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Policiales

Un sicariato encargado desde la cárcel podría ser clave para llegar al homicida del policía en el Hospital Provincial

guardia custodiada hospital provincial
El crimen del policía en el Provincial conmocionó a Rosario. Foto: Farid Dumat Kelzi

El crimen del policía Leoncio Bermúdez el pasado 14 de noviembre en la puerta del Hospital Provincial paralizó la atención del nosocomio durante varios días, pero además conmocionó a toda la ciudad. El hecho se dio cuando el agente intervino en la fuga de sicarios que habían entrado a la Sala de Guardia a los tiros cerca de las nueve de la noche para llevarse a Gabriel Lencina, un preso de la cárcel de Piñero que estaba internado en ese lugar. Al no poder cumplir con su cometido porque el recluso estaba esposado a la camilla, escaparon. Y en la huida le dispararon en la cabeza a su víctima, que estaba en el Destacamento móvil sobre calle Zeballos cuando escuchó los primeros tiros. La investigación por el crimen está a cargo de Gisela Paolicelli y todavía no tiene detenidos. Sin embargo, este martes una imputación por otro homicidio parece haber abierto una puerta para esclarecer el caso.

El dato que podría vincular ambos hechos surge de una audiencia que se hizo hoy por la mañana en el Centro de Justicia Penal, por otro crimen que se dio dos días antes que el del policía: el 12 de noviembre, un sicario había matado a Lorena Vega, de 48 años, en Rosario, en el barrio Stella Maris. Los disparos esa tarde habían llegado desde la vereda y dieron en la humanidad de de la mujer en el propio living de su casa, en Juan B. Justo al 8000. Junto con el sicario, había llegado un chico que unas horas más tarde iba a estar colaborando con la acción que terminó con la vida del policía Leoncio Bermúdez. Así quedó registrado en cámaras de seguridad del Provincial.

Volviendo a lo que sucedió este martes en el CJP, la fiscal Gisela Paolicelli -que tiene ambos casos- imputó al presunto autor del hecho del domingo 12 de noviembre, en el que murió la madre de quien habían ido a buscar los asesinos. El imputado hoy fue Luis Fernando Lastra, a quien se acusó de homicidio calificado como autor de un hecho por el que le habían prometido 200 mil pesos, pero que terminó cobrando menos por no encontrar a la víctima original. Y quien había dado la orden, según determinó la justicia, es un preso de la cárcel de Piñero.

balacera
La barbería del hijo de Lorena ya había sido baleada. El domingo en que mataron a su madre, lo buscaban a él. (Farid Dumat Kelzi)

Al ser la víctima una mujer acribillada dentro de su propia casa, aquel homicidio en Stella Maris tuvo fuerte impacto, reforzado porque pocos días antes se hubieran producido otros dos crímenes a pocos metros de esa misma cuadra de Juan B. Justo al 8.000. Inclusive, había llegado a cerrar el Centro de Salud del barrio por temor a las balaceras que se venían repitiendo. Por esas horas, una de las hipótesis que circulaba fuerte adjudicaba las ejecuciones en esa barriada de la zona noroeste de Rosario a una banda denominada “Los Menores del 7”, integrada en su mayoría por sicarios de menos de 18 años.

Menores de edad en los dos homicidios

En línea con lo dicho en el párrafo anterior, llama la atención el dato que se conoció este martes durante la imputación de Paolicelli, que se suma a uno que había salido a la luz hace pocos días: en el crimen de Lorena Vega apareció involucrado un chico de 14 años que fue junto al autor material a buscar el arma y después al lugar donde se disparó a la mujer. Se trata del mismo menor de edad que apareció dos días después en las cámaras de seguridad del Hospital Provincial cuando mataron a Leoncio Bermúdez. El adolescente en cuestión, esa vez terminó haciendo de campana en la puerta, tal como él mismo confesó la semana pasada ante un Tribunal de Menores, después de verse cercado porque le habían allanado la casa. Ante la justicia, se presentó junto a otro cómplice de 15 años, ninguno de los dos punibles.

Aquel 12 de noviembre, según detalló hoy Paolicelli en audiencia, Luis Fernando Lastra llegó a Juan B. Justo al 8000, tocó el timbre y preguntó por un nombre. Quien atendió dentro de esa casa, que tenía una barbería móvil en la puerta, fue la madre del joven al que buscaban. E inmediatamente, el sicario disparó. La mujer murió en ese mismo lugar, dentro de su domicilio. Por esa muerte, el imputado cobró a un preso en Piñero que hizo el encargo.

Con esta teoría del caso, la fiscalía le atribuyó a Lastra los delitos de homicidio calificado por precio o promesa remuneratoria, por el concurso premeditado de dos o más personas, agravado por el uso de arma de fuego y por la participación de un menor de edad, en grado consumado, más la portación ilegítima de arma de fuego de guerra en carácter de autor, en grado consumado, ambos en concurso real. Conocida la evidencia, la jueza Castelli aceptó el pedido de prisión preventiva por plazo de ley para el acusado.

El hecho, reconstruyó Paolicelli, se dio el domingo 12 de noviembre un rato después de las seis de la tarde. Lasta y el chico de 14 años que lo acompañaba imputado junto al menor que tiene las iniciales B.V. llegaron hasta la casa de Lorena Vega y preguntaron por el hijo de la mujer, que había sido dueño de la barbería móvil montada sobre un carrito de comidas que estaba estacionada en la vereda. Ese carro mostraba orificios de bala, de un ataque anterior.

Desde la vereda, cuando Vega responde que su hijo no estaba, comienzan a dispararle en el abdomen. Y la mujer muere allí mismo en el piso de su casa. Alguien la llevó en un vehículo particular al HECA, pero ya llegó fallecida. Según Paolicelli, al homicida le pagaron $90.000 por el crimen, encargado por un preso desde la cárcel de Piñero.

El pedido había llegado un día antes. Se habían enviado imágenes por Whatsapp del joven al que tenían que matar, con su nombre completo y la ubicación de Google Maps adonde debían buscarlo, en Juan B Justo al 8000. Inclusive los sicarios habían recibido una foto de la puerta de la casa de su víctima. Por el hecho se ofrecían $200.000 si se lograba concretar el homicidio. Ese mismo sábado 11, Lastra y dos menores de edad fueron a buscar el arma, pero no pudieron ejecutar el hecho porque faltaba el cargador. Así fue que volvieron el domingo a la tarde en una moto Twister blanca. No encontraron a quien buscaban, pero en cambio asesinaron a la mamá.

Esos dos chicos de 14 y 15 años que habían ido el sábado a buscar una pistola para concretar el crimen sicario en barrio Stella Maris, aparecerían tres días después en la puerta del Provincial, colaborando con el grupo que entró con violencia a la Guardia para llevarse a un preso que estaba internado ese día en el Hospital. El recluso había llegado el día anterior desde Piñero, por una tuberculosis. Y así, aún sin tener detenidos por el crimen del policía Leoncio Bermúdez, el círculo sobre sus posibles autores se va cerrando.

Juan B. Justo al 8000. Desde la vereda mataron a Lorena Vega que estaba dentro de su casa, el 12 de noviembre.

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