
La muerte de Luna Jazmín Miqueo Cuello, la niña de 6 años que sufrió un grave golpe en una escuela de la zona sur de Rosario, generó una profunda conmoción. Mientras la Fiscalía Regional Segunda avanza en la investigación para esclarecer el hecho, la familia difundió un emotivo mensaje en el que no solo recuerda a la menor, sino que también busca generar conciencia y transformar el dolor en un mensaje colectivo.
El hecho ocurrió el último viernes en la Escuela Nº 117 Islas Malvinas, ubicada en la intersección de España y avenida Uriburu, cuando la niña sufrió un accidente que derivó en un traumatismo de cráneo, confirmado como causa de muerte por los estudios médicos. Tras ser trasladada de urgencia al Hospital de Niños Víctor J. Vilela, ingresó en estado crítico, fue reanimada luego de un paro cardiorrespiratorio y permaneció casi 48 horas en terapia intensiva, donde finalmente falleció el domingo al mediodía.
Según la versión inicial, la menor habría tropezado con sus cordones desatados y golpeado contra un banco de cemento, aunque la familia puso en duda esa reconstrucción. La investigación, a cargo del fiscal Matías Edery, continúa con toma de testimonios y análisis de las circunstancias.
En este contexto, el mensaje de la familia se convirtió en el eje central del caso. Allí, describieron quién era Luna y el impacto que dejó en quienes la conocieron: “Mi hija Luna era una niña profundamente alegre, ocurrente y llena de amor. Tenía una forma única de mirar el mundo, con una dulzura y una generosidad que se sentían en cada lugar al que iba”.
La carta repasa su corta pero intensa vida, marcada por su vínculo con los demás: “Desde muy chiquita, a sus 2 años, comenzó el jardín, la colonia y distintas actividades. En cada uno de esos espacios dejó una huella. No sólo por su energía y su alegría, sino también por su forma de vincularse, por su cariño sincero y su manera de incluir a todos”.

También destacaron su dimensión espiritual: “Luna también tenía su fe. Amaba a Jesús y esa fe era parte de su esencia, de su forma de amar y de dar”.
En medio del dolor, la familia tomó una decisión que impactó a toda la comunidad: la donación de órganos. “En medio de tanto dolor, como familia decidimos donar sus órganos para que su amor y su luz sigan presentes en otras vidas. Elegimos que su historia también sea una oportunidad de vida para otros”.
El mensaje también incluyó un agradecimiento al personal de salud: “Queremos agradecer profundamente a los camilleros que la asistieron con urgencia, por su rapidez y compromiso… También al Hospital de Niños Víctor J. Vilela, a cada uno de sus profesionales, por haber hecho todo lo posible con tanto esfuerzo, dedicación y, sobre todo, con tanto cariño”.
Más allá del homenaje, la familia hizo un fuerte llamado a la reflexión social: “Los niños necesitan jugar, es parte de su naturaleza… pero sí tenemos la responsabilidad de brindarles herramientas, espacios seguros y la contención necesaria”.

También se dirigieron al sistema educativo, reconociendo el rol docente pero reclamando mejores condiciones: “Reconocemos profundamente el trabajo de la mayoría de las docentes… muchas veces en condiciones que no son las ideales… Por eso, este mensaje también es de respeto y de pedido: que se generen las condiciones adecuadas”.
El cierre de la carta resume el espíritu del mensaje, que trascendió el hecho puntual: “Que este terrible accidente no sea en vano. Que nos impulse a crecer como sociedad… Que nos encuentre más atentos, más comprometidos y más humanos”.
Y concluyeron con una frase que se volvió símbolo: “Quiero que se la recuerde por su vida, no por su final. Donar es multiplicar el amor”.
Mientras tanto, desde el Ministerio de Educación, la delegada Daiana Gallo Ambrosi aseguró que “la escuela actuó como tenía que actuar” y que se cumplieron los protocolos, aunque la investigación judicial sigue abierta. En paralelo, la comunidad educativa continúa movilizada, con reuniones de padres y un fuerte pedido de esclarecimiento.
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