
El fenómeno climático afecta principalmente al norte del archipiélago, con impactos críticos en las prefecturas de Niigata, Fukui, Tottori, Yamagata, Aomori y, especialmente, Hokkaido, donde las autoridades reportaron los mayores niveles de acumulación de nieve y múltiples situaciones de emergencia.
La mayoría de las víctimas fatales se registraron como consecuencia de accidentes durante la remoción de nieve en techos, derrumbes de estructuras debilitadas por el peso del hielo y siniestros viales en rutas congeladas. En paralelo, cientos de personas debieron recibir asistencia médica por casos de hipotermia, caídas y lesiones provocadas por superficies resbaladizas.
Imágenes de ciudades cubiertas por varios metros de nieve y vehículos completamente sepultados reflejan la magnitud del temporal, que provocó la paralización del transporte público, interrupciones en el suministro eléctrico en algunas localidades y evacuaciones preventivas en zonas de riesgo.
Las autoridades locales mantienen activas las alertas meteorológicas ante la posibilidad de nuevas precipitaciones, mientras equipos de rescate trabajan contrarreloj para despejar rutas, restablecer servicios esenciales y asistir a comunidades que permanecen aisladas.
El invierno japonés, históricamente riguroso en el norte del país, volvió así a mostrar su faceta más extrema, dejando un saldo humano doloroso y una infraestructura exigida al límite.
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