
Desde la llegada al poder de Yamandú Orsi el 1 de marzo del año pasado, Uruguay comenzó a mostrar un cambio marcado en su política exterior, con un distanciamiento de Estados Unidos y un acercamiento creciente a China. El giro ocurre en un contexto internacional en el que la administración de Donald Trump busca reforzar su influencia en América Latina y contener el avance político y económico de China en la región.
El presidente uruguayo, perteneciente al Frente Amplio, adoptó una estrategia diplomática diferente a la de su antecesor, Luis Lacalle Pou, que había consolidado vínculos estrechos con Washington.
El cambio quedó en evidencia cuando Orsi viajó a Beijing y firmó con el presidente chino Xi Jinping una asociación estratégica integral, además de varios acuerdos bilaterales para profundizar la cooperación comercial, política y académica entre ambos países.
La delegación uruguaya estuvo integrada por 150 personas, entre funcionarios, empresarios y sindicalistas, con el objetivo de fortalecer el intercambio bilateral. Durante la visita, el mandatario también mantuvo reuniones con el primer ministro Li Qiang y con el presidente de la Asamblea Popular Nacional, Zhao Leji, además de recorrer universidades y centros de investigación en Beijing y Shanghái.
El acercamiento generó preocupación en Washington y en Taiwán, que observan con inquietud el avance de la influencia china en América Latina.
El distanciamiento con Estados Unidos
Para el ex embajador de Uruguay ante la Organización de los Estados Americanos, Washington Abdala, el giro diplomático tiene más riesgos que beneficios para el país.
“El problema no es la visita a China, el tema criticable es no entender la dimensión de la política exterior norteamericana y no saber jugar con ellos”, afirmó el diplomático.
Abdala fue aún más contundente al describir el nuevo escenario político internacional. “El mundo es blanco o negro y vos te tenés que parar de un lado o del otro, como lo hacen Argentina o Paraguay. Uruguay no forma parte del club de amigos de Trump”, sostuvo.

Según el ex embajador, el cambio de estrategia provocó la pérdida de capital diplomático y económico acumulado durante el gobierno de Lacalle Pou, además de afectar avances en acuerdos comerciales y negociaciones migratorias.
Otra señal del cambio de orientación diplomática ocurrió a principios de año, cuando Estados Unidos llevó adelante una operación militar para capturar al presidente venezolano Nicolás Maduro, acusado por Washington de liderar el Cartel de los Soles y responsable de violaciones a los derechos humanos.
Tras el operativo, el gobierno uruguayo expresó preocupación por la intervención militar. “Rechazo a la intervención militar y búsqueda permanente de una salida pacífica a la crisis venezolana. El fin no puede justificar los medios”, declaró Orsi.
El mandatario también mantuvo conversaciones con el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y firmó un comunicado conjunto con Brasil, Colombia, Chile y México criticando la operación estadounidense.
Uruguay fuera de algunos foros impulsados por Washington
Las diferencias diplomáticas comenzaron a tener consecuencias concretas. Uruguay no fue invitado a la reciente Junta de Paz impulsada por Trump para buscar una salida al conflicto en Gaza y tampoco participó en la Cumbre Escudo de las Américas, realizada en Florida, donde se firmó un acuerdo regional contra el crimen organizado y la influencia china en la región.
Además, Estados Unidos suspendió el régimen migratorio favorable para ciudadanos uruguayos, que facilitaba su tránsito y permanencia en territorio norteamericano. Para Abdala, estas señales reflejan que Uruguay perdió protagonismo en la agenda de Washington.
“Uruguay no está en ningún portafolio relevante de Estados Unidos. Ya no estamos ni siquiera en el radar”, advirtió.
El ex diplomático también alertó sobre posibles consecuencias económicas del distanciamiento con Estados Unidos, especialmente en materia de inversión extranjera. “La única palanca del desarrollo es la inversión. Si Uruguay no mantiene niveles superiores al 2% del PBI, va a tener dificultades”, explicó.

Aunque reconoció que China representa una fuente importante de inversión en infraestructura, Abdala sostuvo que el país debería mantener una estrategia más pragmática con Washington.
“No se trata de aplaudir a Estados Unidos ni de ser cipayo. Se trata de ser inteligente”, señaló.
El diplomático también cuestionó que Orsi haya viajado primero a China y no a Estados Unidos, algo que, según su análisis, refleja una falta de comprensión de la dinámica política norteamericana. “Debió haber tenido la visión de haber viajado a Estados Unidos antes que a China”, remarcó.
Un escenario internacional cada vez más complejo
Mientras tanto, Uruguay también se pronunció recientemente sobre la escalada militar en Irán, tras los ataques de Estados Unidos e Israel y la respuesta militar iraní.
En un comunicado, la Cancillería uruguaya expresó “extrema preocupación” por el conflicto y pidió respeto por el Derecho Internacional y la Carta de las Naciones Unidas, además de exhortar a una desescalada de la violencia y al regreso de las vías diplomáticas.
Para Abdala, el desafío central de Uruguay será equilibrar sus relaciones internacionales sin perder peso político ni económico en un contexto global marcado por la competencia estratégica entre Estados Unidos y China.
“Uruguay no forma parte del club de amigos de Trump. Eso tiene más contras que beneficios; no veo los beneficios de esa aventura independentista”, concluyó.
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