
El histórico inmueble donde funcionó durante casi tres décadas el bar Berlín empieza a transitar una nueva etapa. Pero esta vez la apuesta no pasa por repetir la historia del mítico bar ni tampoco por avanzar con una torre de departamentos. La estrategia es encontrar una propuesta que permita volver a activar todo el edificio, preservando su identidad y aprovechando sus distintos espacios.
La propiedad de Pasaje Simeoni 1128 fue adquirida en su totalidad por un inversor privado y ahora Grupo AM Real Estate quedó a cargo de estructurar la búsqueda de los futuros ocupantes. “Vamos a trabajar en un formato de licitación privada, escuchar propuestas tanto arquitectónicas como comerciales y dinerarias”, explicó a Red Boing Yoel Milsztejn, integrante de Grupo AM Real Estate.
El esquema contempla tres variables centrales: la propuesta arquitectónica, el proyecto comercial y la oferta económica. Es decir, el objetivo es encontrar un operador que pueda darle continuidad al inmueble y, al mismo tiempo, desarrollar una propuesta relacionada con el carácter patrimonial del lugar.
Uno de los puntos que cambia la mirada sobre el proyecto es que el activo no se limita al espacio donde funcionaba el bar. Se trata de más de 1.000 metros cuadrados distribuidos entre subsuelo, planta baja y planta alta. Según detalló Milsztejn, la propiedad cuenta con unos 185 m2 de subsuelo, 445 m2 en planta baja y otros 400 m2 en la planta superior. Actualmente está dividida en dos locales al frente, el subsuelo donde funcionó Berlín y una planta alta que contiene ocho departamentos.
Por eso, la búsqueda no necesariamente apunta a un único negocio. “Puede haber más de una propuesta. Hay un proyecto para tomar todo el lugar, que ya estamos analizando, pero también estamos escuchando opciones para dividirlo en dos locales al frente y alguien que esté arriba”, explicó.
Entre las alternativas que están sobre la mesa aparecen propuestas gastronómicas, culturales, comerciales e incluso de coworking. La posibilidad de combinar distintos usos también forma parte de la ecuación.
El futuro, incluso, podría admitir una ampliación. La propiedad tiene potencial para sumar dos pisos más, aunque desde Grupo AM aclaran que esa no es la prioridad en esta etapa. La primera apuesta es poner en valor lo que ya existe. “Por el momento la idea es encontrar el locatario para poner en valor lo que hay”, remarcó Milsztejn.
Una selección con algo más que números
La particularidad del proceso es que el inversor no quiere resolver el futuro del edificio con una operación inmobiliaria tradicional. La intención es comparar las distintas propuestas y elegir aquella que logre combinar viabilidad económica con una intervención acorde al inmueble. “Queremos que lo que venga sea algo que perdure en el tiempo y no sea algo que rápidamente tenga que volver a buscar inquilino”, señalaron desde Grupo AM.
Ese criterio también estará vinculado a las condiciones patrimoniales del edificio. El inmueble cuenta con protección patrimonial y cualquier intervención debe respetar las restricciones vigentes. Por eso, la propuesta arquitectónica tendrá un peso importante a la hora de definir al futuro ocupante.
“Dentro de esa licitación vamos a estar controlando también a futuro el desarrollo arquitectónico, la obra que se haga y demás”, explicó Milsztejn. Y agregó que la fachada y otras partes del edificio no pueden modificarse libremente.
El nombre Berlín, en el medio
Después del cierre definitivo del bar y de la despedida que reunió a miles de personas en el pasaje Simeoni en marzo, la gran incógnita pasó a ser qué quedaría de aquel espacio que durante años funcionó como referencia de la noche y la cultura rosarina. La nueva etapa todavía no tiene nombre ni operador definido. Tampoco está confirmado si la próxima propuesta conservará la marca Berlín.
Desde Grupo AM prefieren mantener bajo reserva los detalles de las propuestas que ya comenzaron a llegar. Sí admiten que hay interesados y proyectos en análisis, pero ninguno fue seleccionado todavía. La intención es reunir un número suficiente de alternativas, analizarlas en conjunto y avanzar después con una definición.
“Las propuestas que venimos escuchando son todas válidas. Cuando lleguemos a un número interesante de alternativas, vamos a poner el análisis de todas juntas para compararlas”, explicó Milsztejn.
El objetivo, en definitiva, es que la historia del inmueble no termine con el cierre del bar que lo hizo famoso. La apuesta ahora es transformar un edificio que durante años estuvo prácticamente fuera de circulación en un activo comercial nuevamente operativo, pero sin borrar las características que lo convirtieron en uno de los lugares reconocibles del pasaje Simeoni.
Desde Grupo AM señalan que la intención es poder definir el rumbo durante este año, aunque todavía no hay una fecha concreta para la selección del proyecto ni para el inicio de eventuales obras. Así, mientras el Berlín como bar ya quedó atrás, el edificio que lo albergó se prepara para una segunda vida.
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