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Llegan Suar y Oreiro con otros tres estrenos este jueves 13 de agosto

Suar y Oreiro, una con olor a Spielberg, Paw Patrol y una sobrenatural al estilo de Relic. Cuatro estrenos variados en la mitad de agosto, copada por grandes tanques en toda la cartelera.

El realizador de The Myth of the American Sleepover (2010), la elogiada Te sigue / It Follows (2014) y el maltratado homenaje lyncheano El misterio de Silver Lake / Under the Silver Lake (2018) volvió a la dirección tras 8 años de ausencia con el film más convencional de toda su carrera, una producción de J.J. Abrams demasiado derivativa del cine de Steven Spielberg, se llama “El final de la calle Oak”, también “Insaciable”, tras su estreno mundial en la sección Medianoche del Festival de Sundance de este año y su paso por la Berlinale 2026, llega a 30 salas argentinas el tercer largometraje de Natalie Erika James luego de Relic: herencia maldita (2020) y Apartment 7A (2024). Una más de Paw Patrol y Adrián Suar con su personaje arquetípico aterrizan en las salas de Rosario. Aquí una selección de reseñas para elgir que ir a ver al cine, porque el cine se ve en el cine.

“El final de la calle Oak” (“The End of Oak Street”)

Dueño de una filmografía por demás irregular, David Robert Mitchell regresó como guionista y director de una película que parece un remedo de Cuenta conmigo (1986), de Rob Reiner; Super 8 (2011), del aquí productor J.J. Abrams; de la popular serie Stranger Things y, sobre todo, de las Jurassic Park dirigidas en la década de 1990 por Steven Spielberg. Además, hay que decirlo de entrada, Mitchell no es Spielberg y, salvo unos pocos pasajes absurdos, delirantes y provocadores en el contexto de un film de entretenimiento familiar (como cuando al protagonista le sacan una foto mientras de fondo dos gigantes dinosaurios están copulando), El final de la calle Oak resulta una propuesta bastante genérica y convencional, que cumple con algo de bienvenido humor negro y ciertos aciertos formales con las exigencias básicas y fórmulas (lugares comunes) de este tipo de tanques concebidos para el consumo masivo.

Estamos en un típico barrio suburbano de 1982 con casas bajas y jardines y perros y vecinos molestos. Greg (Ewan McGregor) y Denise Platt (Anne Hathaway) conforman un matrimonio en crisis desde hace demasiado tiempo (ella quiere hablar del divorcio; él se niega) con dos hijos adolescentes: Brian (Christian Convery) y Audrey (Maisy Stella). Greg apenas puede soportar la humillación de trabajar repartiendo pizzas con su destartalado auto, mientras que Denise está escribiendo en secreto una novela autobiográfica sobre una mujer que planea abandonar a su familia.

Pero no habrá demasiado espacio para el drama familiar, ya que un evento cósmico bastante traído de los pelos hará que la calle Oak del título pronto se convierta en un caos con la invasión de todo tipo de criaturas prehistórica, incluidos dinosaurios que parecen importados directamente de la franquicia de Jurassic Park (este film podría funcionar como un spin-off). Y lo que vendrá es un exponente de cine catástrofe con destrucciones masivas, huidas milagrosas, festival de efectos visuales y algunos golpes de efecto que guardaremos bajo cuatro llaves.

Más allá del apuntado despliegue visual, de ciertos pasajes divertidos y del buen uso de temas pop de la época (desde Valerie, de Steve Wimwood; hasta Hit Me With Your Best Shot, de Pat Benatar), El final de la calle Oak deja la sensación de déjà vu. Un film promedio, de a ratos entrentenido, de esos que no irritan pero tampoco permanecerán en la retina una vez que se prendan las luces ni mucho menos entre los recuerdos duraderos.

DIEGO BATLLE. Otros Cines.

En Las Tipas, Cinemark y Cinépolis.

“Yo, Narciso”

En Yo, Narciso Adrián Suar encarna uno de esos papeles que le salen como de taquito, pero no es que los haga de memoria. La madurez le ha llegado a Suar tanto a la hora de actuar como de dirigir.

Su personaje no es como Pedro, de El fútbol o yo, pero sí un obsesivo, en este caso con su ego. Un tipo que pasa ante un espejo o un vidrio y se (ad)mira. Quizá se parezca otro tanto a El Tenso Polsky, protagonista de Un novio para mi mujer, o a Me casé con un boludo, o al menos el humor de Yo, Narciso se les asemeja.

No en vano el guion de Un novio para mi mujer y de Me casé con un boludo eran de Pablo Solarz, coautor con Suar de la película que estrena este jueves.

