
La plataforma de mensajería Telegram quedó en el centro del debate en Europa tras una denuncia de la ONG AI Forensic, que alertó sobre la difusión de contenido sexual sin consentimiento y material vinculado a abusos de menores dentro de la aplicación.
Según un informe reciente, la organización detectó un “ecosistema de abusos” en canales y grupos de la plataforma, donde miles de usuarios comparten y comercializan imágenes y videos íntimos sin autorización.
El relevamiento identificó alrededor de 25.000 usuarios activos en este tipo de redes y más de 80.000 archivos de contenido sexual explícito circulando, algunos incluso con participación de menores.
Además, el estudio advirtió que estos contenidos no solo se difunden a gran escala entre países como España e Italia, sino que también incluyen prácticas como el acoso coordinado, la exposición de datos personales (doxeo) y el uso de inteligencia artificial para generar imágenes sexuales.
Frente a este escenario, AI Forensic pidió que la Unión Europea incluya a Telegram dentro de la categoría de “plataformas online muy grandes” (VLOP) bajo la Ley de Servicios Digitales (DSA), lo que implicaría mayores obligaciones en materia de moderación, control de contenidos ilegales y protección de usuarios.
Actualmente, Telegram no está alcanzada por las regulaciones más estrictas del bloque, ya que la propia compañía asegura no superar el umbral de 45 millones de usuarios mensuales en la Unión Europea, requisito clave para ser considerada una gran plataforma.
La ONG también cuestionó la eficacia de los mecanismos de moderación de la aplicación: si bien algunos grupos fueron eliminados, volvieron a aparecer con rapidez bajo otros nombres, lo que evidencia —según el informe— fallas estructurales en el control de este tipo de contenidos.
El caso reaviva el debate en Europa sobre la responsabilidad de las plataformas digitales frente a los contenidos ilegales y los límites entre la privacidad, la libertad de expresión y la seguridad de los usuarios. Mientras avanzan las investigaciones y las presiones regulatorias, el futuro de Telegram en el bloque podría quedar sujeto a nuevas exigencias legales.
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