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Día de la lealtad

17 de octubre: cuatro miradas sobre el legado del peronismo.

A 81 años de la movilización de 1945, referentes políticos, intelectuales y sindicales analizan su vigencia y sus desafíos.

17 de octubre una fecha fundacional del peronismo y en un símbolo de la lucha por los derechos sociales.

El 17 de octubre de 1945 marcó un punto de inflexión en la historia argentina. La movilización de miles de trabajadores hacia la Plaza de Mayo para reclamar la liberación de Juan Domingo Perón modificó el escenario político nacional y consolidó el protagonismo de la clase trabajadora en la vida pública. Aquella jornada se convirtió en una fecha fundacional del peronismo y en un símbolo de la lucha por los derechos sociales.

17 de octubre: por qué la lealtad sigue marcando la historia argentina

A 81 años de aquel acontecimiento, Red Boing dialogó con referentes de distintos ámbitos vinculados al pensamiento nacional, la política y el movimiento obrero para recuperar el significado de la fecha y reflexionar sobre su vigencia. El periodista y escritor Gabriel Fernández, director de Señal Medios; el dirigente político Eduardo Toniolli; Rubén Dunda, ex presidente de la Cámara de Diputados de Santa Fe; y Héctor Amichetti, secretario general de la Federación Gráfica Bonaerense, aportaron sus perspectivas sobre las transformaciones que produjo aquella movilización y los desafíos que enfrenta hoy el legado peronista.

Gabriel Fernández: la confluencia de sectores que transformó la historia

Para Gabriel Fernández, el 17 de octubre fue el resultado de un proceso histórico en el que confluyeron distintas tradiciones políticas, transformaciones económicas y nuevos actores sociales. El periodista y escritor destaca la combinación de las masas provenientes del interior del país, herederas de las tradiciones federales, y los contingentes de inmigrantes europeos y sudamericanos que, a través de un profundo mestizaje, dieron forma a la nueva clase trabajadora argentina.

En su análisis, ese proceso estuvo estrechamente relacionado con el crecimiento industrial, el desarrollo de la economía nacional y la consolidación de un sindicalismo combativo que comenzó a reclamar una distribución más equitativa de los beneficios de la producción. También señala la importancia de la ampliación de la participación política durante el yrigoyenismo y de las corrientes nacionalistas que encontraron expresión dentro de las Fuerzas Armadas.

Fernández ubica a Juan Domingo Perón en el centro de esa convergencia. Desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, Perón supo interpretar el crecimiento del movimiento obrero y ocupar un espacio que, hasta entonces, había sido desatendido por buena parte de la dirigencia política.

Las medidas laborales impulsadas durante su gestión fortalecieron su vínculo con los trabajadores y generaron una identificación que se profundizó cuando sectores militares exigieron su desplazamiento y posterior detención.

La movilización del 17 de octubre fue, desde esta perspectiva, la expresión de un proceso social y político que ya estaba en marcha. Fernández sostiene que su trascendencia abrió una década de crecimiento productivo, maduración institucional y expansión del nivel de vida, y considera que la persistencia del movimiento nacional y popular en la identidad argentina también permite comprender las resistencias y persecuciones que enfrentó a lo largo de su historia.

Eduardo Toniolli: los trabajadores como protagonistas de su propio destino

Para Eduardo Toniolli, el 17 de octubre de 1945 no solo fue el acontecimiento de masas que dio inicio al peronismo como movimiento histórico, sino también la fecha en la que los trabajadores se convirtieron en actores protagónicos de la política argentina.

El dirigente sostiene que quienes hasta entonces estaban excluidos de los círculos donde se tomaban las grandes decisiones nacionales irrumpieron en la escena pública con una potencia inédita. De esa manera, dejaron de ser espectadores de la política para convertirse en protagonistas de su propio destino.

