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Tragedia en Estados Unidos: un nene de 11 años mató a su padre de un disparo porque le sacó la Nintendo

El pequeño Clayton confesó el crimen tras una discusión por los videojuegos el día de su cumpleaños; le robó el arma de la caja fuerte mientras el hombre dormía junto a su madre y ahora será juzgado como un adulto.

Lo que empezó como un festejo terminó en un drama familiar que conmueve a Pensilvania. Douglas Dietz, de 42 años, celebró el lunes pasado el cumpleaños número 11 de su hijo adoptivo, Clayton. Sin embargo, la jornada terminó con una fuerte discusión: el padre decidió confiscarle la consola Nintendo por su mal comportamiento y mandó al nene a dormir. Nadie imaginó que esa decisión desencadenaría una masacre apenas unas horas después.

Durante la madrugada del martes, cerca de las 3:20, la esposa de Douglas se despertó sobresaltada por un estruendo y un olor similar a fuegos artificiales. Al encender la luz, descubrió a su marido ensangrentado en la cama. En ese instante, el niño entró a la habitación y soltó una confesión escalofriante: “Maté a papá”.

Según la investigación policial, Clayton buscó la llave de la caja fuerte en el cajón de su padre con la intención de recuperar su consola. Al no encontrarla, tomó una pistola, la cargó y caminó hasta el dormitorio de sus padres para ejecutar el ataque mientras ellos dormían. “Tenía en mente a quién quería disparar”, admitieron fuentes judiciales sobre la declaración del menor.

A pesar de su corta edad, la legislación de Pensilvania es implacable. Debido a una ley que data de años anteriores a la “Ley 33”, los menores de 10 años acusados de asesinato son enviados directamente a tribunales de adultos. Clayton se encuentra actualmente detenido sin fianza en la prisión del condado de Perry y tendrá su primera audiencia este jueves 22 de enero.

“Maté a mi papá, me odio a mí mismo”, habría dicho el pequeño durante el interrogatorio, aunque también reconoció que en el momento de apretar el gatillo “no estaba pensando en nada”. La comunidad local permanece en shock ante un caso que reabre el debate sobre el acceso a las armas y la salud mental infantil en Norteamérica.

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