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Críticas de cine

Seis estrenos llegan el primer jueves de septiembre a las salas de Rosario

“Pepita La Pistolera”, “Zona Cero”, “Masha y los osos”, “La negociación”, “Esa cosa con alas” y “Una quinta en Portugal” se estrenan este primer jueves del mes en las salas rosarinas.

“Pepita” llega de la mano de la directora de XXY, El niño pez, Wakolda, La caída y Los impactados reconstruyó con una estimulante potencia narrativa la historia real de Margarita Di Tullio en la oscura Mar del Plata de mediados de la década de 1980. Desde que se estrenó en el Festival de Málaga 2025, este segundo largometraje de la directora de Vasil (2022) no paró de recibir premios y elogios. Casi un año y medio después, llega finalmente a las salas argentinas.

“Zona Cero” aterriza en la ciudad, del director de El rey de los cerdos (2011), Estación Seúl (2016), la muy exitosa Invasión zombie / Train to Busan (2016), Psychokinesis (2018), Estación zombie 2: Península (2020) y JUNG_E (2023) regresa con otro film de terror con zombies que tuvo su estreno mundial en el reciente Festival de Cannes, pero el resultado final no supera la media del cine coreano de género.

“La negociación” del director de Mi mundo privado, Todo por un sueño, En busca del destino, Descubriendo a Forrester, Gerry, Elefante, Paranoid Park, Milk y No te preocupes, no irá lejos reconstruyó un secuestro ocurrido en 1977 para exponer las miserias y abusos del capitalismo más salvaje. Completan el live action de “Masha y los osos”, “Esa cosa con alas” y “Una quinta en Portugal”. Aquí una selección de reseñas para elegir que ir a ver al cine, porque el cine se ve en el cine.

“Pepita, la Pistolera”

Dentro del imparable fenómeno de las true crime stories tanto en el cine como sobre todo en los servicios de streaming, Pepita, la Pistolera no solo se ubica por encima de la media local sino que alcanza un merecido estreno en salas.

Lucía Puenzo y sus coguionistas Andrés Gelos y Tatiana Mereñuk construyen un entramado que mixtura con más aciertos que carencias el drama íntimo de una mujer de los bajos fondos en un contexto social y político marcado por la corrupción generalizada y la violencia de género en la por entonces renaciente democracia.

Estamos en la zona portuaria marplatense en 1985. Margarita Di Tullio (Luisana Lopilato, en la que probablemente sea la mejor actuación de su carrera) está embarazada, trabaja como prostituta top en un burdel manejado con mano dura por el Cuervo (Alberto Ajaka) y tiene como cliente preferencial a Germán (Claudio Tolcachir), el capitán de un barco que está enamorado de ella y está dispuesto no solo a mantenerla sino incluso a invertir para que salga adelante.

La situación general es ominosa en esa zona portuaria, pero también en otras partes de la ciudad, donde el denominado “Loco de la Ruta” está asolando con brutales crímenes que tienen como víctimas a trabajadoras sexuales. Ante esta situación, y harta de los abusos del Cuervo, Marga intenta abrirse, armar su propio negocio y darle empleo a sus amigas y compinches Nemeca (Charo López), Vicky (Camilia Peralta) y la novata Polaca (Gala Nisenson). Para ello, deberá negociar con referentes del poder (corrupto) como el todopoderoso juez Perkins (Marcelo Subiotto).

Con referencias que van desde Zodíaco, de David Fincher, hasta Bonnie y Clyde, de Arthur Penn, Pepita, la Pistolera expone la creación a sangre y fuego de un imperio clandestino pero de alguna manera también bienintencionado a cargo de una mujer con tanta inteligencia como agallas (la épica feminista resulta quizás por momentos un poco forzada). En ese sentido, hay una escena en la que, mientras suena de fondo La Bestia Pop, clásico de Los Redondos, se presenta el surgimiento y consolidación del universo de Pepita a través de un vertiginoso montaje que recuerda a Casino, de Martin Scorsese.

Puenzo y su equipo prefieren concentrarse en la dinámica y las lealtades entre los personajes femeninos, mientras que el Cuervo resulta un villano sin matices propio de un film de gangsters; sus colaboradores, el Tarta (Gustavo Bassani) y Américo (Esteban Bigliardi), casi no tienen desarrollo, y es Germán quien adquiere algo de humanidad y empatía.

