
Femicidio en Salta: ADN cruzado y testimonios clave complican al acusado
El juicio por la muerte de Mercedes Kvedaras entra en su etapa decisiva con pruebas científicas contundentes y relatos desgarradores. La fiscalía sostiene que no fue un accidente, mientras la defensa insiste en otra versión.
El juicio por la muerte de Mercedes Kvedaras, ocurrido el 4 de agosto de 2023 en el country El Tipal, en la provincia de Salta, atraviesa su instancia más determinante con la incorporación de pruebas científicas, testimonios clave y el análisis del accionar del único imputado, su exesposo, José “Jota” Figueroa. La causa busca establecer si se trató de un femicidio —como sostiene la fiscalía— o de un hecho accidental, tal como declara el acusado.
El proceso judicial, que se desarrolla en medio de una fuerte conmoción social, cuenta con más de 80 testigos y una carga probatoria inédita. En este contexto, la evidencia reunida, que incluye ADN cruzado y un informe forense que detectó más de 40 lesiones en el cuerpo de la víctima, refuerza la hipótesis de un crimen violento.
Desde el entorno de la víctima, el reclamo es contundente. Mariana Hansen, amiga de Mercedes, expresó: “Convocamos a la gente para que siga apoyándonos y no se olvide de que estamos aquí firmes, esperando que la condena sea justa y la que corresponde. Exigimos perpetua para el acusado”. Además, fue tajante sobre las pruebas: “La autopsia está clara, lo que empiece a suceder ahora en el juicio son maniobras de la otra parte. Todos sabemos qué es lo que pasó”.
Dentro de la sala, la fiscalía sostiene que no hubo accidente, sino resistencia de la víctima. La reconstrucción del hecho describe una escena de violencia extrema, con signos de defensa y una asfixia mecánica prolongada. Los estudios forenses revelaron un dato clave: la presencia de ADN cruzado, con rastros de Figueroa bajo las uñas de Mercedes y de ella en las manos de él. Este elemento, sumado a las más de 40 lesiones, fortalece la acusación.
El abogado querellante, Jorge Ovejero, aportó detalles del comportamiento del imputado durante el juicio: “Baja la mirada, se tapa la cara, llora mirando para abajo. Cuando declararon los forenses, pidió salir de la sala. No quiso ver las fotos de lo que hizo”.

Para los investigadores, Figueroa ejercía un control obsesivo sobre la víctima, con conductas de hostigamiento y celos que se agravaron cuando ella decidió separarse.
Según los testimonios, el hecho ocurrió entre las 8 y las 9 de la mañana. Ese día, Figueroa alteró su rutina y pidió a un vecino que llevara a su hijo al colegio. Minutos después, abandonó la casa visiblemente afectado. En el baño del dormitorio principal se encontraron rastros de lucha, objetos fuera de lugar y un aro de la víctima. A las 8.52, el acusado envió un mensaje a su suegra que resulta clave: “Perdón, no aguantaba más”.
Horas más tarde, cerca de las 11.30, el cuerpo de Mercedes fue hallado en el asiento trasero de su camioneta, en un terreno baldío dentro del barrio cerrado. Estaba cubierto con toallones. Figueroa, en tanto, presentaba un corte en la garganta, que luego se determinó como autoinfligido.
La versión del acusado
En contraste, Figueroa sostiene que todo fue un accidente. En su declaración, reproducida en video, relató una discusión que derivó en un forcejeo: “Esa mañana discutimos, me nublé, la agarré como para zamarrearla. Forcejeamos y nos caímos en la bañera. Cuando me levanté, ella no se movía”. También afirmó: “Nunca tuve intención de matarla a Mer”, y explicó que atravesaba un contexto de celos, insomnio y consumo de medicación para dormir.
En los últimos días, la defensa denunció hostigamiento en la cárcel, asegurando que el acusado es despertado reiteradamente por la noche, lo que afectaría su estado durante el juicio. Además, cuestionaron intervenciones del Servicio Penitenciario. Sin embargo, desde la querella y el entorno de la víctima deslizan que podría tratarse de una estrategia defensiva.
Uno de los momentos más impactantes fue la declaración de Rosario Kvedaras, hermana de la víctima: “Mi interés en la causa es que José Figueroa se haga cargo de sus actos… no existe nada que justifique arrebatarle la vida a otra persona”.
También describió el perfil del acusado con dureza: “Es un psicópata, un lobo con piel de cordero y manipulador”, y relató episodios previos de violencia y humillación que Mercedes había minimizado. Sobre el momento en que se enteró del crimen, recordó: “Recibo el llamado de mi mamá… fue un grito desgarrador, algo que se me grabó en el corazón”.
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