
El planeta Urano fue descubierto hace 240 años, el 13 de marzo de 1781, por el astrónomo William Herschel, en un hallazgo que transformó la astronomía moderna y amplió el conocimiento que la humanidad tenía del Sistema Solar.
Hasta ese momento, desde la antigüedad solo se conocían seis planetas: Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter y Saturno. El descubrimiento de Urano fue el primero realizado en la era moderna gracias al uso de un telescopio.
Herschel observó un punto de luz mientras estudiaba el cielo con un telescopio construido por él mismo. En un principio creyó que se trataba de un cometa, pero después de analizar su movimiento y su órbita, los científicos concluyeron que se trataba de un planeta que giraba alrededor del Sol más allá de Saturno.
El astrónomo propuso inicialmente llamarlo “Georgium Sidus” o “estrella de Jorge”, en honor al rey británico Jorge III. Sin embargo, otros científicos sugirieron mantener la tradición de utilizar nombres mitológicos y finalmente se adoptó el nombre Urano, inspirado en el dios griego del cielo Urano.
El descubrimiento tuvo un enorme impacto científico, ya que demostró que el Sistema Solar era mucho más grande de lo que se creía. De hecho, las irregularidades en la órbita de Urano terminarían llevando décadas después al descubrimiento de otro planeta: Neptuno en 1846.
Hoy se sabe que Urano es un gigante helado compuesto principalmente por hidrógeno, helio y metano, y que tarda 84 años terrestres en completar una vuelta alrededor del Sol. Además, posee un sistema de anillos y decenas de lunas.
Más de dos siglos después de aquel descubrimiento, Urano sigue siendo uno de los planetas menos explorados: la única nave que lo visitó fue la sonda Voyager 2 de la NASA, que lo sobrevoló en 1986 y envió las primeras imágenes cercanas de este distante mundo.
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