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Opinión

Sophia, Valentín y las red flags que no llegaron a tiempo

Ambos tenían 22 años y estudiaban juntos psicología. Ella se había mudado con él, pero estaba buscando trabajo para mudarse después de algunas señales de alerta, de las que había hablado con sus amigas.

Los posteos de Valentín en IG con Sophia,.

“Te amo y no dejo de pensar en vos”. Podría ser un pasacalle, posteo de Instagram o mensaje de Whatsapp que manda alguien a su pareja antes de ir a dormir, o a la hora del día que sea. Lo naturalizamos y hasta sentimos que nos hace bien, ¿pero es sano que el otro piense todo el tiempo en mí? ¿Es amor o encierro?

Los mensajes sobre el amor romántico parecían igualar a la pareja con un contrato de propiedad. Las canciones, las novelas, el cine, los poemas, el “crimen pasional”. Es que la amaba demasiado.

En Argentina a partir de 2015, después de la muerte de la adolescente Chiara Páez de 14 años en Rufino, comenzó a reescribirse la historia. El asesino había sido su novio Manuel Mansilla, que tenía 16. La mató y la enterró en el patio de su casa. Ella estaba embarazada.

Primero fue la comunidad rufinense, que reaccionó con estupor. Pero después el caso escaló y entonces hubo una movilización nacional aquel 3 de junio, el primer “Ni una menos”.

Las marchas nunca cesaron, con pañuelos violetas como estandarte y consignas pidiendo el fin de la violencia machista, lo que posibilitó la incorporación al Código Penal de la figura del femicidio.

Sophia Civarelli, de 22 años, estudiaba psicología. La asesinó su novio Valentín.

Varios años después, con la llegada de Javier Milei a la Casa Rosada, el discurso libertario pretende instalar que hay que modificar la ley y dejar de hablar de femicidios. “”El sexo o la tendencia sexual que tengas no puede generar impunidad ni privilegios, somos todos iguales ante la ley”, repetía Mariano Cúneo Libarona desde que asumió como ministro de Justicia de la Nación en diciembre de 2023.

Esa modificación todavía no se concretó y en marzo pasado Cúneo dejó su cargo, para que asuma Juan Bautista Mahiques. No obstante, podría reaparecer en la agenda libertaria en cualquier momento, impulsado inclusive por militantes mujeres del espacio.

Uno de los argumentos del gobierno nacional es que la ley no consiguió bajar la cantidad de muertes violentas de mujeres en manos de hombres con algún vínculo afectivo con sus víctimas. Si ese fuera el punto, entonces tampoco tendría lógica bajar la edad de castigo penal a los homicidios, para evitar que un menor de edad mate. Y sin embargo, en ese tema se fijó una ley muy dura. ¿Por qué no hacerlo para frenar los femicidios?

Sophia y Valentín, en una de las fotos juntos en redes.

Y mientras tanto, Sophia.

Rosario amaneció el jueves pasado con una noticia impcatante: una joven de 22 años había aparecido muerta en un departamento del centro de la ciudad y otro joven de la misma edad se había tirado al vacío a unas diez cuadras del primer hecho. El nombre de él era Valentín. Eran novios y la primera hipótesis que deslizó la fiscal Renciari fue que ella probablemente se había quitado la vida clavándose un cuchillo en el cuello, él se había encontrado con la escena de la muerte y entonces había decidido suicidarse unas horas después, saltando desde un balcón del departamento de una amiga, de madrugada. En el medio, había dejado una carta a pocos metros del cadáver de su pareja avisando que como no había podido evitar su muerte, ahora se iba a matar él.

Esta semana, el Ministerio Público de la Acusación rosarino informó que la autopsia había determinado una escena diferente: Sophia Civarelli había sido asesinada por su novio Valentín Alcida con el cuchillo que había quedado al lado de la cama, sin rastros de huellas digitales de él, que además era el dueño de casa. Ambos estudiaban psicología y ella se había mudado con él hace poco, salían desde diciembre del año pasado. 

La familia de Sophia es de Villa Amelia, a 25 kilómetros de Rosario. Según contaron sus amigas en las horas posteriores a su muerte, “ella estaba buscando trabajo porque se quería ir a vivir sola”, después de haber presenciado alguna escena violenta de Valentín. “No eran contra ella, pero se encerraba a veces en el baño y daba golpes a la pared”. 

Hasta que un día, aquella violencia tuvo otro blanco. Y no sólo fue capaz de asesinar a su novia, sino que además pretendió encubrir el crimen alterando la escena. “Era controlador, celoso”, también coincidieron los testimonios cercanos a Sophia. 

Sophia y Valentín, en Instagram.

De las cuentas de Instagram de los chicos, se conocieron en estos días varias imágenes. Valentín solía postear fotos de ella y con ella posando a cámara, con mensajes como “Hermosa”, “Qué mujer”, “Te amo, preciosa”. 

En una de los posteos, Sophia está desnuda en la cama y dándole la espalda al teléfono que le saca la foto. Parece estar dormida. El texto era “Mujer hermosa”. Así lo había subido Valentín a su cuenta de Instagram, que después terminaría asesinándola posiblemente en esa misma cama.

Y ahora el texto vuelve al comienzo, para reflexionar sobre los vínculos de personas tóxicas y de parejas en tiempos de nuestra vida digital: ¿Estás en línea? ¿Y por qué no me respondés el mensaje? ¿Con quién hablabas? ¿Por qué sacaste el doble tilde azul? Te etiqueto, te poseo, veo a quién seguís, reviso a quiénes le das like…

Nadie sabe qué fantasmas habitan la mente de un criminal que mata y no todo vínculo posesivo termina en un femicidio, pero siempre es importante prestar atención a las red flags. 

El tóxico digital no es un enamorado, sino un carcelero.

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