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Rosario

Los Ungaro: de Esperanto al asesinato de la bailarina, una década de poder narco

Abrazo al HECA dos días después del ataque del 23 de julio. Allí estaba internada Virginia Ferreyra.

El ataque sicario ocurrió en la tardecita del 23 de julio pasado, en la esquina de Isola y Maestros Santafesinos del barrio Parque del Mercado. Dos autos llegaron hasta el lugar, varios hombres bajaron y empezaron a apretar el gatillo: primero a una de las torres del monoblock y después a la gente que estaba en la plaza. Uno de los que recibió un balazo fue un joven que estaba sentado tomando una gaseosa y le dieron en la pierna. Más cerca de los agresores, en la parada de colectivos, estaba Claudia Deldebbio que murió a los pocos minutos. La otra víctima fue su hija Virginia Ferreyra, que llegó al HECA gravemente herida y tras dos meses luchando por su recuperación, falleció este sábado. Su muerte conmovió a una ciudad que suma 217 homicidios en el año y se pregunta si hay luz al final del túnel.

“Maten a cualquiera”, había ordenado antes de aquel hecho René Ungaro, líder narco preso hace doce años que hoy pasa sus días en la cárcel federal de la localidad bonaerense de Ezeiza. Y su escalofriante pedido se cumplió, por partida doble. Ninguna de las víctimas fatales de la escena que abre esta nota tenían relación con las bandas que disputan territorio para la venta de drogas y las extorsiones a comercios en la zona sur de la ciudad. Claudia se había jubilado como portera de una escuela del Saladillo; Virginia, bailarina y directora de la escuela de danzas de la Sociedad Libanesa de Rosario, además de haber ganado el premio como princesa de la Fiesta de las Colectividades.

El primer lugar al que se disparó ese 23 de julio fue al segundo piso de una de las torres del monoblock en barrio Parque del Mercado, es un aguantadero que usan dos hijos de “La Guachina”, una mujer que también integra la banda de Ungaro y ahora está detenida. Los chicos, menores de edad, ya tuvieron roce con el delito. ¿Buscaban amedrentar a los vecinos y también a alguien de su propio grupo? La hipótesis de Fiscalía es que “El Brujo” podría haber encargado el ataque para “recuperar dominio del barrio, porque hace mucho tiempo está detenido”.

Según pudo reconstruir la investigación, el instigador había prometido el pago de 30 mil pesos por cada crimen. Los presuntos tiradores, detenidos unas semanas después del hecho a pocos metros del lugar que habían atacado, son padre e hijo y están sindicados como “mano de obra” de Ungaro, detenido desde 2010 por haber asesinado a “Pimpi” Camino, por entonces líder de la barra de Newell’s.

Pero además hay evidencia que llevaría a imputar también a quienes mataron a Claudia y Virginia por otro ataque a balazos resonante: el que se hizo contra el Distrito Sur de la Municipalidad en los primeros días de septiembre.

La pista para unir ambos hechos es casi insólita, por demás de rústica: los videos de las cámaras de seguridad habían mostrado que quienes llegaron a disparar al edificio municipal de Avenida Uriburu y dejaron un mensaje vinculado a la guerra entre las bandas narco, lo hicieron en bicicleta. Y cuando el 8 de septiembre el fiscal Saldutti tuvo el dato de que los posibles autores de los disparos contra la parada de colectivos se escondían allí mismo en el barrio Parque del Mercado, ordenó un allanamiento. Al ingresar al departamento en el que se guardaban los dos sospechosos -Gustavo de 45 años y su hijo Lautaro de 19- encontraron en el patio la misma bici de la balacera.

El hallazgo llevó a Fiscalía a hacer análisis de las armas secuestradas para confirmar si se habían usado contra el CMD. Y en pocos días, debería haber una nueva imputación por este hecho.

“Guille Cantero, controlá tus gatos”, decía el mensaje que dejaron el 5 de septiembre junto con los balazos al edificio municipal.

