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Todo Show

Seis estrenos súper diversos llegan este jueves a la ciudad

La variedad es notable: “El largo viaje de Alejandro Bordón”, “Una pastelería en Notting Hill”, “Tomando estado”, “Todo en todas partes al mismo tiempo”, “Gemelo siniestro” y “Cadáver exquisito”. Drama, terror, comedia, aventura este jueves con una selección de reviews para elegir que ir a ver al cine.

 

“Todo en todas partes al mismo tiempo”

Bienvenidos (o no) al universo del multiverso, ése que estalla en las películas de Marvel y que, como Todo en todas partes al mismo tiempo es producida por los hermanos Russo (los de las dos últimas Avengers), casi casi que se multiplica exponencialmente.

Para los que recién llegan a esto del multiverso, el mismo significa que hay no uno, sino muchos universos alternativos, porque las opciones parecen ilimitadas, en los que existen otros Yo. Y para aquéllos que tienen déficit de atención, mejor que elijan otra película de la cartelera. Si uno se siente abrumado, o sobrecargado con la experiencia audiovisual, bueno, Todo en todas partes y al mismo tiempo es todo eso y al mismo tiempo a pocos minutos de que empiece la proyección. Por suerte, no son muchos los personajes centrales en la nueva película de los Daniels, como se denomina al dúo de realizadores Daniel Kwan y Daniel Scheinert, que ha desconcertado y fascinado a espectadores allí donde se estrenó esta locura grandilocuente de casi 140 minutos.

Pero suceden tantas cosas en esas dos horas veinte que también pudieron hacer una miniserie (que tendría un final y no podría continuarse), una serie o varias películas. Pero no, pusieron todo en un solo paquete, y lo adornaron con ritmo vertiginoso de edición y efectos sonoros para que el espectador se sienta lo suficientemente bombardeado desde todos los costados del cine.

Tratemos de resumir cómo arranca el filme y de qué va. Michelle Yeoh es una inmigrante que tiene una suerte de Laverap. Evelyn está casada con Raymond (Ke Huy Quan, quien de pequeño estuvo en Indiana Jones y el templo de la perdición, pero no me digan que le ven cara conocida porque no les creo). Y tiene tantos problemas en la parte de atrás de la lavandería, donde vive con su hija Joy (Stephanie Hsu), o con su padre Gong Gong (James Hong, que sí es conocido) como con los impuestos atrasados que debe afrontar.

Y allí van Evelyn y Raymond, que quiere divorciarse, a hablar con la agente de impuestos Deirdre (una Jamie Lee Curtis desalineada, al menos en este universo nuestro de cada día). Pero es allí donde otra versión de Raymond se “mete” en su cuerpo, y es este otro Raymond el que le da indicaciones a Evelyn de cómo comportarse.

Ella no entiende nada, pero le hace caso. O algo así. Lejos está la idea de contar cómo sigue la película, no sólo porque perdería la sorpresa para los futuros espectadores, sino porque sería intrincado e interminable. Los Daniels hacen gala de un estilo visual entre enloquecido y lógico (no ilógico). Porque si en un universo paralelo, en vez de dedos los personajes tienen algo similar a salchichas algo fofas no hay por qué asombrarse. La película cumple con las reglas de la corrección, con personajes de distintas etnias, sexualidades y hasta prejuicios que irán desterrando. Lo que sí aconsejo es ir a ver Todo en todas partes al mismo tiempo descansados, bien predispuestos y con los sentidos abiertos. Open mind, como dicen. Se puede ver en los cuatro complejos de la ciudad.

 

 

“Gemelo siniestro”

 

 

El primer tercio de Gemelo siniestro ofrece un punto de partida más que prometedor. Un matrimonio feliz, un accidente de auto y el horror de ver morir en él a uno de sus hijos gemelos. Buscando la manera de recuperarse de la tragedia, Rachel (Teresa Palmer), Anthony (Steven Cree) y el pequeño Elliot (Tristán Ruggeri) se mudan a una casa en medio de la nada en Finlandia, para alejarse del dolor y empezar una nueva vida.

