
Lo que empezó como una promesa entre amigos terminó convirtiéndose en un proyecto de vida. Tras más de 30 años de amistad, un grupo de mejores amigos decidió crear una pequeña aldea para envejecer juntos y compartir la jubilación cerca unos de otros.
La iniciativa surgió durante reuniones y vacaciones en las que siempre aparecía la misma idea: cuando fueran mayores querían seguir juntos, pero sin perder independencia. Con ese objetivo, compraron un terreno y construyeron pequeñas casas individuales alrededor de un espacio común para reunirse, cocinar, celebrar y pasar tiempo en comunidad.
El complejo está formado por viviendas pequeñas, de aproximadamente 30 metros cuadrados cada una, diseñadas para ser sustentables y de bajo costo. Muchas de las casas cuentan con sistemas de recolección de agua de lluvia, eficiencia energética y materiales simples para reducir el impacto ambiental y los gastos de mantenimiento.

Además de las viviendas, el lugar tiene un edificio común donde comparten comidas, reuniones y actividades. La idea principal era encontrar un equilibrio entre la privacidad y la vida comunitaria, para acompañarse en la vejez sin perder la independencia.
El proyecto forma parte de una tendencia llamada cohousing, un modelo de vivienda colaborativa que busca combatir la soledad en la vejez y generar redes de apoyo entre personas que eligen vivir en comunidad. Especialistas consideran que este tipo de iniciativas podrían ser cada vez más comunes en el futuro, debido al envejecimiento de la población y a los cambios en las estructuras familiares.
Así, lo que para muchos es solo una frase —“cuando seamos viejos vamos a vivir todos juntos”— para este grupo de amigos se convirtió en una realidad: una pequeña aldea donde la amistad es el centro de la vida cotidiana
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