
La noticia conmocionó a la pequeña localidad de Progreso, en el departamento Las Colonias. Lautaro Gorosito, quien recorría Sudamérica desde hacía cinco años, había encontrado su lugar en el mundo en Orito, una población colombiana en el departamento de Putumayo. Allí se vinculó estrechamente con la comunidad Yagé Oso Cofán, liderada por el Taita Óscar Giovanny Queta, un reconocido chamán de la etnia Cofán dedicado a la medicina tradicional del yagé (ayahuasca).
De acuerdo al testimonio de su hermana Danila, el trágico episodio ocurrió durante una excursión a una cascada. Lautaro, junto a su novia y un grupo de amigos, habría ingerido una semilla de un fruto exótico de la selva amazónica. El efecto fue fulminante: tanto el joven santafesino como un hombre de nacionalidad colombiana que lo acompañaba fallecieron en el acto producto de la intoxicación.
Lautaro no era un turista de paso; estaba profundamente integrado a la vida espiritual de la región. Tras conocerse el deceso, la familia Yagé Oso Cofán publicó una sentida despedida en sus redes sociales, destacando la “huella sagrada” que dejó en quienes compartieron cantos y ceremonias con él. “Tu luz vivirá en cada recuerdo. Hoy no es un adiós, es un hasta siempre en el corazón”, escribieron desde el campamento chamánico.
El consumo de plantas medicinales como la ayahuasca es una práctica ancestral en esa zona fronteriza, aunque en este caso la muerte no se habría producido durante un ritual, sino por la ingesta accidental de una planta silvestre desconocida durante un paseo.
La familia del joven enfrenta ahora el duro proceso de traer sus restos de regreso a Santa Fe. Según trascendió, el cuerpo de Lautaro permanece en una bóveda en la localidad de Orito, a la espera de que la Fiscalía de Colombia finalice las pericias de la autopsia. Una vez que se obtenga la autorización judicial, el plan de la familia es proceder con la cremación para facilitar el traslado de sus cenizas a la Argentina.
Comentarios