
Todo pasa, todo queda. Joan Manuel Serrat se despidió de Rosario ante una multitud reunida en el autódromo Municipal. Dejando la nostalgia de lado y con un show muy emotivo, el catalán repasó buena parte de su trayectoria.
En lo que fue el primero de los siete recitales locales de “El vicio de cantar 1965-2022”, la masiva convocatoria generó un caos de tránsito en la ciudad con atascos de más de tres kilómetros en la Avenida Jorge Newery. Sin embargo, nada opacó la magnífica noche.

“Bienvenidos todos todas y todes, les voy a rogar que dentro de lo posible aparten todos los atisbos y tentaciones de melancolías y nostalgias que puedan amenazarnos. Piensen que de ahora en adelante todo lo que pase es futuro, y no nos lo vamos a perder”, dijo Serrat a modo de bienvenida y después de entonar “Dale que dale” con la que abrió la velada a las 21.30.
El artista, de 78 años, agradeció al público por acompañarlo “esta noche como lo han hecho a lo largo de toda mi vida”, en otro tramo de un encuentro cargado de emotividad.
La relación entre Serrat y Rosario fue, es y será total. La misma quedó plasmada en la tarde del viernes cuando el músico y compositor participó de la inauguración de un paseo que lleva su nombre y el de su amigo argentino, el fallecido escritor y dibujante Roberto “Negro” Fontanarrosa, ubicado en la esquina del mítico bar El Cairo en el centro de la ciudad.

“Ha sido un gusto pisar una vez más Rosario y poder gozar de su afecto, un afecto del que pienso seguir gozando”, deslizó en otro tramo de la fiesta.
La presentación en el Autódromo, que fue abierta por el armoniquista y compositor local Franco Luciani, incluyó por parte de Serrat una versión de su clásico “Penélope” tras el que comentó que si de él dependiera “estaría cantando hasta el amanecer”, aunque aclaró entre risas: “Probablemente haga un papelón en algún momento”
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