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RADIO BOING 97.3

El trasplante que le salvó la vida: la historia de Andrés Abiad en el Día Nacional de la Donación de Órganos

El periodista rosarino visitó Radio Boing junto a su hijo Simón y compartió el emotivo camino que atravesó hasta recibir un riñón donado por su hermano.

En el marco del Día Nacional de la Donación de Órganos, que se conmemora cada 30 de mayo en Argentina, el periodista y productor rosarino Andrés Abiad visitó el programa Lo Mejor de Todo de Radio Boing junto a su hijo Simón para compartir una historia atravesada por la enfermedad, la solidaridad familiar y una segunda oportunidad de vida.

Hace poco más de un año, Abiad recibió un trasplante de riñón gracias a la donación en vida de su hermano Luciano, luego de atravesar un largo proceso marcado por una enfermedad renal crónica, tratamientos médicos, diálisis y una profunda transformación personal.

La fecha tiene un significado especial: recuerda el nacimiento del hijo de la primera mujer que dio a luz tras recibir un trasplante hepático en un hospital público argentino, convirtiéndose en un símbolo de la vida después del trasplante. Y la experiencia de Abiad encaja perfectamente en ese mensaje.

Una enfermedad silenciosa que cambió todo

La historia comenzó varios años atrás, cuando le diagnosticaron una nefropatía por IgA, una enfermedad que provoca que el propio organismo ataque progresivamente los riñones. Aunque convivió con el cuadro durante años, el punto de quiebre llegó cuando decidió volver a competir en pádel. Durante los entrenamientos empezó a sentir un agotamiento fuera de lo normal.

Los estudios médicos confirmaron lo que nadie esperaba: la función renal había caído drásticamente y el trasplante era inevitable. “La suerte está echada. Todo lo que haga y todo lo que pueda mejorar no va a cambiar el final, que va a ser un trasplante”, recordó sobre aquel momento que marcó un antes y un después en su vida.

La noticia fue devastadora. Hubo lágrimas, incertidumbre y conversaciones difíciles con su familia. Sin embargo, decidió afrontar la situación sin esconderla. “Me hice amigo de lo que tenía. No lo oculté nunca”, explicó.

El gesto que le salvó la vida

Cuando llegó el momento de buscar un donante, sus tres hermanos se ofrecieron inmediatamente para ayudarlo. Tras una serie de estudios médicos y análisis de compatibilidad, la medicina determinó que el mejor candidato era Luciano, quien finalmente le donó uno de sus riñones.

Para Abiad, el gesto tuvo una dimensión imposible de medir. “Yo les dije que no iba a medir el amor de ninguno de los tres. Que el que quisiera bajarse del barco podía hacerlo y mi sensación no iba a cambiar. Los tres me dijeron que iban para adelante”, contó. La operación fue exitosa y significó el inicio de una nueva etapa.

Antes del trasplante, Abiad atravesó varios meses de diálisis, un tratamiento que describió como uno de los momentos más difíciles del proceso. “Son cuatro horas, tres veces por semana. No es doloroso físicamente, pero sí psicológicamente. Empezás a depender de eso para vivir”, explicó.

Tras realizarse estudios, recibió un llamado urgente de su nefrólogo. “Me dijo: ‘Necesito que vengas al consultorio ahora’. Le pregunté si me iba a morir. Me respondió que no, pero que era mejor que fuera rápido”, recordó.

También modificó radicalmente su estilo de vida. Se volvió vegano durante más de dos años, eliminó el alcohol, los productos industrializados y siguió estrictamente todas las indicaciones médicas para preservar al máximo la función renal que le quedaba. “No me moví un milímetro de los cuidados que me indicaron, no solo por mí, sino para honrar el riñón de mi hermano”, aseguró.

El periodista, las mil vidas y el amor por los medios

Durante la entrevista también repasó su extensa trayectoria profesional. Abiad recordó que comenzó estudiando Medicina, pero que los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996 y la figura de Gonzalo Bonadeo despertaron en él la pasión por el periodismo deportivo.

Desde entonces construyó una carrera que lo llevó por radios, canales de televisión y coberturas internacionales, especialmente en el circuito mundial de tenis y la Copa Davis.

Contó anécdotas de sus años en LT8, sus viajes por Europa y las largas jornadas laborales que llegaron a combinar radio, televisión y transmisiones deportivas. “Siento que viví un montón de vidas al mismo tiempo”, resumió.

El día que volvió a ver jugar a su hijo

Entre los muchos recuerdos que conserva del proceso de recuperación, hay uno que ocupa un lugar especial. Tras semanas de aislamiento e inmunosupresión luego del trasplante, recibió autorización para salir de su casa por primera vez.

Su elección fue inmediata: ir a ver jugar al rugby a Simón, uno de sus hijos, que lo acompañó durante la entrevista en Radio Boing.

“Tengo una foto abrazado con él, yo con barbijo, el primer día que me dejaron salir. Lo fui a ver jugar contra Logaritmo. Es una foto que me voy a llevar para siempre en el corazón”, contó emocionado.

A más de un año del trasplante, asegura que la experiencia modificó profundamente su manera de relacionarse con los demás. Reconoce que se volvió más sensible, más empático y mucho más consciente del valor de las pequeñas cosas. “Me volví llorón. Lloro mucho más que antes. Y si alguien necesita algo, siempre trato de estar”, expresó.

También suele acercarse a pacientes que atraviesan situaciones similares para transmitirles tranquilidad. “Cuando veo a alguien recién trasplantado le digo: ‘Mirá cómo quedé yo. Hay esperanza'”, relató.+

Su historia es la prueba de que detrás de cada trasplante hay mucho más que una intervención médica: hay familias, decisiones difíciles, solidaridad y una oportunidad concreta para seguir viviendo.

Y en su caso, también una deuda imposible de saldar con quien le regaló la posibilidad de seguir adelante. “No le puedo decir que no a mi hermano. Me estacionó un riñón en mi cuerpo”, dijo entre risas y emoción. Una frase que resume, mejor que cualquier otra, el vínculo que quedó para siempre entre ambos.

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