
El celular ocupa una parte cada vez más importante de la rutina de los adolescentes. En la Ciudad de Buenos Aires, los estudiantes secundarios permanecen un promedio de 6 horas y 10 minutos diarios frente a la pantalla del teléfono, según un relevamiento realizado por el Ministerio de Educación porteño junto al Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA).
El dato adquiere otra dimensión al cruzarlo con el bienestar de los alumnos: cuatro de cada diez presentan al menos una señal de alerta relacionada con ansiedad, depresión, somnolencia durante el día o un uso problemático del smartphone.
La investigación permitió observar que la exposición tampoco se distribuye de manera uniforme. A medida que los estudiantes avanzan en la secundaria, aumenta el tiempo dedicado al teléfono. En cuarto año, el promedio llega a 6 horas y 35 minutos, frente a las 5 horas y 44 minutos registradas entre quienes cursan primero.
En los casos de mayor exposición, el uso supera incluso las 11 horas diarias.
La diferencia según el contexto económico
El relevamiento encontró además una marcada brecha vinculada al nivel socioeconómico. Los alumnos pertenecientes a los sectores de menores ingresos utilizan el celular aproximadamente una hora y media más por día que aquellos ubicados en el quintil de mayores ingresos.
Entre las plataformas, TikTok concentra una de las mayores exposiciones. Los estudiantes que la identifican como su aplicación principal acumulan, en promedio, 6 horas y 34 minutos diarios de uso del teléfono.
Qué ocurre con el bienestar emocional
Para analizar la situación de los adolescentes, los investigadores observaron cuatro dimensiones diferentes.
Las señales vinculadas con la depresión aparecieron en el 38% de los estudiantes relevados, mientras que el 37% presentó indicadores de somnolencia diurna y el 31% mostró señales de ansiedad. Por otra parte, el 25% evidenció un uso problemático del smartphone.
Cuando los cuatro indicadores se consideran en conjunto, el resultado es que el 40% de los alumnos presenta al menos una señal de alerta.
El tiempo de utilización del teléfono también fue mayor entre quienes aparecieron en los grupos con indicadores de mayor preocupación. La diferencia llegó a 49 minutos diarios en el caso de los estudiantes con señales vinculadas con depresión y a 46 minutos entre quienes mostraron un uso problemático del dispositivo.
También se detectó una diferencia entre géneros: las mujeres registraron valores superiores a los varones en los cuatro indicadores, con las mayores brechas en ansiedad y depresión. Además, utilizaron el celular unos 30 minutos más por día.
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El debate que llega a las escuelas
Los resultados se conocen en medio de las políticas impulsadas por el Gobierno porteño para reducir el uso recreativo de los dispositivos durante la jornada escolar.
La ministra de Educación, Mercedes Miguel, sostuvo que el objetivo es recuperar la atención de los estudiantes y promover actividades que permitan reducir el tiempo frente a las pantallas. En esa línea, destacó el programa Compromiso Familiar, que ya reúne a más de 100.000 familias.
El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, también planteó que los celulares deberían utilizarse en las escuelas únicamente cuando exista una finalidad pedagógica planificada y bajo supervisión docente.
El estudio pone números a una discusión que ya atraviesa las aulas y los hogares: cuánto tiempo pasan los adolescentes conectados y qué relación existe entre esa exposición y su bienestar. Los resultados muestran que quienes presentan señales de ansiedad, depresión, somnolencia o uso problemático tienden a registrar un mayor tiempo de pantalla, aunque esa relación no permite establecer por sí sola que el celular sea la causa de esos problemas.
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