A 81 años de aquella jornada, Toniolli plantea que el mejor homenaje a los hombres y mujeres que protagonizaron esa gesta consiste en reconstruir una expresión política que vuelva a integrar con protagonismo a los trabajadores, a quienes producen y a quienes construyen comunidad. Su reflexión vincula el significado histórico de la fecha con uno de los principales desafíos actuales del peronismo: recuperar su capacidad de representación y construir un proyecto político que vuelva a colocar las demandas de las mayorías populares en el centro de la discusión nacional.

Héctor Amichetti: justicia social y unidad de la clase trabajadora

Héctor Amichetti define el 17 de octubre de 1945 como un hecho trascendental porque la clase trabajadora, a través de su protagonismo, logró torcer el rumbo de la historia e instalar una concepción de democracia vinculada con la justicia social. Para el secretario general de la Federación Gráfica Bonaerense, aquella movilización fue determinante para que Perón llegara al gobierno y encabezara un proceso de transformación política, económica y social.

Amichetti sostiene que, hasta entonces, la democracia argentina estaba condicionada por el fraude y la exclusión de amplios sectores populares. La irrupción de los trabajadores modificó ese escenario al impulsar una fuerza política cuyo sustento no se limitaba a la competencia electoral, sino que incorporaba la participación activa del pueblo a través de sus organizaciones.

En ese proceso, destaca el papel del Partido Laborista como instrumento electoral que permitió a Perón llegar a la Presidencia y la importancia de las organizaciones libres del pueblo en la construcción de una nueva relación entre la sociedad y el Estado. Según su mirada, las conquistas alcanzadas durante aquella etapa dejaron una huella profunda en la vida argentina y muchos de esos derechos continúan vigentes, pese a las políticas que buscaron revertirlos.

El dirigente también relaciona ese legado con las luchas actuales, entre ellas la defensa de la universidad pública y la resistencia de los trabajadores frente a la precarización laboral. Sin embargo, advierte que las políticas neoliberales, el debilitamiento de la producción nacional y la informalidad contribuyeron a fragmentar a la clase trabajadora. En ese sentido, señala que más del 40% de los trabajadores se encuentra en condiciones de informalidad y considera que esa realidad plantea un desafío central para el movimiento obrero organizado.

Para Amichetti, la conmemoración del 17 de octubre debe servir para recuperar la concepción de un proyecto nacional que coloque en primer plano el trabajo, la producción y los derechos sociales.

Esa tarea requiere construir una unidad que incluya tanto a quienes cuentan con empleos formales y representación sindical como a quienes desarrollan sus actividades en la informalidad.

También propone recuperar la tradición programática del movimiento obrero, desde los programas de La Falda y Huerta Grande hasta los planteos de la CGT de los Argentinos, los 26 puntos de la CGT durante la conducción de Saúl Ubaldini y las propuestas más recientes del MTA y la Corriente Federal de los Trabajadores. A su entender, el aniversario ofrece una oportunidad para retomar aquellas experiencias y formular un programa adecuado a los desafíos del presente.

Rubén Dunda: las conquistas sociales y la formación de una conciencia colectiva

Rubén Dunda propone comprender el 17 de octubre a partir de las transformaciones institucionales y sociales que precedieron a la movilización. El ex presidente de la Cámara de Diputados de Santa Fe sitúa el inicio de ese proceso en el golpe de Estado del 4 de junio de 1943, que puso fin al gobierno de Ramón Castillo y clausuró el ciclo conocido como la Década Infame.

La llegada de Juan Domingo Perón a la conducción del área laboral y la posterior creación de la Secretaría de Trabajo y Previsión abrieron una etapa de profundas transformaciones en la relación entre el Estado y la clase trabajadora. Dunda destaca la ampliación de la cobertura previsional, la creación de los tribunales laborales, el Estatuto del Peón, las vacaciones pagas y el fortalecimiento de los convenios colectivos como parte de un conjunto de reformas que respondió a reivindicaciones concretas de los trabajadores.