Pero a poco de llegar, Elliot comienza a hablarle a su madre de su hermano muerto, como si todavía estuviera con él: “Nathan quiere volver”, le repite. Sueños extraños, la aparición de una mujer misteriosa y la sospecha de una situación sobrenatural que podría involucrar al resto de los habitantes del pueblo, así como también al mismísimo Anthony, llevan a Rachel a un estado de desesperación por mantener la cordura.

Conforme avanza la trama, el director y guionista Taneli Mustonen abre más y más puertas, los caminos a seguir se ramifican de tal manera que llega un momento en el que el guion se vuelve tan laberíntico como la casa innecesariamente grande a la que se muda la familia. Que un fantasma, que una secta, que una conspiración demoníaca, las hipótesis se entrecruzan ante los ojos de la protagonista, que termina tan confundida como el espectador. O quizá menos, porque el ojo atento y cinéfilo encontrará en los primeros minutos algunas claves que serán decisivas en el desenlace.

En sus múltiples caminos hacia la pendiente final, Gemelo siniestro recuerda a muchas otras: de Midsommar a El bebé de Rosemary rozando, por qué no, Sexto sentido. Por nombrar solo algunas. Sin embargo, lo virtuoso que podría suponer una mezcla de clásicos se ahoga en su propio mar de acumulación. La fotografía es excelente, la puesta en escena y los escenarios naturales también; el problema es el guion, que avanza lenta y pesadamente, rutinario y sin destellos. Lo peor que le puede pasar a una película de terror cuya estructura está construida en base a una vuelta de tuerca final, es que esta se adivine de entrada. Si sucede, el resto del tiempo será solo seguir adelante apáticamente para comprobar que uno tenía razón. Y el camino puede ser muy largo. En los cuatro complejos.

 

 

“Cadáver exquisito”

 

 

“Cadáver exquisito”, de Lucía Vasallo y con el protagónico de Sofía Gala, corrió riesgo de quedar en la nada, pero hoy puede contar que ese “milagro” cuenta con ventas en Europa y estreno, mañana, en Argentina.

“Honestamente, hicimos milagros. Hay que rescatar el riesgo y el compromiso de Pensilvania, la productora. Yo me presenté al Ópera Prima del Incaa y lo gané. Me puse contenta, pero cuando entendí con cuánta plata tenía que hacer la película, quise devolver el premio porque nos íbamos a comprometer financieramente”, reconoció Vasallo a Télam.

La película nace del riñón más íntimo de la realizadora de los documentales “Línea 137” y “La cárcel del fin del mundo”, con base en la relación con su madre.

Sin embargo, en el guion está muy bien escondido para retratar la mímesis de una mujer (Gala) con respecto a su pareja (Blanca Nieves Villalba), quien se encuentra en estado vegetativo por seguir adelante una investigación científica.

Sofía Gala Castiglione vuelve a sorprender con un nuevo personaje para la pantalla grande. La actriz cambió su look radicalmente para personificar a Clara, en la película Cadáver Exquisito, dirigida por Lucía Vassallo. El film que se encuentra en pleno rodaje, tiene previsto su estreno para el 2020. La película es la ópera prima de ficción dirigida por Lucía Vassallo y producida por la productora argentina Pensilvania Films, en coproducción con España y Brasil y trata sobre la búsqueda de la propia identidad a través del deseo. El guión original fue escrito por Lucía Vasallo y Sebastián Cortés en 2016 y, un año más tarde, obtuvo el apoyo del INCAA. Luego de un año de búsqueda de financiación y diferentes reescrituras es que se finalmente se decidió rodar la película. El elenco lo completan Nieves Villalba, Rafael Spregelburd, Nicolás García, Lola Banfi, Lorena Vega, Analía Couceyro, Agustín Vasquez Corbanán, Santiago Gobernoni. El film cuenta la historia de Clara (Sofía Gala Castiglione), una joven maquilladora de teatro que, un día, encuentra a su novia Blanca (Nieves Villalba) muerta –o al menos eso cree– en la bañera.