Tanto la ambientación de época (la dirección de arte es de Marcelo Chaves) como el despliegue visual (la fotografía es de Iván Gierasinchuk) son muy buenos y nos sumergen en ese submundo de buques con marineros libidinosos, de clubes nocturnos donde abundan el lap dance, las strippers, los tragos caros y los clientes sedientos de sexo y de rutas desoladas en las que en cualquier momento puede irrumpir un asesino serial.

No es Pepita, la Pistolera una película perfecta, pero entre tanto producto algorítmico basado en crímenes reales resulta una bienvenida rareza y hasta un bálsamo. Puenzo cree en el poder cine, en la capacidad de fascinación que genera la pantalla gigante de una sala a oscura, y, por eso, su film tiene los méritos suficientes como para ser visto en esas condiciones ideales.

DIEGO BATLLE. Otros Cines.

En Las Tipas, Cinemark, Cinépolis, Monumental y Del Centro.

“Una quinta en Portugal”

Una quinta en Portugal (título levemente rebautizado del original Una quinta portuguesa) se vincula con ese cine español -sobre todo dirigido por mujeres- que narra la vida rural (y en varios casos, la mudanza de la ciudad al campo) en tiempos de crisis. Pero, más allá de la calidez, simpatía y belleza que transmite en buena parte de sus casi dos horas, hay en el trasfondo de este film escrito y dirigido por Avelina Prat cierta insatisfacción y un misterio respecto de la usurpación de personalidades ajenas que lo tornan un poco más perturbador que los otros exponentes de esa tendencia.

Fernando (el gran Manolo Solo, visto en films como Tarde para la ira, El buen patrón o Cerrar los ojos; aquí en uno de sus últimos trabajos, ya que falleció el 30 de julio pasado a los 62 años) es un profesor de Geografía que un día, al regresar a su hogar, descubre que su esposa de origen serbio llamada Milena se ha ido sin dejar rastro. Tras el impacto inicial, decide no ir a buscarla (la policía le informa que ha dejado España y regresado a su país) y emprende, en cambio, un viaje hacia Portugal, donde adoptará la identidad de un hombre que fallece y comienza a trabajar como jardinero de la quinta portuguesa a la que alude el título.

En ese tranquilo e idílico entorno (el film se rodó en la zona de Braga y la finca está en el pueblo de Ponte do Lima), entablará una amistad con la dueña, Amalia (la siempre luminosa María de Medeiros) y se integrará de a poco a los vecinos de la comunidad. Pero, quedó dicho, hay algo incómodo en esa suplantación y en el pasado no resuelto del protagonista, que Prat deberá abordar sobre todo en la parte final de una película no siempre convincente, pero que jamás pierde su interés y hasta su encanto.

Film a contramano del cine hiper estimulado de hoy, Una quinta en Portugal aborda con bastante sensibilidad cuestiones como la pérdida, el abandono, el duelo, la soledad y el malestar existencial iniciales, la inmigración y el desarraigo, la búsqueda de un nuevo hogar (otro lugar en el mundo), la reconciliación y las segundas oportunidades; es decir, un film intimista, que se asienta en largas charlas al atardecer o juegos de naipes por las noches, pero revestido de una intriga más propia del thriller psicológico que del drama. Así, el constante pendular entre ambos universos hace de este segundo largometraje de Prat una bienvenida rareza.

DIEGO BATLLE. Otros Cines.

En Cines del Centro.

“Zona Cero”

A esta altura de la evolución del cine coreano, afirmar que un film de género de esa procedencia está hecho “con oficio”, “con profesionalismo”, “con un sofisticado despliegue visual”, “con un acabado técnico incuestionable” y otros conceptos por el estilo a los que apelamos los críticos es no solo un lugar común sino una obviedad. Es difícil (diría que casi imposible) que una industria audiovisual como la de ese origen ofrezca una película con demasiadas carencias, desniveles y mucho menos errores importantes.

Pero es justamente por esa solvencia que uno no debería conformarse con un film como Zona Cero, en el que nada está mal pero tampoco tiene esa capacidad de sorpresa, de provocación y de audacia que caracterizaron al mejor cine de ese origen desde la década de 1980 y que todavía de vez en cuando lo sigue haciendo.

Da la sensación de que a Yeon Sang-ho no le hizo bien el descomunal suceso conseguido con Invasión zombie / Train to Busan porque ya lleva una década haciendo films para Netflix o para estrenar en salas que de alguna manera son un remedo, una deriva, un reciclaje o una variación de aquel film y siempre con resultados bastante menos estimulantes.

