
Mariana Di Paolo murió este jueves por la mañana en Villa Gobernador Gálvez dentro de un Chevrolet Corsa incendiado de forma premeditada, a orillas del río Paraná. El hecho sucedió cuando recién amanecía en Villa Gobernador Gálvez, a pocos metros de la planta de la multinacional Cargill y en una zona de pescadores. Cuando los Bomberos llegaron al lugar tras el llamado de un vecino al 911, se encontraron con que además había un segundo cuerpo dentro del vehículo: era Rodrigo Argañaraz, que apareció calcinado en el baúl. Con el correr de las horas y la palabra de testigos ocasionales de la tragedia, la fiscal Noelia Navone pudo reconstruir la escena y señalar que se trató de un femicidio seguido de suicidio.
Es decir, Argañaraz habría llevado a Mariana hasta el río, para matarla y luego prender fuego el auto. Antes de quitarse la vida él también, habría intentado suicidarse en el río, pero algunos pescadores que estaban cerca del lugar pero no habían visto la escena inicial evitaron que se ahogue y por ello el hombre terminó su faena encerrándose en el baúl del Corsa. Este momento final quedó registrado inclusive en un video grabado desde un teléfono a unos cien metros, material que accedió la funcionaria del MPA.
Lo que se sabe ahora, de acuerdo a datos del MPA a Red Boing es que un día antes de ser asesinada, Mariana había denunciado a Rodrigo: había mencionado hostigamiento por parte de él y señaló que se habían separado en agosto último pasado. Argañaraz le decía que se iba a quedar con la casa, habían tenido una relación de 13 años en la que tuvieron dos hijos y ella tenia una hija mayor de otra relación previa.

Los casos se repiten
En los útimos dos meses, en Rosario hubo cuatro casos similares y brutales de violencia de género en los que un hombre mata -o intenta hacerlo- a una mujer con la que había tenido un vínculo de pareja, para después intentar suicidarse. En tres de estas historias, las mujeres atacadas murieron y en uno salvó su vida de milagro: Allison, de 18 años, que fue apuñalada por su novio de 19 hace dos semanas.
En abril, Sophia Civarelli, de 22 años, fue asesinada con un cuchillo por su novio Valentín Alcida, de la misma edad. Luego él montó una escena que pretendió hacer pasar el crimen por un suicidio, dejando el cuerpo sobre la cama y un cuchillo en la mano de su víctima. Minutos más tarde, se presentaba emocionado en el departamento de una amiga y se tiraba desde el balcón.

El 18 agosto, Carina Candelas fue apuñalada por su ex novio Martín Banchero. El hecho ocurrió en la farmacia Marketing Farm, de Zeballos y Dorrego, en el centro de Rosario. Él llegó en auto hasta el lugar de trabajo de ella, adonde era encargada; estacionó en doble fila, bajó y entró al local, preguntó por ella y fue directo a ejecutarla. Minutos después, escapaba en el mismo vehículo hasta su departamento, para -según relato de sus vecinos- intentar tirarse desde la terraza. Antes que pudiera hacerlo, quedó detenido por la policía que lo había perseguido rápidamente tras recibir el llamado al 911.
Al día siguiente, en un departamento céntrico en Paraguay al 1700 también en Rosario, un joven de 19 años intentó matar a su ex pareja de 18. Este jueves, al recibir el alta clínica del HECA, Allison contó que Luciano De Gaspari le pidió que “cierre sus ojos, que tenía una sorpresa para darle”. Segundos después, la iba a atacar con una navaja. Al verla ensangrentada, De Gaspari se produjo heridas en su propio cuerpo. La intervención rápida de vecinos que escucharon los gritos y llamaron a la policía fue clave para rescatarla con vida a ella y que él terminara preso.
Marcha pidiendo emergencia
El 26 de agosto, en Rosario, miles de personas marcharon pidiendo justicia y políticas de prevención. “Marchamos porque nuestras vidas están en emergencia”, fue la consigna esa tarde con la que convocaron organizaciones feministas. Entre los reclamos, aparece la bronca por la prédica del gobierno libertario contra las políticas de género. Y entre las demandas, muchas de las asistentes a la movilización pidieron que los hombres empiecen a charlar “entre varones” sobre lo que está pasando.
Es que lo que termina siendo un hecho brutal empieza generalmente como gestos aparentemente menores, como el de un hombre pretendiendo tener el control del teléfono de su pareja u hostigando de alguna otra manera. Durante varias generaciones, se pretendió naturalizar ese tipo de vínculos. A tal punto que hasta hace poco más de una década, los femicidios eran considerados “crímenes pasionales”.
Saludablemente, el “Ni Una Menos” se fue instalando en la sociedad argentina y se consiguieron leyes que en otro tiempo no hubieran sido posibles, para que la justicia pueda actuar con perspectiva de género. Aunque está claro, no alcanza con la normativa para que las cosas dejen de pasar, ya que falta mucho camino por recorrer también en el terreno de lo cultural y la cotidianeidad de los vínculos.

Comentarios