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Judiciales

Destituyeron al juez federal Gastón Salmain y quedó a un paso de ir preso

Gastón Alberto Salmain fue destituido de su cargo en Rosario. Un fallo histórico revela las insólitas maniobras y el secreto de hace 24 años que el magistrado intentó enterrar para burlar los controles del Estado.

Se confirmó la destitución de Gastón Salmain.

Un entramado de mentiras, trampas informáticas y un pasado ocultado con recelo. No se trata del guion de una serie policial, sino de los fundamentos por los cuales el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados de la Nación decidió echar de su cargo al juez federal de Rosario, Gastón Alberto Salmain.

A horas de una decisión clave sobre Salmain, allanaron a su exesposa y hallaron 59 mil dólares

Aunque el magistrado llegó al juicio político salpicado por una gravísima denuncia de presunta corrupción y connivencia económica, lo que terminó por sepultar su carrera judicial fue un secreto que guardó bajo llave durante más de dos décadas.
El ex juez Salmain no estuvo presente en la audiencia.

La acusación contra Salmain

A continuación, los tres puntos más controversiales y escandalosos que los juzgadores usaron para apartarlo de la República:

La sala en donde se llevo la audiencia con la silla vacía ante la ausencia del destituido juez Gastón Salmain.

El pecado original: Trampa informática y expulsión de la Corte

Para entender la caída de Salmain hay que viajar al año 2002. El hoy destituido juez trabajaba en ese entonces como un simple auxiliar administrativo en los tribunales previsionales. Sin embargo, la mismísima Corte Suprema de Justicia de la Nación lo echó a patadas (sanción de cesantía) tras comprobar una maniobra insólita: Salmain había intentado tentar y convencer a una compañera del área de sistemas para que hackeara y adulterara el sistema informático con el único fin de desviar causas millonarias hacia su juzgado. La Corte determinó que su conducta rompía toda confianza y era incompatible con los tribunales.

 La gran estafa: Mentir 33 veces bajo juramento

Cualquier ciudadano común pensaría que quedar afuera del Poder Judicial por intentar hackear el sistema previsional sería el fin de una carrera pública. Para Salmain no fue así. Decidido a convertirse en juez federal, se anotó en treinta y tres (33) concursos públicos entre 2016 y 2024. ¿Cómo lo logró? Firmando declaraciones juradas donde borró por completo su pasado. En todos los formularios oficiales mintió descaradamente asegurando que desde que se recibió solo había trabajado como “abogado libre”. Escondió su empleo anterior y, por supuesto, la deshonrosa sanción que le aplicó la Corte.

 La “avivada” reglamentaria que enfureció al Jurado

Cuando los acusadores del Consejo de la Magistratura destaparon la olla y descubrieron el engaño, la defensa de Salmain ensayó una polémica justificación que indignó al tribunal. El juez alegó que, según el reglamento, las sanciones disciplinarias solo deben informarse si ocurrieron en los últimos 10 años, por lo que su expulsión de 2002 ya había “vencido”.
El Jurado de Enjuiciamiento destrozó este argumento calificándolo de “exégesis artificiosa” y “subterfugio”. Los juzgadores aclararon que el reglamento prohíbe de por vida y sin límite de tiempo que cualquier persona que haya sido echada del Estado por mal desempeño pueda postularse para ser juez. Al ocultar su cesantía, Salmain se metió por la ventana a la judicatura. Si el Senado y el Consejo hubieran sabido que era un empleado expulsado, jamás habrían aprobado su pliego.

El veredicto: Sin autoridad moral para juzgar a otros

El fallo cierra con una sentencia fulminante: no es admisible en una república que alguien encargado de juzgar el honor, la libertad y los bienes de los ciudadanos haya inaugurado su carrera quebrando el deber de veracidad. Salmain se quedó sin juez, sin fueros y con una mancha imborrable en su legajo.

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