
Hay deportes que se practican y otros que quedan para siempre. Para Elsa Doninni, el pádel es de los segundos. A los 83 años, volvió a sentarse frente a una cancha para seguir una competencia internacional y descubrió que, aunque el tiempo pasó, la fascinación que siente por esa disciplina permanece intacta.
Este jueves estuvo en el Invencible Rafaela, donde disfrutó de los partidos correspondientes a los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026. Desde la tribuna siguió cada movimiento y observó con especial atención a los jóvenes que hoy llevan adelante un deporte que ella conoció y disfrutó durante buena parte de su vida.
“Una maravilla. Para mí es lo más lindo que he visto”, resumió mientras seguía la competencia.
El día que dejó el tenis por el pádel
Antes de convertirse en una apasionada del pádel, Elsa jugaba al tenis. Pero la aparición de las nuevas canchas cambió por completo sus preferencias. “Cuando se hicieron las canchas del pádel, me fui al pádel y nunca más salí de ahí”, recordó entre risas.

La elección fue definitiva. “Dejé el tenis por el pádel”, contó, al explicar cómo aquel nuevo deporte terminó conquistándola.
Jugó hasta los 60 años y todavía puede explicar por qué encontró en esa disciplina algo que no tenía el tenis para ella. “No sé, qué sé yo, me parece más divertido, más cómodo para jugar. En cambio, el tenis es más extenso, más amplio”, señaló.

Volver a una cancha después de tantos años
Aunque dejó de jugar de manera habitual, Elsa nunca perdió la curiosidad por saber cómo había cambiado el deporte que tanto disfrutó.
Hace poco volvió a probar una cancha y se encontró con una superficie muy diferente a la que recordaba. “Las canchas antes eran canchas duras. Ahora es distinto. Se juega mejor ahora. La verdad que yo la probé el otro día y es una maravilla ahora”, contó.
Ese reencuentro le permitió comprobar de primera mano cómo evolucionó una disciplina que conoció en otra época y que hoy tiene una dimensión internacional.

Una espectadora especial en Rafaela
Su visita a los Juegos Suramericanos no se limitó a observar lo que ocurría dentro de la cancha. Elsa también se sorprendió por el marco que rodea a la competencia, especialmente por la cantidad de personas que se acercaron a acompañar a los atletas.
“La gente que hay. La verdad que sí”, comentó mientras observaba las tribunas del microestadio. Y en medio de ese público encontró también una conexión con las nuevas generaciones. Ver a los jóvenes competir por Argentina le produjo una emoción particular.
“Una satisfacción enorme, me encanta”, expresó. Cuando volvió a hablar de los jugadores que hoy representan al país, su entusiasmo quedó resumido en pocas palabras: “Estos chicos, esta generación… son una bomba”.
A los 83 años, Elsa ya no compite como lo hacía durante su juventud y tampoco pasa sus días dentro de una cancha. Pero el pádel sigue ocupando un lugar especial en su vida. Esta vez, desde la tribuna de Rafaela, volvió a disfrutar de aquel deporte que un día la hizo abandonar el tenis y del que, como ella misma dice, “nunca salió”.
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