
Pampa Energía consiguió el aval del Gobierno nacional para ingresar al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) con un proyecto de US$2.693 millones en Bahía Blanca. Tras el cierre de su planta de caucho en Puerto General San Martín, la firma apunta ahora a la construcción de un complejo para producir fertilizantes.
El proyecto será desarrollado por Fértil Pampa, una subsidiaria de Pampa Energía, en un predio de unas 80 hectáreas ubicado en el puerto de Ingeniero White. La iniciativa contempla dos plantas de urea y una de amoníaco, además de instalaciones para almacenamiento, granulación y despacho de la producción.
Las dos plantas de urea tendrán una capacidad conjunta de 6.000 toneladas diarias, mientras que la unidad de amoníaco podrá producir 3.450 toneladas por día. En total, el complejo apunta a producir unas 2,1 millones de toneladas de urea al año, con destino al mercado interno y a la exportación.
La primera etapa del proyecto demandará una inversión de US$1.105 millones entre julio de 2026 y diciembre de 2027. Según las estimaciones oficiales, durante la construcción se generarán más de 3.500 puestos de trabajo directos e indirectos. Una vez que la planta entre en funcionamiento, se prevén alrededor de 300 empleos permanentes.
El complejo utilizará gas natural como principal materia prima, con el objetivo de aprovechar la disponibilidad de recursos provenientes de Vaca Muerta. La apuesta busca además reducir la necesidad de importar fertilizantes y generar una nueva plataforma exportadora, con Brasil entre los mercados de interés.
El contraste con el Cordón Industrial
La inversión en Bahía Blanca llega después de una decisión en sentido contrario en Santa Fe. Pampa Energía cerró su planta de caucho ubicada en Puerto General San Martín, una instalación que durante años formó parte del entramado petroquímico del Cordón Industrial.
La situación laboral quedó resuelta mediante acuerdos con los trabajadores. Según explicó a RedBoing Mauricio Brizuela, secretario general del Sindicato de Obreros y Empleados Petroquímicos Unidos (Soepu), la gran mayoría de los empleados acordó su desvinculación de la compañía y cinco trabajadores fueron reubicados dentro de otras unidades productivas.
Algunos de esos trabajadores fueron trasladados a otras plantas del complejo que Pampa mantiene en la región, mientras que otros fueron destinados a Bahía Blanca. Según Brizuela, entre dos y tres trabajadores terminaron vinculados al nuevo proyecto que la empresa desarrolla en el Cordón.
Los acuerdos de salida contemplaron un porcentaje adicional sobre las indemnizaciones y un año de cobertura de obra social. Con ese proceso, la planta de caucho quedó definitivamente fuera de operación.
El cierre, sin embargo, no significa que el predio haya quedado sin posibilidades de uso. La empresa atraviesa ahora una etapa de saneamiento de las instalaciones, que podría demandar entre siete meses y un año. Una vez finalizado ese proceso, aparecen distintas alternativas para aprovechar parte de la infraestructura existente.
Una de las opciones que se analiza es el alquiler de galpones y tanques para actividades logísticas. También se estudian posibles alternativas de reconversión industrial, aunque por ahora no existe una definición sobre qué actividad podría instalarse allí.
Para el Soepu, uno de los principales obstáculos es la disponibilidad de gas. Brizuela señaló que sin capacidad suficiente para recibir el recurso resulta difícil pensar en una nueva actividad industrial de escala en el predio.
Incluso la producción de urea aparece como una alternativa posible a futuro. Pampa Energía no habría descartado esa posibilidad, aunque la falta de gas y los costos asociados hacen que hoy no sea viable desarrollar una planta de esas características en Puerto General San Martín.
El problema está relacionado con la capacidad de transporte de gas hacia el Cordón Industrial. La infraestructura disponible no alcanza para garantizar el volumen que requerirían nuevos proyectos industriales de alto consumo energético.
Mientras tanto, la compañía concentra su nueva apuesta en Bahía Blanca. El proyecto de US$2.693 millones fue incorporado al RIGI como una inversión estratégica de largo plazo y tendrá al gas natural como uno de sus principales insumos.
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