Newell’s necesitaba un golpe en la mesa y cambiar definitivamente el rumbo que viene sosteniendo en los últimos años con las elecciones de entrenadores y jugadores. Ni D’amico, ni Astore ni, al menos por el momento, Boero, pudieron torcer el rumbo de un club que viene a la deriva desde hace años, tanto institucional como deportivamente.
La llegada de Kudelka no necesariamente generará un antes y un después en la historia del club. De hecho, su primer ciclo se terminó después de un pésimo arranque de año en el 2021, donde sacó solamente un punto de los 21 en juego. Su último partido, donde ya sabía que se iría una vez terminado, terminó con una durísima goleada en contra ante Defensa y Justicia.
Sin embargo, Frank es un técnico con una gran trayectoria en el fútbol argentino, y que al menos tiene experiencia armando equipos competitivos con planteles de bajo recursos y sin hacer erogaciones millonarias. Es suficiente con ver las campañas que hizo en clubes como Talleres, Lanús o Huracán para ver que con poco -que aún así, es muchísimo más que este Newell’s pésimamente armado-, se puede hacer algo digno.
Durante los últimos años los propios dirigentes se encargaron de ensuciar la historia de un club que siempre estuvo marcado por ser cuna de grandes jugadores y entrenadores. Para nombrar solamente algunos, en este banco de suplentes se sentaron personalidades del fútbol como Juan Carlos Montes, el Piojo Yudica, Marcelo Bielsa, Américo Gallego e inclusive el Tata Martino.
Sin embargo, si uno hace el repaso de los directores técnicos que pasaron durante la última década por la institución, se ve el deterioro que sufrió este puesto, dándole su primera experiencia a entrenadores que ni en su momento ni más adelante dieron la talla para semejante desafío. Héctor Bidoglio, Germán Burgos, Adrián Taffarel, Gustavo Tognarelli, Adrián Coria o Ricardo Lunari fueron algunos nombres que pasaron, interinos o no, por el banco de suplentes leprosos.
En el medio también hay entrenadores con mayor experiencia, pero que tampoco estuvieron a la altura de las decisiones que necesita un lugar como este en un club que tampoco acompañaba desde lo institucional. Fernando Gamboa, Sebastián Méndez, Mariano Soso y Cristian Fabbiani -que nunca debió haber ocupado ese cargo-, son ejemplos de que buenas campañas aisladas en otros clubes no garantizan el éxito.
Newell’s estaba obligado a dejar de experimentar en el momento más sensible de su historia, con una institucionalidad que pende de un hilo y con un equipo que desde hace años se acostumbró a pelear solamente por no descender. Fue en 2023, pero lejos quedó aquella esperanza internacional que tuvo la Lepra con Gabriel Heinze como entrenador, que lo llevó a ganar de punta a punta la fase de grupos de la Copa Sudamericana y quedó eliminado solamente por un gol de diferencia ante Corinthians en octavos de final.
No se sabe si el segundo ciclo de Kudelka será exitoso, ni siquiera el más optimista podría esperar que de un día para el otro este equipo -que si no es el peor de su historia, pega en el palo- comience a tener resultados. Lo que sí es una certeza es que al menos esta vez, la persona que está en el banco de suplentes es un técnico en serio, con años de experiencia y trayectoria.
Podrá gustar más o menos su forma de ver el fútbol, los planteos tácticos o inclusive las conferencias de prensa a las que nos tiene acostumbrados, con búsquedas de conceptos que muchas veces solamente él parece entender. Nada de eso importará si su contratación significa un quiebre deportivo en la historia reciente del club y comience a sacar resultados que lo alejen al elenco del Parque Independencia de la zona baja de la tabla de posiciones.



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