La historia de los Ungaro

René “El Brujo” Ungaro es parte de un clan familiar asociado a la criminalidad rosarina hace tiempo. El presunto instigador de la balacera que mató a Virginia y Claudia, es hijo de “El Bola”, que décadas atrás fue ganando fama por su manejo de las pistolas. “Llegó a hacerse conocido en el mundo del hampa desde el Barrio Municipal, la Torre 8 de Grandoli y Gutiérrez. Empezó con robos, piratería del asfalto y después se pasó a las drogas. Tuvo tres hijos: Daniela, Lelio y René“, le explica a RedBoing el fiscal Matías Edery, de la Agencia de Delitos Complejos del MPA.

En las investigaciones que tuvo a su cargo, Edery encontró muchas veces participación de los Ungaro y le tocó acusarlos. “Otro de los hijos del Bola es Lelio, al que le dicen ‘Chapita’, también muy hábil con las armas, pero sin prontuario importante, salvo alguna anécdota de cuando ‘Guille’ Cantero lo quiso mandar a matar y zafó. Otra de las hijas del fundador del clan es Daniela, que fue muy visible cuando se inauguró el boliche Esperanto. Ella  era pareja de Luis Medina, de hecho la madre de sus hijos y tenía mucha presencia en los VIP, en el ámbito de la noche“, recuerda el fiscal.

Daniela Ungaro, en Esperanto.

Ungaro, Medina, Esperanto y el lavado narco

Entre fines de 2011 y en todo 2012 se debatió en Rosario la situación de Esperanto, la franquicia de una reconocida marca de la noche porteña, que llegaba con Luis Medina a la esquina de Presidente Roca y Zeballos. En medio de cuestionamientos, finalmente se aprobó, con el socialismo en la gestión municipal. Para la inauguración llegaron invitados especiales y celebridades de Buenos Aires.

El entonces concejal Roy López Molina fue en ese tiempo de las voces más firmes para denunciar que en esa propuesta rodeada de glamour había lavado de dinero narco. Quien aparecía como dueño del boliche era Luis Medina y su pareja era Daniela Ungaro.

“En 2011, Medina era casi tan desconocido como la familia Cantero para la mayoría de los rosarinos. En ciertos círculos no era más que el dueño de dos concesionarias del macrocentro. No obstante, hacía tiempo que había cambiado el origen de su flamante fortuna: no eran los autos sino el mercado de la droga en la zona oeste. Pero la de Medina y Esperanto no fue una historia narcocriminal más. Fue una suerte de kilómetro cero que, al trascender públicamente con nuestra denuncia, mostró la punta del iceberg a una ciudad que desconocía los movimientos que ya ocurrían de manera subterránea“, le dice hoy López Molina a RedBoing.

Medina y Daniela Ungaro, disfrazados de Batman y Gatúbela.

Para abrir, Medina había presentado una SRL que tenía al frente a Hernán Capucci, con diez mil pesos de capital, pero que iba a invertir medio millón de dólares. El proyecto contó con el aval del entonces intendente Miguel Lischitz, que lo habilitó un día antes de terminar su gestión al frente del municipio. Se había autorizado el funcionamiento como “bar”, aunque todos sabían que era un boliche. Los empleados de control de la Municipalidad, hacían la vista gorda. La clausura llegó a las ocho semanas, con la firma de vecinos que lo habían solicitado el cierre. Para entonces ya estaba Mónica Fein en el Palacio de los Leones.

En diciembre de 2013, Medina sería asesinado junto a su nueva pareja, la modelo Justina Pérez Castelli. Fueron emboscados una madrugada, a metros del casino City Center.

El fiscal Matías Edery recuerda ahora que “tras aquel doble homicidio tan resonante, Daniela Ungaro estuvo investigada por el hecho y también fue condenada por la Justicia Federal, ya que cuando la allanaron en su casa en Funes tenía drogas y balanzas de precisión”.

