
El Gobierno de Santa Fe puso en marcha un plan preventivo ante la posibilidad de que se desarrolle un Súper Niño durante el último trimestre de 2026, un fenómeno climático que, según organismos internacionales, tiene un 90% de probabilidad de ocurrir y podría generar precipitaciones extraordinarias, inundaciones y otros eventos meteorológicos extremos en gran parte del país.
En ese contexto, el gobernador Maximiliano Pullaro firmó este jueves en Resistencia un convenio marco junto a sus pares de Chaco, Leandro Zdero, y de Santiago del Estero, Elías Suárez, además del Consejo Federal de Inversiones (CFI), representado por su secretario general Ignacio Lamothe. El acuerdo busca fortalecer la implementación y el seguimiento del Plan Director de los Bajos Submeridionales, una de las regiones hídricas más importantes del norte argentino.
Durante el encuentro, Pullaro destacó que los Bajos Submeridionales abarcan entre ocho y nueve millones de hectáreas, fundamentales tanto para la producción como para la calidad de vida de quienes habitan la región. “Lo más importante es que existe un plan articulado entre las tres provincias y el CFI. Esa continuidad lo convierte en una verdadera política de Estado”, afirmó.
El mandatario explicó que el principal desafío pasa por conseguir financiamiento para las obras de infraestructura necesarias. “Estamos trabajando en un programa que nos permitirá recuperar territorio y, al mismo tiempo, anticiparnos a muchas de las crisis que pueden presentarse”, sostuvo.
Además, remarcó que el cambio climático obliga a combinar políticas de largo plazo con acciones preventivas inmediatas. “Además de pensar en infraestructura para fortalecer nuestro sistema productivo y recuperar hectáreas, es fundamental estar atentos a las posibles precipitaciones extraordinarias que podrían registrarse este año”, señaló.

Respecto al posible desarrollo del fenómeno, Pullaro pidió mantener la cautela sin descuidar la planificación. “El fenómeno puede darse o no, pero debemos estar preparados. Tenemos que trabajar de manera conjunta y articulada para reducir al máximo su impacto”, expresó. Y agregó: “El objetivo es seguir desarrollando el plan hídrico para esta región, pero también monitorear permanentemente el manejo del agua ante un posible Súper Niño”.
El gobernador también reclamó una mayor participación del Estado nacional en las inversiones estratégicas. “Hay obras que las provincias podemos afrontar, pero otras requieren financiación nacional. Necesitamos que desde el centralismo porteño miren más al interior productivo, porque los Bajos Submeridionales podrían incorporar una enorme superficie al sistema productivo argentino con la infraestructura adecuada”, afirmó.
El acuerdo firmado entre las tres provincias dispone la realización de acciones conjuntas para fortalecer, actualizar y monitorear el Plan Director mediante asistencias técnicas, programas e instrumentos de gestión orientados a mejorar la gobernanza y la planificación hídrica de la región.
Además, se conformará un equipo técnico permanente encargado de coordinar, supervisar y articular las distintas acciones previstas, garantizando el cumplimiento del convenio y la implementación de los mecanismos de asistencia que se definan.
Qué es el Súper Niño y por qué preocupa
El Súper Niño es una versión más intensa del fenómeno climático El Niño, que se produce por el calentamiento anómalo de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial. Este proceso altera la circulación atmosférica y modifica los patrones de lluvias y temperaturas en distintas regiones del planeta durante varios meses.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) informó que existe un 90% de probabilidad de que el fenómeno se desarrolle durante el segundo semestre de 2026, mientras que organismos como la NOAA de Estados Unidos y el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo (ECMWF) coinciden en que las condiciones actuales favorecen su aparición.

Las proyecciones de la NOAA estiman un 62% de probabilidad de desarrollo entre junio y agosto, con posibilidades de intensificarse hacia fin de año. AccuWeather calcula un 15% de chances de que alcance una intensidad extrema, mientras que el ECMWF advierte que el calentamiento global podría amplificar aún más sus efectos.
Los especialistas consideran que podría convertirse en un “Súper Niño” si la temperatura superficial del mar en la región Niño 3.4 supera los 2°C por encima del promedio durante varios meses. Solo ocurrió en tres oportunidades desde mediados del siglo pasado: 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016. Incluso, el ECMWF proyecta anomalías que podrían llegar hasta los 3,3°C hacia septiembre.
Qué impacto tendría en Argentina
En Sudamérica, la OMM advierte que el sur de Brasil, Paraguay, Uruguay y el norte y noreste de Argentina podrían registrar lluvias muy superiores a lo habitual, con riesgo de inundaciones, tormentas severas y anegamientos. Por el contrario, otras regiones del continente podrían sufrir sequías prolongadas.
Dentro del país, las zonas bajo mayor vigilancia son Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba, el norte de Buenos Aires, la Mesopotamia y la región chaqueña, donde el exceso de precipitaciones podría afectar tanto a centros urbanos como a la actividad agropecuaria.
La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) aclaró que todavía no es posible determinar con precisión la intensidad definitiva del evento y señaló que, por el momento, el escenario más probable para el invierno contempla lluvias dentro de parámetros normales. Sin embargo, destacó que el monitoreo permanente será clave porque la evolución del océano Atlántico también influirá sobre el aporte de humedad al continente.
El meteorólogo Paul Pastelok, de AccuWeather, sostuvo: “La intensidad es incierta, pero existe la posibilidad de que se produzca un fenómeno de El Niño de moderado a posiblemente fuerte este otoño e invierno”. En la misma línea, la NOAA considera que existe aproximadamente una posibilidad entre tres de que el fenómeno alcance una intensidad fuerte entre octubre y diciembre.
Los antecedentes refuerzan la preocupación. El evento de 1997-1998 provocó pérdidas económicas superiores a 30.000 millones de dólares y cerca de 24.000 víctimas fatales en distintos países, mientras que el de 2015-2016 generó récords de temperatura, inundaciones y sequías en América del Sur, África y Centroamérica.
Frente a este escenario, la OMM, la NOAA y el ECMWF coinciden en que el seguimiento constante de los indicadores oceánicos y atmosféricos, junto con la cooperación entre gobiernos y organismos especializados, será determinante para reducir los riesgos y preparar respuestas ante un fenómeno que podría convertirse en uno de los eventos climáticos más importantes de los últimos años.
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