En el caso de Zona Cero, buena parte de la película transcurre dentro del edificio de Chains Bio, gigante biotecnológico que ha despedido a Young-cheol (Koo Kyo-hwan), un joven científico resentido que trama una venganza que hará estragos. Este villano que combina astucia y crueldad esparce un arrasador virus mientras que su propia sangre contiene el único antídoto, por lo que no puede ser asesinado si se quiere tener alguna esperanza de sintetizar una vacuna.

Y, si hay villano, también hay un héroe o -como en este caso- una suerte de heroína (a pesar suyo). El científico Han Kyo-seong (Go Soo) ha llevado a su ex esposa Kwon Se-jeong (la súper estrella coreana Gianna Jun), una brillante bioquímica, a una conferencia en Chains Bio con la idea de ayudarla a tener luego algunas audiencia que le permitan conseguir trabajo, pero esta mujer en principio cínica y arisca se verá obligada a comprometerse de una manera que ni siquiera imaginaba. Y luego aparecerá en escena la actual pareja de Kyo-seong (Shin Hyun-been) como para que ambas mujeres que han estado casadas con el mismo hombre deban unir fuerzas.

En medio de un festival de conversiones de decenas de humanos en despiadados caníbales, se producirá un paulatino y creciente fenómeno de empoderamiento y sororidad femenina muy a tono con estos tiempos. Los ataques de zombies (aunque técnicamente no lo son, ya que no son muertos vivientes) están descriptos con toda la espectacularidad y el sentido coreográfico del que suele hacer gala el cine coreano en general y Yeon Sang-ho en particular. Habrá constantes mutaciones y comportamientos que se asemejan al de los simios e insectos (los infectados se comunican entre sí como si integraran una colonia de hormigas), aunque las explicaciones, las justificaciones o el verosimil poco importan en películas sangrientas con extremos gore como esta, que está llena de homenajes (a George A. Romero, por ejemplo), de guiños cómplices y de permisos para todo tipo de excesos y caprichos.

Para apelar a otra frase gastada de las reseñas, Zona Cero es una película post-pandémica de bioterrorismo que “se deja ver”, sobre todo para quienes tienen predilección por el universo apocalíptico. Y, como en toda industria que se precie de tal, todo queda abierto para una secuela. Los números de taquilla determinarán si la misma es plausible y deseable. En cuanto a la “evolución” de la especie cinematográfica, no se trata de un gran avance para la humanidad.

DIEGO BATLLE. Otros Cines.

Las Tipas, Cinépolis y Monumental.

“La negociación”

Gus Van Sant intentó con La negociación (anodino título local para el original Dead Man’s Wire) hacer su propia Tarde de perros / Dog Day Afternoon, pero lo más cerca que estuvo de aquel clásico de 1975 dirigido por Sidney Lumet es haber contado también (aunque muy brevemente) con Al Pacino.

Inspirado en un caso real que tuvo en vilo durante tres días a la sociedad estadounidense, La negociación tiene como perfecto antihéroe a Tony Kiritsis (Bill Skarsgård), un hombre acuciado por su deuda de 130.000 dólares con la compañía hipotecaria Meridian Mortgage, a la que acusa de haber saboteado sus proyectos inmobiliarios para quedarse con la propiedad de 7 hectáreas que había comprado.

Fue así que el 8 de febrero de 1977 Kiritsis ingresó a las oficinas de Meridian Mortgage en Indianápolis, tomó como rehén a Richard O. Hall (Dacre Montgomery), ejecutivo e hijo del dueño M.L. Hall (Al Pacino), y ató el extremo de un cable al gatillo de una escopeta Winchester calibre 12 y enrolló la otra punta en el cuello de la víctima en un sistema conocido como “cable de hombre muerto” (de allí el título del film). Esto significaba que, si un policía atacaba a Kiritsis o Hall intentaba escapar, el arma se dispararía y lo alcanzaría en la cabeza.

Frente a los agentes de policía (luego se sumaron desde agentes del FBI hasta decenas de periodistas que transmitieron los hechos y hasta una conferencia de prensa del protagonista en vivo), Kiritsis demandó la condonación de la deuda y unas disculpas públicas de los dueños de Meridian Mortgage por lo que consideraba una estafa.

