El tablero político de Sudamérica sumó un nuevo foco de conflicto este lunes. El presidente de Colombia, Gustavo Petro, convocó formalmente a una marcha nacional para el próximo miércoles a las 16:00. El objetivo de la movilización es rechazar las recientes declaraciones de Donald Trump, quien tras la captura de Maduro en Caracas puso la lupa sobre Bogotá y deslizó la posibilidad de una intervención militar en territorio colombiano.
“¡Colombia libre!”, escribió el mandatario en sus redes sociales, invitando a los ciudadanos a manifestarse en todas las plazas públicas del país. Petro confirmó que hablará personalmente ante la multitud en la Plaza de Bolívar, en Bogotá, y pidió a los colombianos que icen la bandera nacional en sus casas como símbolo de resistencia y defensa de la independencia.
La relación entre ambos países entró en una zona crítica luego de que Trump tildara a Colombia de “país enfermo” y cuestionara la gestión de la lucha contra el narcotráfico. En las últimas horas, Petro rechazó de plano las acusaciones que intentan vincularlo con el tráfico de drogas y aseguró que no permitirá que se vulnere la soberanía de su nación bajo pretextos intervencionistas.
Desde el Palacio de Nariño sostienen que el gobierno cuenta con el respaldo total de las Fuerzas Armadas y que la movilización del miércoles servirá para demostrarle al mundo que el pueblo colombiano no aceptará presiones externas.
El temor a una acción militar estadounidense creció exponencialmente tras el operativo comando que terminó con la detención de Nicolás Maduro el pasado sábado. Para Petro, lo ocurrido en Venezuela es un antecedente peligroso que rompe con el derecho internacional, por lo que busca blindar su gestión mediante el apoyo popular en las calles.
Mientras tanto, en Washington, el discurso de la administración republicana sigue siendo de máxima dureza contra los gobiernos que consideran aliados del eje chavista o ineficientes en la seguridad regional. La marcha del miércoles será un termómetro clave para ver cuánta fuerza real tiene Petro frente a una Casa Blanca que parece decidida a rediseñar el mapa político de América Latina en este arranque de 2026.

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