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Cartelera

Estrenos variadísimos el primer jueves de noviembre

Cinco estrenos con todas las opciones, animación, acción, titanes peleando y más llegan a las salas de la ciudad.

Godzilla nuevamente, Owen Wilson con Alan Ritchson, El Gato con Sombrero pero animado, Chris Evans en una de Costa Gavras hijo entre los estrenos este jueves de noviembre, y aquí hay una selección de reseñas para elegir que ir a ver al cine, porque el cine se ve en el cine.

“Godzilla Minus Zero”

La función de prensa de Godzilla Minus Zero se hizo en la sala IMAX que la cadena Showcase tiene en Norcenter y, como este nuevo film escrito y dirigido por Takashi Yamazaki fue concebido en sus secuencias principales con y para esa tecnología, no hay mejor experiencia posible para disfrutarlo en toda su dimensión y esplendor.

Godzilla Minus Zero, ambientada en 1949 (dos años después de la película original), tiene todos los atributos que el cinéfilo ávido de este tipo de tanques necesita y “exige”: es más grande, vertiginosa, larga, espectacular e imponente que Minus One, aunque para mi gusto resulta también algo más torpe, superficial, subrayada y sobreactuada que el largometraje de 2023. Se sabe que para cualquier espectador que busque este tipo de propuestas, se trata de detalles casi irrelevantes en el contexto de una producción como la de Toho Studios, que bebe de la rica tradición del kaiju, pero hay algo sobredimensionado y desmesurado en la concepción general del proyecto que contrasta con ciertas carencias y simplificaciones dramáticas o lugares comunes incluso dentro de los cánones del melodrama familiar más tradicional del cine nipón, en el que conviven la culpa, el sacrificio y el heroísmo.

Construida con una estructura coral (los protagonistas van desde el atormentado matrimonio de Koichi y Noriko Ōishi, que regresan de la película anterior, junto a su pequeña hija adoptiva Akiko, hasta Kenji Noda, otro personaje que vuelve y ahora dirige la Oficina de Respuesta a Desastres, pasando por el Dr. Ogata, científico clave para enfrentar la crisis, y la brillante meteoróloga Makoto), Godzilla Minus Zero tiene en un principio como monstruo principal a King Ghidorah, icónico y legendario dragón de tres cabezas y dos colas. La devastación que genera a su paso es absoluta, por lo que la única opción pasa por lograr que se enfrente con Godzilla (su tradicional archienemigo, que ya cumplió… ¡72! años).

No es cuestión de adelantar demasiados detalles (es gracioso lo patéticos que son los personajes estadounidenses), pero —claro— los distintos clímax de la película se alcanzan cuando las criaturas arrasan con ciudades enteras o cuando sostienen los verdaderos duelos de titanes (auténticas coreografías con el sello, a esta altura inconfundible, de Takashi Yamazaki).

Verla en IMAX cumple con creces con las expectativas, aunque también se perciben algunas debilidades visuales: fondos algo artificiales, una back projection que remite al cine de otra época y monstruos que parecen superpuestos sobre los planos. Si se los toma como guiño retro y exaltación nostálgica, el resultado es más tolerable, pero no siempre parecen una decisión deliberada y a veces surgen más como una limitación. De todas formas, quedó dicho, el balance no deja de ser positivo y el entretenimiento a escala mayúscula está más que asegurado.

DIEGO BATLLE. Otros Cines.

En Las Tipas, Cinemark, Cinépolis, Monumental y Del Centro.

“Babystar”

Pocos temas más actuales y pertinentes que la obsesión por mostrarse 24/7, por monetizar en YouTube y en redes sociales cada situación de (supuesto) placer, glamour y éxito, pero al mismo tiempo hay que tener algo diferenciado y superador que decir al respecto. Y, en ese sentido, Babystar -con toda la elegancia y solvencia con que construye su universo- parece quedarse corta a la hora de satirizar con ironía o analizar con cierta profundidad este fenómeno desde una mirada provocadora.

Luca (Maja Bons) es una influencer de 16 años que ha crecido frente a las cámaras como una de las protagonistas de @our_bright_life, un reality show familiar con casi cuatro millones de seguidores. Pero cuando sus padres Stella y Chris Sommer ((Bea Brocks y Liliom Lewald), ambos de unos cuarenta años, le cuentan que tendrán otro hijo, ella comienza a cuestionarse su identidad y su lugar dentro de ese engranaje audiovisual y promocional.

En ese proceso descubre que prácticamente toda su vida -incluso situaciones muy íntimas de su infancia- han sido expuestas de forma pública en YouTube. La sensación de incomodidad, rechazo y resentimiento es creciente, imparable. De la farsa y la apariencia de una vida perfecta a un lugar de víctima de un mundo artificial creado por adultos que la han explotado. El camino de exploración y rebelión por parte de Luca, que incluirá conexiones afectivas por fuera de ese endogámico núcleo familiar, queda planteado desde ese inicio y la iremos acompañando en ese camino (trance) no exento de dolor.

