concepto atractivo sino los climas surrealistas, las atmósferas con mucho neon, cada plano que puede resultar deslumbrante pero que en el conjunto termina siendo una acumulación insustancial de imágenes bellas y artificiales.
DIEGO BATTLE. Otros Cines.
En Del Centro.
“Bajo tus pies”

Desde el mismísimo momento en el que Isabel ingresa por primera vez al coqueto departamento bilbaíno, acompañada por sus dos hijos pequeños, resulta claro que el más que accesible precio del alquiler esconde una trampa. Se lo pregunta frontalmente la protagonista a la empleada de la inmobiliaria, pero el piso realmente no tiene goteras ni está infestado de alimañas. Tratándose, como se trata, de una película de terror, esa posible “trampa” es bastante más complicada que un simple ataque de humedad en las paredes.
La nueva película del argentino Cristian Bernard –el director de Ecos de un crimen y corresponsable de 76-89-03–, de producción ciento por ciento española, grafica las coordenadas del fantástico y el horror desde el minuto cinco, cuando la primera noche en el nuevo hogar encuentra a Isabel y los pequeños Ezequiel y Lucía (Sofía Otero, la chiquita de 20.000 especies de abejas) escuchando una metralla de agónicos gritos, que parecen provenir de las rendijas del sistema de calefacción.
Nada nuevo bajo el sol, aunque la efectividad del terror cinematográfico no depende necesariamente de la originalidad. El guion de Bernard y Ana Villar revisita y recicla paranoias y pavores antiguos, con guiños indirectos a El bebé de Rosemary y El resplandor. Allí están esas hermanas ancianas y extrañas que nunca se dejan ver y, dicen, viven en el piso de abajo desde tiempos inmemoriales. Desde ese lugar parecen provenir los quejidos y gritos, aunque en cierto momento las voces comienzan a ser diáfanas, llamando a Lucía en voz baja para llevar a cabo algún fin innominado y seguramente aborrecible. Psicóloga que solo parece atender vía videollamadas, Isabel escucha a sus pacientes y se prueba frente al espejo un viejo sombrero de azafata, agobiada por la vida cotidiana y un tanto irritada por los sobresaltos nocturnos de sus hijos. Que no hacen más que ir en aumento, provocando la necesidad, tanto en unos como en otros, de salir a la aventura y averiguar qué demonios se esconden en ese edificio con demasiada historia.
Maribel Verdú le pone oficio a su rol de madraza en problemas, metida en una historia derivativa cuya tensión dramática es más declamada que generada por medios cinematográficos genuinos. Entre fundidos a negro innecesarios (¿o acaso la película fue pensada como un viejo telefilm con cortes publicitarios?) y una creciente acumulación de situaciones bastante excéntricas –como esa visita al último piso que revela el speakeasy más insospechado–, Bajo tus pies avanza a los tumbos hacia el último acto, donde el origen del mal se revela en toda su particular dimensión, aprovechando el resistente mito urbano del adrenocromo. Es un paseo rutinario por miedos y ansiedades ya explorados en mejores condiciones y, sobre todo, con resultados más aterradores.
DIEGO BRODERSEN. La Nación.
En Del Centro.
Fuentes: La Nación, Otros Cines, Clarín, Página 12.
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