La trama se centra no solo en Máximo Rey, un cirujano plástico que es el número uno en lo suyo, pero que no tiene piedad con las mujeres a las que enamora y descarta, sino también en Rocío Flores (Natalia Oreiro), una profesora universitaria de Sociología que está investigando para escribir un libro sobre narcisismo. Y encuentra en Máximo al espécimen de estudio “de manual” para su trabajo.

Rocío se cambia de nombre y va a una consulta con Máximo, y encubiertamente lo empieza a analizar, sin que él se dé cuenta, y por más que ella viva una historia de amor con Karla (Julieta Zylberberg), a medida que conoce a Máximo empieza a crecer algo en ella con respecto a él -él cae rotundamente enamorado de ella-.

La película también está estructurada como una comedia de enredos en la que, si bien no hay puertas que se abren y cierran para que ingresen y salgan personajes, el mundo es un pañuelo y las posibilidades de que uno se cruce con el otro -que Máximo descubra que el novio que se inventó Rocío/Miranda es en realidad gay; que la hija de Máximo (Sofía Morandi), que es alumna de Rocío, lo haga con Rocío junto con su padre- está a la vuelta de cada página del guion.

Suar se está avocando no solo a producir y protagonizar ficciones en cine y teatro, sino que también ha comenzado a dirigir algunas de esas propuestas. Yo, Narciso es menos dramática que su película anterior, Mazel Tov, que era una comedia dramática -con guion de Solarz-, y está volcada decididamente hacia la comedia.

Que como todo producto de Suar tiene su momento entre tierno y sentimental.

Oreiro demuestra una vez más esa versatilidad que le permite jugar a la comedia sin vueltas tan bien como cuando le toca interpretar un personaje dramático -y aquí hasta hay sutiles diferencias de cuando compone a Rocío y a Miranda-.

La química con Suar es, se diría, perfecta: si jugaran al fútbol se pasarían la pelota redonda, y Suar sabe cómo hacer que Máximo, un tipo que por muchos motivos nos puede caer mal, le resulte querible al espectador.

En el elenco se lucen Camila Peralta (la actriz de Suavecita interpreta a las gemelas que estuvieron enamoradas de Máximo) y Moria Casán, que la única escena en que aparece -es la madre de Máximo- obviamente se la roba. Y lo bien que hace.

PABLO SCHOLZ. Clarín.

En Las Tipas, Cinemark, Cinépolis, Monumental y Del Centro.

“Insaciable” (“Saccharine”)

Natalie Erika James, nacida en los Estados Unidos pero criada y formada en Australia, se suma a una creciente tendencia del cine contemporáneo con mujeres dirigiendo estilizados y provocadores exponentes del body horror como, por ejemplo, las francesas Julia Ducournau (Voraz / Grave, Titane, Alpha) y Coralie Fargeat (La sustancia).

En el caso de Insaciable, aborda también problemáticas muy actuales como los tratamientos (y nuevos medicamentos) para bajar de peso, retrata una historia de amor lésbico, tiene una vuelta de tuerca sobrenatural y fantástica con apariciones fantasmales y hasta se atreve con cuestiones extremas como el canibalismo.

Ambientada y filmada en Melbourne con un muy modesto presupuesto, Insaciable tiene como protagonista Hana (otra notable actuación de Midori Francis), estudiante de medicina que vive angustiada por el sobrepeso y la inseguridad que sus cambios físico le generan. Tras una indecisión inicial, acepta inscribirse en un programa intensivo de transformación de 12 semanas que le propone Alanya (Madeleine Madden), la esbelta y atractiva entrenadora de gimnasio por la que obviamente se siente atraída. Casi en simultáneo, una vieja compañera de colegio le insiste en probar una píldora para adelgazar tan poco probada como costosa y de efectos aparentemente milagrosos. Hana decide hacer algunas pruebas con el fármaco y descubre que está compuesto casi en su totalidad de cenizas humanas; o sea, la “excusa” perfecta para que la historia derive hacia zonas cada vez más descontroladas y aterradoras que no vamos a adelantar.

Como suele ocurrir con muchos exponentes recientes del género, Insaciable se debate (y queda tironeada) entre una veta más autoral y recursos (y resoluciones) más propios de propuestas comerciales. Lo que en principio surge como una ácida y crítica mirada a la compulsión por adelgazar y así cumplir así con los mandatos de los cuerpos normativos, se va convirtiendo conforme avanza el metraje en un film de fantasmas, canibalismo y excesos escatológicos y sangrientos correctamente construido (James tiene buenas ideas de puesta en escena y creatividad visual), pero a la larga algo previsible y convencional.

DIEGO BATLLE. Otros Cines.

En Cinépolis.

Fuentes: Clarín, Otros Cines.

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