
Pasada la polémica de la final del Mundial -y nuestros lamentos por la derrota y las difamaciones que recibimos- el gobierno quiere avanzar con su agenda de reformas, un tanto deshilachada. El 1ro. de marzo prometió enviar 10 proyectos por mes. Hasta ahora debería haber mandado 50, pero mandó unos 20 y solo logró hacer aprobar 5. Ser el congreso más reformista de la historia es un poco difícil cuando no sabés qué hace tu jefe de gabinete.
Los gobiernos no solo deben hacer cosas para congraciarse con la opinión pública, pero algo deben concretar para que la ciudadanía sienta que está haciendo algo. Mucho más que nunca en esta fase de la historia. Sin embargo, nada de lo que viene proponiendo tiene impacto en la conversación pública, salvo cuando algún funcionario o el mismo presidente mete la pata con declaraciones que generan más rechazo que adhesión. El nuevo vocero no está ayudando mucho al gobierno, ya sea por errores no forzados, como por falta de carisma. Empezamos a extrañar la soberbia de “Alhorni”.
Si algún mérito político había tenido el Javo fue su fenomenal capacidad de encarnar el cambio desde todo punto de vista. Nadie quedó indiferente a lo que hacía y decía. Era muy nítido. Pero claro, el tiempo va pasando, y la audiencia se va aburriendo, esperando novedades que no aparecen. O en todo caso surgen datos que no ayudan, como la nueva suba de la mora crediticia, malas noticias del EMAE en mayo, o la caída persistente del consumo masivo en junio. Sacar a los votantes de la angustia cotidiana es muy difícil, sobre todo cuando se consolidó a lo largo de un semestre, pese la mejora de la calificación de Moody´s o el boom exportador.
Entre esos indicadores del mal humor predominante se encuentra el nuevo registro del Índice de Confianza del Consumidor de la Universidad Di Tella. Tuvo un baja de casi 5 % en este mes, la cual es la cuarta en los 8 meses que pasaron desde la elección. Bajó en todos los segmentos, sobre todo en las expectativas futuras, de modo que eso no ayudará mucho a que la gestión libertaria recupere aprobación fácilmente. La medición concluyó un día después del triunfo ante Inglaterra, de modo que debió captar el creciente optimismo social fruto del rendimiento de la Scaloneta. Pero no: parece que la gente salió a festejar en reiteradas oportunidades y consumió más picadas, pero no cambió su parecer sobre el porvenir post Mundial.
El león, al menos, sabe que será candidato indiscutido de su propio espacio, con o sin primarias, pese a todos los problemas que debe enfrentar. El que podría decir “solo sé que no sé nada” es Kicillof. Repasemos: no sabe si 1) habrá PASO nacionales; 2) podrá ser el candidato de su espacio; 3) deberá desdoblar la elección provincial (los jefes comunales presionan cada vez más para eso); 4) se verá obligado a darle la reelección a los intendentes; 5) le conviene o no quitar las primarias bonaerenses; y 6) podrá imponer a un delfín para la gobernación. Demasiados interrogantes fuera de su control para alguien que aspira a expresar que lo deben votar para presidente.
Como ya señalamos en esta columna, el tiempo va pasando y a) está más expuesto a que lo compliquen los demás, y b) los aliados se van desmovilizando porque el gobernador no mueve el amperímetro nacional. Para colmo de males, el cristinismo va a proponer que la jefa sea la candidata presidencial. “¿Cómo? ¡Si está presa e inhabilitada de por vida!”. Pues sus apóstoles creen que de esa manera la convertirán en víctima, subrayando su proscripción. ¿Para qué? Para que cualquiera -pero sobre todo Axel- vea totalmente relativizada su candidatura “natural”, se imponga el lema “Cristina Libre” y la dueña de la lapicera afirme su potestad de decidir quién la representará en la contienda. ¿Y las PASO? Aquí empieza lo divertido de la política: Ella podría ser una maravillosa aliada del “gatito mimoso” en su afán de anular dicho sistema, de modo de darle la absoluta discrecionalidad interna. ¿Es verdad que su fórmula in pectore sería Uñac – Gerardo Zamora? Tampoco luce como una gran genialidad política.
Dicho esto, al egresado del Nacional Buenos Aires tendría a mano, al menos, tres grandes caminos:
1) Romper con Cristina, con todo lo que eso puede implicar. Dividir el voto es el camino seguro para la derrota, pero al menos mostraría agallas, aunque Kicillof no es Massa 2013-15 ¿Quién lo acompañaría? Porque irse solo no tiene mucha gracia, y además tendría que manifestar diferencias ideológicas y éticas insalvables, las cuales hasta ahora no salieron a la superficie. Parece poco probable por la personalidad del susodicho, pero no imposible. ¿Eso atraería otros socios no K? Quizás.
2) Hacer la gran Scioli: bancarse todas las trapisondas, basado en su fe inquebrantable de “única opción”. El ex motonauta era un experto en eso y la situación era muy distinta, ya que Daniel Osvaldo podía ganar y tenia mucha mejor imagen que Axel hoy.
3) Seguir tensando en silencio como hasta ahora, no mordiendo el anzuelo de la confrontación. Pero para que eso sirva, debe rogar que no pase nada en el medio, lo cual es poco probable.
¿Kicillof es un tiempista? No lo sabemos porque no se pueden recordar muchas jugadas magistrales que lo eleven a la categoría de master del ajedrez. Hay quien dice que ya cerró con dos de los canales de noticias de mayor audiencia para que jueguen a favor de su proyecto. En eso se parecería más a Scioli: mucho dinero en pauta para su ola naranja. En la práctica eso significa fuerza bruta, no ser quirúrgico comunicacionalmente. ¿Hará algo más aparte de eso?
El oficialismo pasó de enviar a sus militantes digitales a criticar a los jugadores de la selección que enarbolaron la proclama por Malvinas, a decir que la campaña anti argentina era una movida de los woke globales. Una hábil maniobra para sintonizar con las tendencias que veía en las redes y en las calles, aprovechando la confusión. Pero claro, poca gente sabe que significa ser “woke”. Es difícil salir de los respectivos laberintos.
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