Clara, destrozada por la situación, intenta recuperar retazos de su novia por medio de recuerdos. Para eso, y sin que nadie lo sepa, se queda los primeros días en la casa de Blanca, que quedó tal cual como cuando ella la encontró en la bañera.

En un estado de tristeza y abandono, Clara poco a poco comienza a descubrir “una vida paralela” que su pareja llevaba adelante y que ella desconocía. En cuanto se enciende la primera chispa de duda, Clara empieza a obsesionarse con ese pasado de la persona que aún ama. Si bien lo último que quiere en el fondo es descubrir engaños, no puede parar de inmiscuirse en su vida y, al hacerlo, confirma lo que comienza a ser una nueva realidad.

A medida que Clara descubre distintos secretos de Blanca, sin darse cuenta, su vida comienza a girar y cambiar profundamente hasta dejar de ser quien ella es…

Se puede ver en el Hoyts.

 

 

“Una pastelería en Notting Hill”

 

 

La realizadora alemana Eliza Schroeder, se propuso, con su ópera prima, gestar una comedia autorreferencial abriendo varias líneas argumentales y no siempre con resultados óptimos. Una pastelería en Notting Hill comienza, a contramano de lo que veremos a posteriori, con una tragedia: la muerte de Sarah, una mujer estrella de la pastelería que sufre un accidente y deja atrás a una hija adolescente, una madre con la que tenía una relación áspera y una amiga con la que iba a abrir el local gastronómico en el borough de Kensington y Chelsea. Esto conduce a esas tres mujeres de diferentes generaciones a cumplir ese sueño a pesar de los contratiempos. Ese golpe bajo con el que abre el film se siente un tanto artificioso, un mero artilugio para poder mostrar la creación de la pastelería con situaciones salidas de una comedia de enredos. Por tratarse de una película que pretende girar en torno a la ausencia de Sarah y el homenaje que buscan hacerle con la puesta en marcha de ese negocio que era el sueño de su vida, el guion se toma apenas unos minutos para que la conozcamos, e incluso los propios personajes la olvidan tiempo después. En Una pastelería en Notting Hill también hay un intento de emular los largometrajes feel good de Richard Curtis como Realmente amor, aunque aquí las subtramas no cobran vuelo porque esas figuras que ingresan al local para compartir anécdotas tampoco tienen suficiente peso. Con excepción de una acertada mirada cosmopolita de Schroeder sobre el universo de la gastronomía y de la interpretación de Celia Imrie como la madre de Sarah, el film tiene pasajes forzados (como la historia de una prueba de ADN de previsible resolución) y carece de la emotividad que su realizadora pudo haberle imprimido al basar su obra en tópicos que la tocan de cerca. En los Cines del Centro.

 

 

“Tomando estado”

 

Carlos y Nicola, dos amigos de mediana edad, trabajan en la cooperativa eléctrica de un pequeño pueblo del interior. Corre 2001 y la crisis que vive el país comienza a notarse y en ese clima inestable dos sucesos harán replantar a ambos el lugar en el que están parados. La llegada de Victoria, una joven que llega desde Buenos Aires para trabajar como locutora en la radio local, trae para Nicola una nueva forma de entender el amor y las relaciones. Carlos, por su parte, es convocado por un antiguo compañero de militancia política y comenzará a revivir un pasado que creía enterrado junto con los ideales de un país que ya no existe más.

Con estos elementos, en los que se conjugan la visión del cimbronazo por el que pasó una Argentina en llamas y la calidez de esos dos protagonistas, el director Federico Sosa logró relatar una historia aparentemente simple en la que, sin embargo, deja en claro el espejo de una época trágica.

