
Luego de La noche del demonio (2010), de James Wan; La noche del demonio: Capítulo 2 (2013), también de Wan; La noche del demonio: Capítulo 3 (2015), de Leigh Whannell (guionista de las primeras cuatro películas); La noche del demonio: La última llave (2018), de Adam Robitel; y La noche del demonio: La puerta roja (2023), de Patrick Wilson (en su debut como director además de ser el protagonista), llega la sexta entrega de la saga Insidious con un nuevo personaje, la Gemma de Amelie Eve, como heroína. Mientras que el director de Pig y Un lugar en silencio: Día 1 propone una mirada sórdida, desgarradora y revisionista a la historia del legendario personaje del folclore inglés: La Muerte de Robin Hood. Aquí una selección de reseñas para elegir que ir a ver al cine, porque el cine se ve en el cine.

“La Noche del Demonio: Están entre nosotros”

Pese a haber contado con reconocidos directores y guionistas como James Wan y Leigh Whannell, la franquicia de Insidious (La noche del demonio por estos lares) nunca alcanzó el apoyo crítico de otras sagas de terror. Sin embargo, a la sociedad Blumhouse-Atomic Monster poco parece importarle el prestigio, ya que las cinco películas previas recaudaron solo en su paso por los cines (hay que sumarle los ingresos por streaming y otras rubros) 732 millones de dólares contra un costo que entre todas apenas superó los 40 millones (sin contar los gastos de lanzamiento). O sea, un excelente negocio.
Y así, 16 años después del film original y con dos precuelas como la tercera y la cuarta entregas, llegamos a La noche del demonio: Están entre nosotros, escrita y dirigida por Jacob Chase, cuyo principal antecedente era el thriller sobrenatural Ven a jugar / Come Play (2020).
El sexto largometraje comienza -en lo que ya es una suerte de lugar común del terror contemporáneo- con un prólogo ambientado en una tormentosa noche en la Pittsburgh de 1999, cuando Gemma (Charli Penton), una niña de unos 9 años, presencia lo que aparenta ser el suicidio de su madre Ingrid (Laura Gordon), que parece poseída por alguna fuerza sobrenatural, en el baño de su vivienda.
La acción salta dos décadas y en esa misma casona nos encontramos otra vez con Gemma (la británica Amelia Eve), pero ya cerca de sus 30 años y con una hija llamada Maya (Island Austin), que -oh, casualidad- también tiene 9 años. O sea, todo servido en bandeja para esa típica historia de una mujer que intenta cicatrizar los traumas de infancia y no repetir ese sino trágico que parece haber heredado de su madre.
Gemma es odontóloga (la película ofrece algunas de las escenas de terror “dental” más asquerosas de la historia del cine, de esas que obligan a taparse los ojos una y otra vez), tiene un bienintencionado novio policía llamado Nick (Brandon Perea), pero pronto descubrirá que posee poderes especiales que le permiten viajar al (y volver del) Más Allá y combatir contra las fuerzas de un ejército demoníaco liderado por un tal Cyrus (Sam Spruell) que parece un émulo de Alice Cooper y Marilyn Manson con algo de Drácula. Es precisamente para esa batalla que se le sumará la veterana Elise (Lin Shaye), el más querido y emblemático personaje de la saga Insidious.
Están entre nosotros arranca razonablemente bien, se sigue con cierto interés, “dialoga” con los personajes excéntricos de La hora de la desaparición / Weapons (el trío de muertos vivientes que vienen del Más Allá al Más Acá; es decir, el barrio donde viven Gemma y Maya) y con los laberintos claustrofóbicos y los espacios liminares de Backrooms: Sin salida, pero su segunda mitad (y especialmente su desenlace) es tan obvio, subrayado y recargado que parece como si Chase cayera en la autocomplacencia, el auto boicot y se entregara por completo a los clichés y lugares comunes del terror más berreta. En definitiva, una oportunidad perdida.
DIEGO BATLLE. Otros Cines.
En Las Tipas, Cinemark, Cinépolis, Monumental y Del Centro.
“La muerte de Robin Hood”

Según cuenta la leyenda, Robin Hood fue un (anti)héroe popular, una mezcla de delincuente y defensor de pobres y oprimidos; un hombre valiente que además era el mejor en el manejo del arco y las flechas. Sin embargo, el guionista y director Michael Sarnoski, en su tercer largometraje luego de la notable Pig (2021) y de la apenas correcta Un lugar en silencio: Día 1 (2024), no está de acuerdo con la glorificación del personaje, por lo que con Hugh Jackman como aliado (en una interpretación que por momentos remite a la de Nicolas Cage en Pig) propone una mirada crítica, revisionista, completamente alejada de cualquier atisbo de glamour o glorificación.
El Robin Hood de Jackman y Sarnoski es un hombre veterano y curtido, un hombre cínico que ha sufrido (y seguirá sufriendo) demasiado golpes en la vida (literales y simbólicos) tras décadas de guerras y saqueos, alguien que carga con el peso de muchas muertes y cuya misión final parece ser la de desmentir todas las epopeyas que en su nombre se transmiten de generación en generación.
Sarnoski y su DF Pat Scola proponen a partir de una fotografía en 35mm un imaginario oscuro y ominoso, en la línea de -por ejemplo- el cine de Robert Eggers y, así, el transitar, la deriva de Robin Hood resultará una sucesión y acumulación de situaciones extremas que él atraviesa con una sensación de permanente resignación, pero sobreviviendo de formas milagrosas. Serán los personajes femeninos (Brigid, una monja y enfermera a cargo de Jodie Comer; y Margaret, una vulnerable y pequeña huérfana que busca algo de contención y formación en el protagonista y es encarnada con delicadeza por la debutante Faith Delaney) los que le otorgarán algo de humanidad, dignidad y empatía a una historia casi siempre demasiado solemne y sangrienta.
Si el proceso de desmitificación del héroe resulta interesante, provocador y arriesgado dentro de los cánones del cine de Hollywood que suelen exaltar el heroísmo, este Robin Hood cosecha 2026 no termina de funcionar del todo como película de aventuras, como entretenimiento pensado para un público masivo. Se trata, en definitiva, de un melodrama bastante intimista e introspectivo sobre la culpa, el dolor, el hastío de la existencia y la forma de ensayar algún tipo de despedida en paz con el horizonte puesto en alcanzar una “muerte digna”.
DIEGO BATLLE. Otros Cines.
En el Monumental.
Fuente: Otros Cines.
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