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Nueva etapa

Ale Kurtz, entre el legado de El Bordo y el desafío de volver a empezar

A dos años del último show de la banda en el Luna Park, el cantante y compositor apuesta a su carrera solista con La otra mitad, un disco que llegará en marzo.

Ale Kurtz pasó 26 años al frente de El Bordo, una de las bandas que construyó su lugar en el rock argentino a fuerza de canciones, escenarios y una relación estrecha con su público. El último recital, en mayo de 2024, marcó el cierre de una etapa, aunque no necesariamente un final definitivo. Lejos de renegar de esa historia, el cantante la toma como parte de su identidad y busca proyectarla desde otro lugar.

Ahora, el foco está puesto en su camino solista. Su próximo álbum, La otra mitad, saldrá en marzo y será el punto de partida de un año con más presentaciones en vivo (se presentará el próximo viernes 6 de noviembre en Capi, Rosario) y nuevos desafíos. La apuesta convive con otro proyecto que lo encuentra detrás de escena: las Portal Sessions, un ciclo audiovisual grabado en Uruguay que propone encuentros entre músicos de distintos mundos, con la premisa de privilegiar la interpretación en vivo.

En diálogo con Red Boing, Kurtz habló sobre la transición de El Bordo a su carrera solista, la conexión con el público, el futuro de la banda y los planes para un año que imagina cargado de canciones y recitales.

—Pasaron dos años desde el último show de El Bordo en el Luna Park. ¿Sentís que esa etapa quedó atrás o sigue presente?

—Yo siento que lo que estoy haciendo es una continuación. Estoy escribiendo canciones como lo hice toda mi vida, desde que tengo 15 años. Solamente que ahora las estoy amplificando de otra manera. El motor sigue siendo exactamente el mismo y El Bordo es parte de mi vida. Voy a estar ligado a la banda toda la vida. De hecho, cuando la gente en los shows hace algún cantito que remite a El Bordo, me lo tomo bien, porque soy eso y no voy a dejar el saco.

—¿Cómo se vive pasar de una banda tan popular a construir una carrera solista?

—La verdad es que lo disfruto mucho. Con El Bordo hicimos escenarios grandes, chicos y de todo tipo. El concepto de esta gira es el cara a cara, reencontrarnos con la gente. Estos dos años fueron una especie de pausa en la que me estuve reinventando, grabé el disco y también fui padre. Yo considero al público como un amigo. Si tenés un amigo y no lo llamás durante mucho tiempo, la relación se va enfriando. Por eso este reencuentro tiene que ser de cerca, en lugares donde haya calor, donde nos veamos y nos escuchemos bien, casi como si nos pudiéramos tocar.

—¿La idea es priorizar esos espacios íntimos antes que los grandes escenarios?

—Me encantan los escenarios grandes y voy a estar en festivales, pero me despierta mucha pasión esta idea de los shows cercanos. Vengo de tocar jueves, viernes y sábado en distintos lugares, con recitales calientes, de mucha cercanía. Es algo que me entusiasma especialmente.

—¿Sentís que construiste una identidad distinta como solista o que todavía hay una continuidad muy fuerte con El Bordo?

—Creo que son un poco las dos cosas. Estoy construyendo una nueva identidad desde lo estético y lo visual, pero cuando me venís a ver en vivo me cuelgo una guitarra y salgo a rockear. Van a sonar canciones como “Soñando despierto” y “Cansado de ser”, que fueron importantes para un montón de gente. Eso va a seguir estando porque es parte de mí.

—Hay artistas que, cuando empiezan una etapa solista, buscan despegarse de su banda anterior. Vos, en cambio, la tenés muy presente.

—Es que yo soy Ale del Bordo. No era Ale del Bordo, soy Ale del Bordo. Es parte de mi historia y está buenísimo que siga presente.

—¿La puerta para una posible vuelta de El Bordo está abierta?