Bongard describe con sensibilidad y recato, sin excesos lacrimógenos, la angustiante crisis existencial de la adolescente, pero también hay algo demasiado frío, artificial y distante en ese retrato que -quedó dicho- no resulta todo lo audaz e inquietante que podría haber sido. Más allá de que parece haberse quedado a mitad de camino, Babystar tiene unas cuantas pinceladas valiosas para aquellos interesados en analizar los efectos nocivos que entre los jóvenes está generando esta compulsión al exhibicionismo, a mostrarse siempre potente, bello y avasallante cuando por dentro los sentimientos son muy distintos.

DIEGO BATLLE. Otros Cines.

En Cines Del Centro.

 

“Entrega al límite”

Cualquiera que maneje un coche para una aplicación de delivery debería pedir un fuerte aumento por hora si le piden entregas como esta. Es que Entrega al límite imagina la peor situación posible para alguien cuyo trabajo es entregar paquetes a domicilio. Es cierto, la tarea que debe cumplir Hank Malone (Alan «Reacher» Ritchson) no es exactamente igual a la de un chico que lleva una pizza en su bici. El hombre es un «runner», un musculoso y entrenado ex militar que se encarga de entregar pedidos un tanto más delicados e importantes. Y en el curso de los 98 minutos de la  película le cabe uno especialmente difícil.

No tanto por lo que tiene que entregar en sí, sino por las personas que se involucran en el recorrido con el objetivo de quedárselo. Hank tiene que llevar un hígado de un donante a una niña que lo espera en la sala de un hospital. Tiene un tiempo limitado para hacerlo, ya que de pasar cierta cantidad de horas el órgano ya no sirve. Y es así que el hombre, un alcohólico en recuperación que está radicado en Australia y tiene, por supuesto, un trauma familiar pesando sobre sus anchos hombros, se mete en la tarea.

Scott Waugh (Need for Speed) es, como muchos de los buenos directores de género, un ex doble de acción, alguien que sabe mucho a la hora de armar ese tipo de escenas. Y es ese el fuerte de una película que unirá a Ritchson con Owen Wilson tratando de generar una dupla algo cómica que le de al relato algún tipo de encanto verbal y tono humorístico. Pero eso no funciona del todo bien. Waugh demuestra tener más ideas a la hora de montar espectaculares persecuciones que al poner a dos personas a conversar.

Wilson es Ben Bishop, el encargado de traer dicho hígado y quien acompaña a esa tecnológica heladerita sin soltarla casi de su mano. Lo que ninguno de los dos imagina es que un grupo armado y violento los perseguirá con intenciones de quedarse con el paquete, que aparentemente tiene un valor millonario en el mercado negro. ¿O tendrán otras, más secretas intenciones? El líder del grupo es Damián (el brasileño Rodrigo Santoro), un mafioso supuestamente colombiano que tiene entre ceja y ceja el paquete en cuestión y hará lo que sea para quedárselo.

Ese es el planteo sobre el que avanza y se sostiene Runner, una película de acción clase B cortesía del sello de cine «cristiano» Angel Studios, que se caracteriza por películas que cuentan historias ligadas a la fe o de inspiración familiar, y que se ha consolidado en la industria gracias a éxitos como Sound of Freedom (2023). Llamativamente violenta para ser una historia «inspiracional» y sin nada directamente religioso más allá del esfuerzo y sacrificio que los protagonistas hacen para salvarle la vida a una niña, la película de Waugh funciona mejor cuando se pone en movimiento. De hecho, por lejos la mejor escena es una persecución callejera en unas pocas tomas que es realmente impactante, por más que uno pueda imaginar que está llenas de trucos y manipulaciones en posproducción.

Por fuera de eso, no hay mucho. Las escenas de acción más ligadas a enfrentamientos y peleas con armas o cuerpo a cuerpo son mucho más rutinarias y menos creativas. Lo que sí funciona allí es Ritchson, quien con esa figura gigantesca casi de dibujo animado, torna más o menos plausible que un hombre pueda arreglárselas contra una docena o más. Junto a los bellos paisajes australianos —no tan vistos en el cine como los de ciudades estadounidenses—, Ritchson es el efecto especial que hace que la película no decaiga del todo.

DIEGO LERER. Micropsia.

En Las Tipas, Cinépolis y Monumental.

“El Gato Con Sombrero”

No es, El gato con sombrero, un personaje que en la Argentina sea recontra conocido. No tiene la popularidad que sí posee en los Estados Unidos o en Europa, donde su autor, Dr. Seuss (Theodor Seuss Geisel, 1904 -1991), es un reconocido y afamado escritor y caricaturista.

El Gato con sombrero tuvo una adaptación con actores, dirigida por Bo Welch en 2003, en la que Mike Myers, que venía de prestarle la voz a Shrek, encarnaba con una tonelada de maquillaje y más al personaje creado por Dr. Seuss.

En ella todo era más que exacerbado y el humor era muchas veces de doble sentido, como destinado a un público no precisa y enteramente infantil.

En la nueva versión, que llega recién 23 años después, en parte por la furia desatada por los fans de Dr. Seuss por aquel filme, el Gato es más amigable, y tiene a los chicos como principales espectadores.

