
La legendaria tenista Serena Williams se convirtió en el centro de una intensa polémica tras protagonizar un aviso publicitario durante el Super Bowl LX en el que promocionó un fármaco de la clase GLP-1 para la pérdida de peso de la empresa de telemedicina Ro.
En el comercial, que se emitió ante millones de espectadores, Williams sostuvo que “dicen que el GLP-1 para la pérdida de peso es un atajo. No lo es. Es ciencia”, al tiempo que relató su experiencia con el medicamento, indicando que tras su embarazo logró perder alrededor de 14 kilos y que el tratamiento le ayudó a mejorar su salud.
El uso de medicamentos GLP-1, como Ozempic o Zepbound, originalmente desarrollados para tratar la diabetes tipo 2, se ha expandido en los últimos años por sus efectos en la reducción del apetito y el control del peso, aunque también ha generado un debate ético y médico sobre su promoción masiva y el riesgo de ser vistos como una solución fácil para adelgazar.
La aparición de Williams en el aviso no pasó desapercibida en redes sociales, donde numerosos usuarios cuestionaron la idoneidad de que una figura global del deporte, vista por niños y adolescentes durante un evento familiar como el Super Bowl, promocione tratamientos farmacológicos para adelgazar.
Algunas de las críticas más duras señalaron que “es la deportista más decepcionante de todos los tiempos”, y describieron el anuncio como “repugnante”, subrayando la posición económica privilegiada de la extenista y cuestionando que se use su influencia para normalizar el consumo de estos medicamentos.
El debate también ha puesto en la mira un posible conflicto de interés, dado que el esposo de Williams, Alexis Ohanian, es inversor y forma parte del directorio de la empresa promotora del fármaco, lo que intensificó las discusiones sobre la ética de la publicidad de medicamentos en eventos de alto impacto mediático.
La controversia refleja una creciente discusión global sobre el papel de las celebridades en la promoción de tratamientos médicos y la responsabilidad que ello conlleva en un contexto donde los GLP-1 son cada vez más populares y observados por expertos en salud pública.
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