
El papa León XIV volverá a residir en el Palacio Apostólico del Vaticano en las próximas semanas, una vez concluidas las obras de refacción iniciadas tras su elección. Sin embargo, el regreso no será al tradicional departamento pontificio del “piano nobile”, sino a un entrepiso o ático sencillo, ubicado entre la tercera Loggia y el techo del palacio. La decisión, revelada por el diario italiano La Repubblica, marca un gesto de continuidad con la austeridad de su antecesor, pero también imprime un sello personal al inicio de su pontificado.
El cambio se produce en Roma, dentro del principal edificio institucional del Vaticano, y responde a una elección directa de Robert Prevost, primer papa estadounidense de la historia, quien optó por un espacio más sobrio, discreto y funcional. El traslado pondrá fin a una tradición interrumpida durante 12 años y 39 días, período en el que el papa Francisco decidió no habitar el Palacio Apostólico y permanecer en la residencia de Santa Marta.
Un ático simple, reservado y con gimnasio
Según la información difundida, León XIV residirá en una mansarda ya existente, adaptada de manera sencilla. Se trata de un piso autónomo, poco visible desde el exterior, con ventanas pequeñas ubicadas por encima de las clásicas aberturas desde donde el Papa se asoma para el Ángelus dominical. El objetivo central fue priorizar la privacidad y la seguridad, evitando la exposición simbólica que históricamente tuvo la habitación papal con vista a la Plaza de San Pedro.
El nuevo espacio contará con un gimnasio amplio, orientado hacia el interior del Palazzo, con vista a la torre donde funcionan las oficinas del Instituto para las Obras de Religión (IOR). La habitación personal del Pontífice también estará ubicada hacia ese sector interno, sin vista directa al exterior. De este modo, desaparecerá una postal clásica del Vaticano: la luz encendiéndose o apagándose en la habitación papal, imagen que quedó grabada en la memoria colectiva durante la agonía de san Juan Pablo II.
De acuerdo a La Repubblica, todo el entrepiso fue pintado de blanco, no por razones simbólicas vinculadas al hábito papal, sino como una elección de simplicidad. La decoración y el mobiliario fueron definidos como esenciales, en línea con un estilo funcional y sin ornamentos.
La habitación del Papa no tiene baño en suite, se accede al mismo desde un pasillo, y la cocina también es básica. Además, el espacio incluye dos habitaciones para sus secretarios privados, el peruano Edgar Iván Rimaycuna y el italiano Marco Billeri, y una pequeña capilla, notablemente más reducida que la ubicada en la Terza Loggia.

“El Papa se quedará en una esfera menos expuesta y menos solemne”, señaló el diario italiano, que destacó que, aunque el histórico departamento pontificio nunca fue opulento, las nuevas dependencias elegidas por León XIV son “seguramente sobrias”.
A diferencia de Francisco, León XIV es considerado un Papa deportista. Desde su elección, instauró la costumbre de dedicar los martes a la actividad física y al descanso, ya sea jugando al tenis o nadando en la residencia de Castel Gandolfo, a las afueras de Roma. Esa impronta también se refleja en la decisión de incluir un gimnasio dentro de su residencia habitual.
En la azotea del Palacio, el Pontífice también podrá rezar en la terraza donde Juan Pablo II había instalado una reproducción de la Gruta de Lourdes y donde, en otros tiempos, existió una pileta. Incluso la iluminación refuerza el contraste: si en los accesos inferiores se mantiene una araña imponente, en el ático se optó por luces LED modernas y de perfil informal.
Obras, seguridad y continuidad con Francisco
Desde su elección, el 8 de mayo, León XIV continuó viviendo en su antiguo departamento del edificio del ex Santo Oficio, donde residía como cardenal y prefecto del Dicasterio para los Obispos. No obstante, dejó en claro desde un primer momento su intención de volver al Palacio Apostólico, lo que obligó a realizar obras de refacción profundas.
El edificio presentaba filtraciones, humedad y sistemas eléctricos e hidráulicos obsoletos, problemas arrastrados desde los pontificados de Benedicto XVI y Francisco. La restauración demandó tiempo tanto por la limitada cantidad de obreros del Vaticano como por la presunta incorporación de medidas de seguridad informática para proteger el nuevo espacio.
La decisión de no ocupar el “piano nobile”, confirmada por fuentes vaticanas, es leída como una señal de continuidad con el legado austero de Francisco, quien rechazaba los rituales de corte y los símbolos de poder excesivo. Durante las reuniones previas al cónclave, varios cardenales habían sugerido que el nuevo Papa regresara al Palacio Apostólico por razones de tradición y seguridad. León XIV aceptó el regreso, pero a su manera: con discreción, pragmatismo y un estilo propio que empieza a delinear el perfil de su pontificado.
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