—Todo puede ser. Ahora estoy concentrado en lo que estoy haciendo y estoy muy feliz. La banda solista está sonando espectacular. Vengo de varios días seguidos de tocar y estoy muy entusiasmado con lo que pasa en los shows, con cómo responde la gente y cómo se está encendiendo el fuego. Eso me motiva muchísimo.

Un disco bisagra y más recitales

—¿Qué se viene para tu carrera en los próximos meses?

—Esta semana sale el último adelanto del disco de este año, una canción con Toti de Jóvenes Pordioseros que se llama “Locura”. Es un tema muy rockero y está buenísimo. También voy a anunciar la fecha de fin de año en Capital. Me quedan Rosario, Santa Fe y una aparición sorpresa en Córdoba. Para el año que viene ya estamos hablando de cosas para el verano, está confirmado Cosquín Rock y hay otros festivales dando vueltas. La idea es que en marzo salga el disco completo y después volver a girar, con una buena presentación a mitad de año.

—¿Será un año fuerte en materia de shows?

—Sí, es algo que tengo muchas ganas de hacer. Sin querer, este año termina siendo de unos 15 conciertos, un número que ya empieza a estar bueno. La idea sería duplicarlo el año que viene y hacer entre 25 y 30 shows. Amo lo que hago y me gusta mucho tocar en vivo, así que quiero tocar todo lo que se pueda.

—¿Cómo definís La otra mitad, el disco que está por salir?

—Es una continuación de todo lo que vengo hablando. Es un disco de canciones, muy cancionero, con mucho estribillo y mucha melodía. También es muy personal y creo que puede ser bisagra en mi carrera. Por cómo se están cantando las canciones y cómo están llegando, me está sorprendiendo la respuesta de la gente. Eso va a marcar un poco el estado de ánimo con el que voy a dar los próximos pasos.
Portal Sessions, cruces y música en vivo

—Además de tu carrera solista, estás detrás de las Portal Sessions, un proyecto que llamó la atención por sus cruces de artistas. ¿Cómo nació la idea?

—La idea surgió con el equipo, con mi socio y con la gente con la que trabajamos para crear las Portal Sessions. Después está mi trabajo como productor musical y artístico, que consiste en hacer que todo llegue a destino. Ya estamos preparando la octava sesión, que va a salir esta semana, con dos artistas.

—¿Qué es lo que más te interesa de esos encuentros entre músicos de distintos géneros y generaciones?

—Es algo que nos gusta mucho y que fuimos encontrando mientras desarrollábamos el formato. Pasaron artistas como Snarky Puppy con Rubén Rada y No Te Va Gustar con Mel Muñiz. Lo que más nos interesa es que haya cruces entre artistas de distintos géneros y generaciones. Eso le da una personalidad propia al proyecto.

—¿Se plantean una cantidad de sesiones por año?

—Depende, porque lo que más cuesta es congeniar las agendas de los artistas. Esa es la parte más difícil. Pero nos gustaría hacerlo periódicamente, con unas tres o cuatro sesiones por año.

—¿Hay algún formato internacional que les haya servido de inspiración?

—La verdad es que buscamos algo que tenga personalidad propia. El Tiny Desk, por ejemplo, está buenísimo. Creo que tiene algo del espíritu de los unplugged de los años 90, con un formato íntimo, chico y casi antiproducido. Hoy está todo tan producido que el valor de esos ciclos es que los músicos toquen de verdad, sin pistas ni sobregrabaciones. Acá buscamos eso, que sea orgánico, que los músicos estén tocando juntos y que suene en vivo.

—¿Y en lo visual también hay referencias?

—Sí, depende de cada sesión. Para la de Dillom y Santi Motorizado nos inspiramos un poco en Avatar y Stranger Things, con una estética medio de micelio. La sesión con Lito Nebbia tiene otra puesta. También elegimos lugares que tienen mucho peso visual, como los lagos donde grabamos con No Te Va Gustar. Cada encuentro tiene su propia identidad.

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