
En el marco del 8 de enero, fecha en la que miles de fieles en todo el país conmemoran al Gauchito Gil, la antropóloga Alejandra Belinky conversó con el equipo de Ya Pasó y aportó una mirada académica sobre uno de los fenómenos de religiosidad popular más extendidos de la Argentina.
Belinky explicó que la devoción al Gauchito Gil tiene su origen a fines del siglo XIX, principalmente en la provincia de Corrientes, y que atravesó todo el siglo XX como una práctica regional hasta expandirse con fuerza a partir de la década del 2000. Según señaló, este crecimiento estuvo ligado a los procesos migratorios internos y a la difusión de la figura en grandes centros urbanos.
Desde la antropología de la religión, la especialista remarcó que, más allá de los debates sobre los registros históricos, lo central es la narrativa que rodea la vida y la muerte de Antonio Mamerto Gil, una figura que sí habría existido, aunque en una época con escasa documentación oficial. “Lo importante no es comprobar cada dato histórico, sino entender la leyenda y lo que simboliza hoy”, sostuvo.
La historia del Gauchito Gil lo presenta como un gaucho generoso, ligado a la vida nómade, que repartía alimentos entre los más pobres y que se negó a participar en la Guerra de la Triple Alianza, a la que consideraba “una guerra entre hermanos”. Esa negativa, sumada a conflictos personales y políticos, habría derivado en su persecución y posterior muerte violenta el 6 de enero, tras ser capturado luego de participar de la festividad de San Baltasar.
Belinky destacó que la muerte trágica es un rasgo común en los santos populares y explicó que, según la leyenda, antes de ser ejecutado Gil prometió interceder ante Dios por el hijo enfermo de su verdugo. El posterior milagro habría dado origen al culto, primero alrededor de una cruz de madera y luego en el santuario de Mercedes, Corrientes.
La antropóloga también se refirió a los símbolos característicos de la devoción, como la cruz, el color rojo, las ofrendas de alcohol, tabaco y objetos personales, y los vinculó con tradiciones guaraníes y con prácticas ancestrales del culto a los muertos. “El Gauchito Gil es una figura mediadora, alguien a quien se le pide intercesión, con rasgos similares a los santos católicos, aunque no esté reconocido por la Iglesia”, explicó.
Finalmente, Belinky subrayó que el Gauchito Gil representa valores culturales vigentes: la justicia, la solidaridad, la resistencia al poder y la empatía con los más humildes. “Por eso sigue siendo una devoción tan fuerte y tan presente en distintos puntos del país”, concluyó.
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