Aunque la historia ocurrió casi medio siglo atrás, el hecho se resignifica y adquiere enorme actualidad en estos tiempos en los que la Argentina tiene varios millones de deudores morosos por las tasas abusivas que les cobran. Kiritsis es, en ese sentido, un prototípico exponente de la clase media que se siente humillado, traicionado, que pide respeto y reivindica su honorabilidad.

Lejos de la experimentación de Elefante y Paranoid Park, La negociación es un correcto thriller psicológico que avanza a propulsión de muy buenos temas de soul (Barry White, Roberta Flack, Donna Summer, etc.), irrupciones de simpáticos personajes secundarios como Fred Temple, el DJ cool que interpreta Colman Domingo con su voz de locutor, mientras el Kiritsis de Bill Skarsgård protagoniza esa guerra de un solo hombre contra el sistema. Ya sabemos cómo suelen terminar estas épicas individuales frente al poder real (sobre el final Van Sant recurre a los habituales carteles explicativos y las imágenes de archivo con los hechos reales), pero el director nunca deja de reivindicar esta rebeldía incluso algo desesperada e inocentona cuando el capitalismo muestra su faceta más inhumana.

DIEGO BATLLE. Otros Cines.

En Del Centro.

“Esa cosa con alas”

¡Pobres los cuervos! Ave de mal agüero por antonomasia en la cultura occidental, desde los tiempos más remotos su figura es vinculada a lo funesto, lo trágico, lo atroz o cualquier otra situación que implique algún tipo de mala espina. Como ocurre con las personas, su única culpa para semejante condena es la de andar con el color negro como carnet de identidad. Si a eso se le suma el perfil corvo y una voz de serrucho que intimida, el pobre pájaro parece haber sido diseñado para estimular los peores prejuicios. Por eso no sorprende que se lo asocie a la muerte, en especial después de que Edgar Allan Poe escribiera en su honor el poema más oscuro. Sobre todo eso se apoya el relato que pone en escena Esa cosa con alas, del inglés Dylan Southern.

Basada en una novela de título más explícito —El duelo es esa cosa con alas, del editor y escritor británico Max Porter (publicada en el país por Penguin solo en versión digital)—, la película cuenta la historia de un hombre de mediana edad que acaba de perder a su esposa y debe sobrellevarlo junto a sus dos hijos chiquitos. Atrapado en la espiral sin fin del luto y sin poder hacer pie en lo cotidiano, el tipo comienza a ceder bajo el peso del dolor. Así, de a poco, el tono del relato comienza a oscurecerse aún más, echando mano a ciertos recursos propios del cine de terror que ayudan a afirmarlo en el terreno de la alegoría.

Hace unas semanas, a propósito del estreno de Insaciable (Natalie Erika James, 2026), en estas páginas se mencionó un truco muy usado en las películas de ese género, que consiste en corporizar en una entidad física ciertos procesos internos del protagonista. En este caso, todo aquello que conlleva el duelo adquiere la forma de un cuervo de diseño antropomórfico, que una noche se cuela en la casa para atormentar a esta familia doliente. Como quedó claro en el primer párrafo, encarnar este proceso en el símbolo del pájaro negro no deja de ser una decisión esperable, un lugar común. Sin embargo la película consigue desarrollarla de forma atractiva, potente y conmovedora.

El vínculo con el cuervo se articula sobre las conocidas fases del duelo (negación, enojo, negociación, depresión y aceptación), volviendo verosímil un proceso que no será igual para el padre que para los hijos. El exquisito trabajo de arte y diseño es fundamental para que el juego simbólico no se resquebraje. Con una sola excepción, que llegará encarnada en un nuevo personaje que viene a representar una de las etapas finales del luto. En ese punto Esa cosa con alas se pasa de rosca, con una secuencia de cinco minutos que altera el registro y lleva el jueguito más allá del límite, haciendo que la ilusión se rompa. Y si bien el último acto se reacomoda sobre el eje emocional, ese sacudón innecesario deja una marca notoria en el sabor final de la experiencia.

JUAN PABLO CINELLI. Página 12.

En los Cines del Centro.

“Masha y los osos”

Masha tiene que salvar a su hermano, que ha caído bajo el hechizo de los espíritus malignos del bosque y se ha convertido en una cabra. Para romper la terrible maldición, la niña tiene que unir fuerzas con los héroes de cuento de hadas que conoce desde la infancia: los tres osos.

En el Cine Monumental.

Fuentes: Otros Cines, Página 12.

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