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Judiciales

Escándalo: el empresario procesado por abuso se paseaba por Luján

A días de ratificarse los cargos por corromper a diez menores, Marcelo Porcel fue grabado en una misa. Pese al fallo que exigió uso de tobillera electrónica, el acusado transita sin restricciones.

La indignación y la polémica volvieron a encenderse este fin de semana en torno al caso de Marcelo Porcel. El empresario, presidente de Campazu S.A., fue acusado de corromper y abusar de al menos diez adolescentes que asistían al Colegio Palermo Chico junto a sus hijos, fue captado el domingo paseando y participando de una misa en la Basílica de Luján con total libertad y sin la tobillera electrónica que la Justicia le había impuesto.

El viernes pasado, la Sala IV de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional había confirmado el procesamiento de Porcel por los delitos de abuso sexual gravemente ultrajante, agravado por la situación de guarda, y corrupción de menores. Además, se le trabó un embargo por más de 111 millones de pesos.

Pese a la gravedad de los cargos y al pedido desesperado de las víctimas —siete de ellas enviaron cartas a los jueces pidiendo su detención por temor a cruzárselo—, la Justicia decidió rechazar la prisión preventiva. A cambio, los magistrados ordenaron la “inmediata colocación de un dispositivo permanente de rastreo y geolocalización”. Sin embargo, el video difundido este fin de semana dejó en evidencia que la orden aún no se ejecutó y que Porcel se mueve sin restricciones.

Las autoridades de seguridad explicaron que el imputado goza de “libertad ambulatoria” y que la colocación de la tobillera no es un trámite automático, ya que se está a la espera de las órdenes formales definitivas para proceder a su instalación.

Un modus operandi aberrante

En el fallo que confirmó el procesamiento, los jueces fueron contundentes al describir cómo Porcel manipulaba a los amigos de sus hijos, aprovechándose de una “inexorable asimetría” de edad y de su posición económica.

Según los testimonios recopilados en Cámara Gesell, el empresario se acercaba a los menores actuando “como un igual”, ofreciéndoles alcohol, dinero en dólares, regalos y salidas en yate o a jugar al golf. Una vez ganada su confianza, promovía situaciones de exhibición corporal, masajes y tocamientos, e incluso se hallaron en su teléfono fotos íntimas de un menor tomadas sin su consentimiento.

Mientras las familias de las víctimas exigen respuestas ante la falta de celeridad del sistema, la imagen de Porcel caminando impune por Luján generó una ola de indignaciones para con un sistema judicial que debe revisarse a si mismo.

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