
Mientras avanza la investigación por el ataque armado en una escuela de San Cristóbal, Santa Fe, donde un adolescente de 15 años asesinó a un alumno de 13 años e hirió a otros dos, se conocieron los estremecedores posteos en redes sociales que el agresor había publicado en las horas previas al hecho.
El joven, identificado como Gino Corradini, ingresó al establecimiento con una escopeta calibre 12, que habría sustraído a su abuelo, y disparó en el patio al grito de “¡sorpresa!”. La víctima fatal fue Ian Cabrera, de 13 años. El hecho ocurrió el 30 de marzo por la mañana en la Escuela Normal Superior N°40 y es investigado como homicidio calificado por abuso de arma de fuego.
En ese contexto, las publicaciones del atacante comenzaron a ser analizadas por los investigadores, ya que reflejan un patrón de violencia, angustia y fascinación por masacres escolares.
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En su cuenta de TikTok, el adolescente compartía contenido propio y reposts vinculados a asesinos seriales, tiradores escolares y suicidio. Incluso, formaba parte de una comunidad online que glorifica este tipo de hechos, donde usuarios de distintos países difunden y celebran crímenes reales.
Entre sus publicaciones más recientes, aparecen frases alarmantes como: “Creo que sólo encontrarás paz en la muerte” y “¿No es decepcionante la vida?”, acompañadas por imágenes del escritor japonés Yukio Mishima, quien se suicidó en 1970.
También había compartido un video en el que se ve a un actor apagando un cigarrillo sobre su propio brazo, en línea con su historial de autolesiones, por el cual estaba bajo tratamiento psicológico.

El análisis de sus redes reveló que el joven consumía y difundía contenido sobre autores de masacres en distintas partes del mundo. Entre ellos, mencionaba a Vladislav Roslyakov, responsable de un ataque en Crimea con 20 muertos; Elliot Rodger, autor de un tiroteo en California; y a Eric Harris y Dylan Klebold, responsables de la masacre de Columbine.
El patrón era repetitivo: videos, frases y mensajes vinculados a la muerte, la infelicidad y el deseo de quitarse la vida, muchos de ellos compartidos incluso horas antes del ataque.
Uno de los últimos contenidos que publicó fue un compilado de personajes de películas pidiendo perdón a sus madres antes de cometer actos violentos, lo que ahora es interpretado como una señal previa al ataque.

Tras el hecho, el caso tomó una dimensión aún más preocupante: integrantes de esa comunidad digital comenzaron a llamar “héroe” al atacante, reforzando el fenómeno de glorificación de la violencia en internet. Este aspecto es seguido de cerca por los investigadores, que buscan determinar el impacto de estos entornos virtuales en la conducta del agresor.
La causa quedó a cargo de la Fiscalía de San Cristóbal, mientras que la Policía de Investigaciones (PDI) realizó peritajes en la escuela. En el lugar se secuestraron vainas servidas, cartuchos, perdigones y la escopeta utilizada.

Además, los estudios realizados al adolescente dieron positivo en pruebas de rastros de disparo en ambas manos, lo que lo ubica directamente como autor material del ataque. En paralelo, se intenta determinar quién le proporcionó las municiones, ya que su abuelo aseguró: “Me la robó y no sé cuándo fue; apenas supe lo denuncié”, y aclaró que el arma no tenía balas.
La muerte de Ian Cabrera generó una profunda conmoción en San Cristóbal. El adolescente, que soñaba con ser futbolista, fue despedido en una caravana fúnebre que recorrió la ciudad hasta el cementerio local. La tragedia dejó una marca en la comunidad educativa, donde docentes y vecinos coinciden en que llevará tiempo recuperar la normalidad tras un hecho que, hasta ahora, parecía ajeno a este tipo de localidades.
Mientras tanto, el agresor permanece en un centro especializado bajo seguimiento interdisciplinario, donde se evaluará si presenta alguna patología psiquiátrica.
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