En su interpretación, la justicia social constituyó el principio rector de esa transformación. No se trataba de una política de beneficencia o de respuestas circunstanciales, sino de una concepción que buscaba reconocer derechos, establecer nuevas instituciones y modificar las condiciones de vida de amplios sectores de la población. Las medidas impulsadas desde el Estado contribuyeron, de ese modo, a generar un vínculo político y social que resultaría decisivo en octubre de 1945.

La crisis de octubre y la anticipación del 17

Dunda reconstruye la secuencia que desembocó en la movilización: el desplazamiento de Perón de sus cargos, su detención y posterior traslado a la isla Martín García, y la decisión de la Confederación General del Trabajo de convocar a una huelga general para el 18 de octubre. Sin embargo, la movilización popular se adelantó un día. Miles de trabajadores llegaron a Buenos Aires para exigir la liberación de quien identificaban con las conquistas sociales alcanzadas durante los años anteriores.

Para el dirigente, esa anticipación es una clave para comprender la naturaleza del acontecimiento. La jornada del 17 no fue simplemente la ejecución de una orden sindical ni una reacción aislada frente a la detención de un dirigente. Fue la expresión de una fuerza social que había adquirido identidad propia a partir de las transformaciones laborales, el reconocimiento de derechos y la experiencia de organización colectiva.

Perón, la psicología de las masas y la emergencia del pueblo

Uno de los aspectos centrales del análisis de Dunda es su cuestionamiento a las interpretaciones clásicas de la psicología de las masas, asociadas a autores como Gabriel Tarde, Gustave Le Bon y Sigmund Freud, que tendieron a explicar el comportamiento colectivo a partir de la sugestión, la impulsividad o la pérdida de racionalidad individual.

A su entender, el 17 de octubre de 1945 desafió esa mirada. Los trabajadores que se movilizaron no constituían una multitud desprovista de conciencia, sino un colectivo que había construido una identificación política a partir de experiencias concretas. Las conquistas sociales, el reconocimiento de sus demandas y la relación establecida con Perón habían contribuido a formar una nueva conciencia sobre su lugar en la sociedad.

Dunda vincula ese proceso con las reflexiones que Perón desarrolló posteriormente en Conducción política, donde la conducción aparece asociada a la capacidad de persuadir, orientar y generar adhesión, antes que a la imposición de órdenes. En esa concepción, el liderazgo no se sostiene únicamente en la autoridad formal, sino en la construcción de una relación política con quienes reconocen en él una representación de sus aspiraciones.

Desde esa perspectiva, la movilización del 17 de octubre fue la manifestación de un pueblo capaz de actuar por iniciativa propia e intervenir en la vida pública.

Dunda recupera así la idea de que aquella jornada no constituyó un estallido irracional, sino el resultado de un proceso de organización, reconocimiento y participación que transformó la historia argentina.

Un legado que interpela al peronismo en el presente

Las cuatro miradas coinciden en reconocer que el 17 de octubre de 1945 trascendió el reclamo por la liberación de Perón y se convirtió en un acontecimiento decisivo para la historia política y social argentina. Gabriel Fernández destaca la confluencia de tradiciones, sectores sociales y transformaciones económicas que hicieron posible aquella movilización; Eduardo Toniolli recupera el protagonismo de los trabajadores como actores de su propio destino; Héctor Amichetti pone el foco en la justicia social, la organización sindical y la necesidad de reconstruir la unidad de la clase trabajadora; y Rubén Dunda subraya la relación entre las conquistas laborales, la conciencia colectiva y la emergencia de un nuevo sujeto político. A 81 años de aquella jornada, sus testimonios invitan a reflexionar sobre la vigencia de esos principios y sobre los desafíos de traducirlos en respuestas concretas frente a la precarización laboral, la fragmentación social y la necesidad de construir un proyecto nacional que vuelva a colocar el trabajo, la producción y la participación popular en el centro de la escena.

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