
María Alicia Zurli Giraud Billoud, una argentina de 79 años radicada en Caracas, atraviesa un dramático presente tras los terremotos que sacudieron a Venezuela. La mujer, que permanece postrada en una cama desde 2023, logró salir del edificio junto a su cuidador durante los temblores, pero su departamento quedó con graves daños estructurales y ambos pasaron la noche durmiendo en la calle por temor a un derrumbe.
En medio de la emergencia que ya dejó al menos 188 muertos, cientos de heridos y miles de damnificados, su cuidador, Luis Reyes, pidió ayuda urgente al Gobierno argentino para asistir a María Alicia, quien no puede permanecer mucho tiempo a la intemperie debido a su delicado estado de salud.
“Estamos vivos y eso es ganancia”, resumió Reyes al describir lo vivido durante los sismos.
María Alicia nació en Tres Esquinas, Mendoza, y emigró a Venezuela en 1978, luego de casarse con otro argentino. Con el paso de los años se separó y quedó sola en Caracas.
Su situación se agravó en 2023, cuando sufrió una caída en el baño que le provocó una fractura de cadera. Al no recibir atención médica, la lesión empeoró hasta dejarla completamente postrada.
Luis Reyes llegó a conocerla gracias a una vecina que le pidió ayuda. Trabaja en un hospital y, al ingresar por primera vez a la vivienda, encontró una escena devastadora. “Cuando la conocí, estaba abandonada, en una situación muy vulnerable. Estaba deshidratada, llena de heces, en una situación complicada”, recordó.
Desde entonces comenzó a asistirla con insumos médicos, pañales y cuidados permanentes. Como vivía lejos y debía trasladarse constantemente para atenderla, terminó instalándose en el departamento junto a ella. “Se hizo costumbre. Si nadie la quiere ayudar, bueno, acá estoy. De alguna manera, la adopté”, contó.
Según explicó Reyes, María Alicia tiene dos hermanos, de 76 y 73 años, quienes conocen su estado de salud pero también atraviesan problemas médicos y decidieron no involucrarse.
“Ella es la mayor y todos saben cómo está. Hizo videollamadas con su hermano, pero no cambió nada. Su único contacto en Venezuela era su exmarido, que falleció hace unos años, y quedó totalmente sola”, lamentó.
El cuidador también aseguró que intentó gestionar ayuda a través de la representación diplomática argentina cuando todavía funcionaba la Cancillería en Caracas, aunque nunca obtuvo una respuesta favorable.
“Les incomodaba mucho que yo fuera, no hicieron mucho por ella. Después intenté en la oficina de Colombia y elevaron el caso. El año pasado me contactaron para hacer un seguimiento, pero nunca vinieron a visitarla”, sostuvo.
A pesar de sus limitaciones físicas, aclaró que María Alicia mantiene plena lucidez. “Está lúcida, se acuerda de su familia y está bien. Su problema es físico-motor”, explicó.
La tarde del miércoles, mientras conversaban dentro del departamento, el celular de Luis comenzó a emitir una alerta. A los pocos segundos comenzaron los movimientos sísmicos.
“No entendí qué estaba pasando. A los diez segundos empezó a moverse el edificio. Primero fueron movimientos leves y después eran movimientos bruscos que nos hacían chocar contra la pared. Se movía para todos lados y no podíamos hacer nada”, relató.
El miedo fue absoluto. María Alicia sufrió una crisis de nervios mientras ambos esperaban que el edificio resistiera. “Estábamos en pánico los dos. Ella estuvo llorando, entró en crisis, tenía el corazón acelerado. Tenía miedo de que se derrumbara todo, así que la monté en una silla de ruedas y salimos. Por suerte estamos en un segundo piso y bajamos”, recordó.
“No es recomendable regresar porque podría ser trágico y anoche pasamos en la calle. Ella no puede estar a la intemperie mucho tiempo más y vamos a terminar entrando de nuevo al departamento aunque sea riesgoso, pero no hay alternativas”, advirtió.
“Fue algo catastrófico y el Gobierno le está dando prioridad a los edificios derrumbados. Nosotros estamos en la última fila, pero necesitamos que alguien nos ayude. Estamos a la buena de Dios”, concluyó.

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