
Francia vivió este jueves una nueva jornada de protestas masivas, con movilizaciones en distintas ciudades del país contra el aumento del costo de vida y la pérdida del poder adquisitivo. Según el Ministerio del Interior, participaron alrededor de 600.000 personas, mientras que la Confederación General del Trabajo (CGT) elevó la cifra a 1,6 millones de manifestantes.
La convocatoria reunió a trabajadores de distintos sectores y estudiantes, que salieron a las calles para reclamar una actualización del salario mínimo, aumentos generales de los sueldos, una distribución más equitativa de la carga impositiva y mayores garantías para los servicios públicos. Las movilizaciones también expresaron el malestar por las condiciones educativas y la falta de recursos en los establecimientos escolares.
Desde París, la secretaria general de la CGT, Sophie Binet, defendió la continuidad de las medidas de fuerza y advirtió que el movimiento no se detendrá hasta obtener respuestas. “Nada nos detendrá. Lo único que pondrá fin a la movilización es la respuesta a las reivindicaciones”, sostuvo. La jornada también provocó interrupciones en distintas actividades y el cierre de espacios como la Torre Eiffel.

El conflicto se desarrolla en medio de una creciente tensión social que presiona al gobierno de Emmanuel Macron durante los últimos meses de su mandato. A las dificultades económicas se suman los cuestionamientos por el ajuste presupuestario previsto para 2027 y el deterioro de los servicios públicos.
Ante el antecedente de los graves disturbios y saqueos registrados el 17 de octubre, el ministro del Interior, Laurent Nuñez, dispuso un operativo de 70.000 policías y efectivos de seguridad en todo el territorio. Además, anticipó una respuesta de “extrema firmeza” frente a posibles episodios de violencia. Si bien la mayoría de las marchas transcurrió sin grandes incidentes, se registraron enfrentamientos en algunas ciudades.

El reclamo también tuvo un fuerte componente estudiantil. Jóvenes de distintos puntos del país se sumaron a las movilizaciones y realizaron bloqueos en establecimientos secundarios para exigir mejores condiciones de cursada y más recursos para la educación. De esta manera, el conflicto amplió su alcance más allá de las demandas salariales de los trabajadores.
La tensión social podría continuar durante las próximas semanas. Los llamados chalecos amarillos convocaron a una concentración en París para el sábado, mientras que sindicatos y organizaciones de distintos países europeos preparan nuevas acciones conjuntas contra el encarecimiento del costo de vida.
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