Con una cámara atenta a las idas y venidas de un muy correcto elenco, el realizador supo sacar adelante el devenir de ese trío que, cada cual a su modo, procurará retomar sus sueños. Una muy buena fotografía y una música que va puntuando con calidad cada una de las escenas convierten a este film en un lúcido espejo de pequeñas vidas que nunca saldrán del anonimato. Se puede ver en el Arteón.

 

 

“El largo viaje de Alejandro Bordón”

 

Los datos duros en el centro de El largo viaje de Alejandro Bordón forman parte de la memoria de los casos policiales recientes. En la madrugada del 5 de octubre de 2010, Juan Alberto Núñez, colectivero de la línea 524 con cabecera en Lanús, fue asesinado de varios disparos en una calle de Monte Chingolo. Apenas unos minutos más tarde, Alejandro Eduardo Bordón, operario en el Aeroparque Jorge Newbery, fue detenido por un oficial de la policía subiendo a un colectivo de la misma línea. Horas después, Bordón se transformaba en el único sospechoso, acusado de un crimen pasional una vez desechada la opción del robo. El comienzo de un calvario personal y familiar que terminaría casi dos años más tarde, cuando la defensa logró demostrar que no sólo no existía ni una prueba concreta en su contra, sino que las que sí se presentaron por la demanda habían sido, en el mejor de los casos, distorsionadas. En el peor, pergeñadas para inculparlo. El documentalista Marcelo Goyeneche propone un viaje al infierno de las causas inventadas, a partir de una cruza de documental testimonial y reconstrucción ficcional, aunque lejos del formato televisivo convencional.

En blanco y negro con fondo neutro, Bordón, su esposa Noemí Bravo y el abogado Eduardo Soares recuerdan los pormenores de aquella terrible noche y los aún más dolorosos meses por venir, la condena social y mediática instantánea, los recelos de vecinos y compañeros y el comienzo, desarrollo y fin de la investigación y gestación de la defensa, que terminaría con la libertad del acusado. A esa columna vertebral, Goyeneche le entrelaza fuertemente una serie de segmentos ficcionales, en los cuales el actor Diego Cremonesi encarna a Bordón y Tatiana Saldoval a su pareja, amén de un personaje reinventado por Dante Alighieri: el poeta romano Virgilio, interpretado por Jorge Prado. Es este último quien camina entre el resto de las criaturas, reflexionando e interviniendo indirectamente, mientras una escenografía minimalista hace las veces de calle, celda y tribunal. De fondo, imágenes de las célebres ilustraciones de Gustave Doré para La divina comedia y fragmentos del film mudo The Lodger, de Hitchcock, ilustran y “conversan” con la recitación de pasajes de textos de Gramsci, Mandel y, desde luego, Alighieri.

El largo viaje… intenta emplazar el caso Bordón como un ejemplo preciso de la aplicación del sistema policíaco-judicial creado y afilado en el siglo XIX, cuyos excesos suelen caer invariablemente sobre las clases más bajas de la sociedad. Así, la necesidad de hallar un culpable, a cualquier costo, para sostener la paz social; caiga quien caiga, aunque se trate de un completo inocente. El modelo más cercano del largometraje de Goyeneche parece ser El Rati Horror Show, el film de Enrique Piñeyro y Pablo Tesoriere que, hace más de una década, hizo por el caso de Fernando Carrera –otra infame causa armada– algo similar. Desde luego, el verdadero asesino de Núñez nunca fue descubierto y muchos de los responsables del “armado” de las pruebas contra Bordón no fueron procesados. Nueva demostración de que no siempre el que las hace las paga y que, muchas veces, quien no hace nada termina haciéndolo con creces. En el Arteón.

 

 

Fuente: Clarín, Pablo Scholz, La Nación, Guillermo Courau, Ciudad Magazine, Milagros Amondaray, Página 12, Diego Brodersen.

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