Aquí, el Gato con sombrero mágico blanco y rojo pertenece al “Instituto de la Imaginación” y tiene la misma misión de siempre: ayudar a chicos que atraviesan momentos difíciles o mudanzas, como es el caso de la preadolescente Gabby y su hermanito Sebastian. ¿Cómo? Transformando las cajas de cartón en las que transportaron sus pertenencias en portales interdimensionales.

Así, el departamento recién alquilado por su mamá Carmen muy pronto se va a transformar en otra cosa. El viejo sillón de dos cuerpos incluido pasará a ser un vehículo cuando le salgan volante, palanca y ruedas, y si se zambullen en las mencionadas cajas de cartón, ni les cuento.

El Gato con sombrero tiene un colorido, una paleta de colores desaforada, que hace perfecta combinación y juego con las aventuras que vivirán el personaje del título, Gabby, Sebastian y Waffles, el pececito naranja con su pecera incluida.

Quienes conocen la historia, creada por el mismo autor que El Grinch, saben que hay una familia de Cosas, con sus remeritas numeradas del 1 para arriba (¿por qué no está el número 2?: ya lo averiguarán si van a ver la película) y que Algo es el ser enigmático y malo, que aquí los persigue porque quiere apropiarse del Va-patrás, un reloj tan mágico como todo lo que se ve, pero que ofrece la particularidad de que permite ir, precisamente, el tiempo hacia atrás.

Es probable que la película resulte por momentos algo confusa a los más pequeños. Los directores Alessandro Carloni (Kung Fu Panda 3) y Erica Rivinoja (guionista de Lluvia de hamburguesas 2 y candidata al Oscar por el guion de Borat Subsequent Moviefilm) tiran todo sobre la parrilla.

El espectador con un ojo atento descubrirá cómo del día con lluvia se pasará a uno soleado. Detalles que los realizadores no habrán dejado así porque sí.

Ah, busquen si quieren las salas con copias subtituladas, con las voces originales. Están, pero hay que rastrearlas.

PABLO O. SCHOLZ. Clarín.

En Las Tipas, Cinemark, Cinépolis, Monumental y Del Centro.

“Sacrificio: los elegidos”

Sacrificio: Los elegidos podría integrar un cohesivo doble programa con la reciente Digger. Ambos largometrajes comparten tópicos e intereses temáticos –el cambio climático y la injerencia de las grandes corporaciones en su devenir–, un tono satírico que dispara balas en varias direcciones, un reparto integrado por figuras reconocidas y resultados artísticos no del todo satisfactorios. Sin embargo, el cuarto largometraje del greco-francés Romain Gavras –hijo del célebre cineasta Costa-Gavras, aún activo a sus 93 años– tiene un par de ventajas por sobre el estrepitoso fracaso comercial del mexicano Alejandro González Iñárritu. En primer lugar, una duración más escueta, que evita el lastre del exceso de metraje, amén de un jugueteo con ciertos géneros cinematográficos que se amoldan mejor a la propuesta. En Sacrificio el punto de partida no es un desastre ecológico en proceso, sino una reunión de empresarios, millonarios y celebrities en el marco natural de una mina ubicada en el corazón de una isla griega.

El encuentro, organizado por un magnate obsesionado con salvar el planeta gracias a la minería submarina (el francés Vincent Cassel, viejo conocido de Gavras junior), tiene toda la pinta de ser uno de esos eventos donde los invitados están más preocupados por su propia imagen que por el estado del planeta Tierra. Es el caso, sin duda, de Mike Tyler (Chris Evans), una estrella de Hollywood que camina los senderos de la cancelación luego de regalar actitudes poco convenientes frente a un teléfono celular, con la consiguiente viralización de esas imágenes y sonidos. Entra en acción un grupo de eco-terroristas comandado por una joven llamada Joan (Anya Taylor-Joy), la mayor de tres hermanos criados en medio de la naturaleza y sin demasiado contacto con el mundo exterior, suerte de comando armado hasta los dientes y convencido de que un volcán cercano está a punto de hacer erupción. El comienzo del fin del mundo, a menos que tres personas elegidas concienzudamente entre los presentes sacrifiquen su vida ante el fuego surgido de las entrañas de la Tierra.

Con ese punto de partida, Gavras le da forma a una comedia satírica donde los dardos penetran alternadamente en uno y otro grupo: los ricos y famosos y los guerrilleros ecológicos. Tyler, cuyas luces mentales no iluminan demasiado, comienza a convencerse de la relevancia de la misión de salvataje, ante la estupefacción de propios y ajenos, y el film gravita hacia las zonas reconocibles del folk horror, aunque nunca termine de pisar firmemente ese terreno. Con la participación de nombres como Salma Hayek, la cantante Charli XCX y John Malkovich –este último en un rol secundario ideal para su histrionismo y sentido del humor–, Sacrificio: Los elegidos avanza de absurdo en absurdo con momentos incisivos y otros desatinados. Es un film extraño, desparejo y un tanto pueril, aunque creado con las mejores intenciones.

DIEGO BRODERSEN. Página 12.

En Las Tipas, Cinépolis y Monumental.

 

Fuentes: Otros Cines, Micropsia, Página 12, Clarín.

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