
Los que juegan una vez por semana con sus compañeros de trabajo, lo saben: cuando se hace la juntada en la cancha de fútbol 5, en el grupo de Whatsapp los que se quedan a comer después del partido, avisan antes. Para muchos, es más importante la cena que el propio resultado. Y en todos los planteles de todas las categorías, pasa lo mismo: la verdadera camaradería no se logra adentro de la cancha, sino alrededor de una parrilla. Y el Mundial 2026 no podía ser la excepción. Por eso la Scaloneta se llevó a Estados Unidos más de 500 kilos de carne, que seguramente podrán ser más si el equipo sigue adelante en el torneo.
La tradición se respeta, cada vez que la albiceleste se instala en otro país para jugar una Copa del Mundo, con carne argentina viajando junto a los jugadores para que el plantel pueda mantener uno de sus rituales favoritos lejos de casa.
La historia se hizo especialmente visible en el Mundial de Qatar 2022, cuando la delegación argentina llevó nada menos que 2.600 kilos de carne vacuna para abastecer los asados durante toda la competencia. Es más, también se supo que el propio Scaloni había mandado a montar la estructura para poder cocinar a la estaca. En ese torneo, se sabría luego que SENASA había autorizado la exportación de más de 2600 kilos, con este detalle:
Los cortes que llevó la Selección a Qatar
– Asado de tira: 485.3 kg
– Vacío: 376,7 kg
– Corazón de cuadril: 233,3 kg
– Nalga: 218,8 kg
– Bife ancho sin tapa: 215,4 kg
– Matambre: 188 kg
– Bife angosto sin cordón: 145,5 kg
– Lomo: 136,3 kg
– Tapa de asado: 128,5 kg
– Roast beef: 119,8 kg
– Bife angosto con lomo: 89,7 kg
– Colita de cuadril: 80,3 kg
– Osobuco: 67,9 kg
– Tapa de cuadril: 60,9 kg
– Peceto: 45,9 kg
– Entraña: 42 kg
La logística fue llamativa, pero no novedosa. Desde hace décadas, la AFA busca que los futbolistas tengan acceso a productos argentinos durante las concentraciones, especialmente a la carne, un alimento que forma parte de la identidad cultural del país y que suele convertirse en punto de encuentro para el grupo.
Las imágenes de Lionel Messi, Rodrigo De Paul, Leandro Paredes y compañía compartiendo parrilladas durante la conquista de la tercera estrella recordaron inevitablemente a otro Mundial inolvidable: México 1986. En aquella concentración que terminó con Diego Maradona levantando la Copa en el estadio Azteca, los asados también ocupaban un lugar central en la convivencia del plantel.

Y allí aparece una figura entrañable: Don Diego Maradona, el padre del capitán argentino. Durante buena parte de la estadía en México fue uno de los encargados de la parrilla y se convirtió en un personaje querido por todos los integrantes de la delegación. Las fotos de la época muestran largas mesas, jugadores relajados y el humo de los asados acompañando la preparación del equipo de Carlos Bilardo. En algunas ocasiones, incluso el propio Diego se acercaba al parrillero para colaborar con la cocción y compartir ese momento con sus compañeros.
Cuarenta años después, los protagonistas cambiaron, pero la escena sigue siendo reconocible. Los asados continúan funcionando como una ceremonia colectiva que fortalece vínculos y ayuda a construir el espíritu de grupo. Desde las parrillas improvisadas en México 86 hasta los miles de kilos de carne enviados a Qatar, la Selección mantiene viva una tradición tan argentina como la camiseta celeste y blanca. Porque en los Mundiales no sólo se juegan partidos: también se comparten historias alrededor del fuego.

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