Una de las hipótesis sobre el asesinato del narco que había sido socio de Esteban Alvarado fue que lo había entregado ella, por celos de Justina Pérez Castelli, que era entonces la nueva novia del oscuro empresario que también se había dedicado a las agencias de autos usados de alta gama.

El 29 de diciembre de 2013, Medina y su nueva novia fueron emboscados cerca del Casino.

Como una historia en paralelo a la del clan Ungaro, pero siempre en relación a una Rosario que en las últimas dos décadas parece guionada por Tarantino o Francis Ford Coppola, podrían citarse las irregularidades en la investigación del doble crimen de Luis Medina y su nueva novia Justina.  

El capo narco había sido encontrado muerto dentro de su Citroen DC3 rojo, después de recibir 18 balazos a quemarropa. El cuerpo de su pareja ultimada cuando había logrado bajar del auto, estaba a pocos metros. Y llamativamente, pocas horas después se manipulaba la computadora personal MAC del muerto: fue intervenida por dos funcionarios –Javier Echaniz y Martín Degratti– del Ministerio de Gobierno provincial. Al mismo tiempo, hubo un allanamiento sin orden judicial hecho por la División Judiciales de la policía santafesina en el country de Pilar donde vivía Medina. ¿Qué datos buscaban? Nunca se logró dar una respuesta precisa por esa duda. 

En la Legislatura provincial se conformó en esos años una Comisión Investigadora de ese doble crimen. Allí, la madre de Medina denunció que su hijo había aportado fondos al socialismo. La entonces intendenta Mónica Fein desestimó los dichos.

Como último elemento en esta zaga de sospechas alrededor de la muerte del dueño de Esperanto, puede citarse lo que pasó con el comisario Guillermo Morgans, que tenía a su cargo la investigación interna por lo actuado tras el crimen de Medina: en junio de 2014 fue asesinado con un disparo en la cabeza en el Rapipago se su hijo, en Rodríguez al 200. Y no robaron la recaudación del negocio, otro misterio.

El “Brujo” René

El más chico de los Ungaro es René, que ganó su liderazgo en el hampa cuando mató a ‘Pimpi’ Caminos, el líder de la barra de Newell’s. Aquel crimen fue en marzo de 2010, hace más de doce años a la salida de un boliche en Servando Bayo al 1400. Un par de meses más tarde, “El Brujo” fue detenido frente a otro boliche, en Mitre y Córdoba. Primero se lo condenó a 17 años de cárcel, que luego fueron rebajados a 11, por considerar que él no había disparado sino que era coautor de hecho junto a “Betito” Godoy.

“Estando en la cárcel se hizo millonario, porque desde ahí maneja la venta de estupefacientes, también conectado con boliches de Rosario. Está asociado con los Funes, con Alan y ‘Lamparita’. Y tuvieron una guerra muy intensa con los Camino y los Segovia. Esa disputa se cobró más de treinta muertes en la zona sur, hace varios años”, recuerda Edery.

René Ungaro, preso desde 2010 por un homicidio. Sumó condenas posteriores y ahora está sospechado de instigar los crímenes de Claudia y Virginia.

Ungaro estaba en Piñero. Pero tras la cinemátografica fuga de varios presos a mediados de 2021, que incluyó un ataque con ametralladoras a la cárcel desde afuera, fue trasladado a la cárcel federal de Ezeiza, como preso de alto perfil. “Ahora está en el mismo penal que Alvarado y con muchos indicios de que estarían operando juntos”, sostiene el fiscal Edery en diálogo con RedBoing.

La interventora del SPF

María Laura Garrigós de Rébori, interventora del Servicio Penitenciario Federal, tiene a su cargo la cárcel de Ezeiza. Ella debería dar explicaciones por la conducta de quienes están detenidos allí, máxime cuando se trata de presos de alto perfil.

En la audiencia imputativa contra los presuntos autores del ataque que terminó con la vida de Claudia y Virginia, se ventiló la información de que el hecho había sido instigado desde la cárcel federal de Ezeiza, por René Ungaro. Ante la consulta específica de Red Boing por este tema, Garrigós de Rebori decidió no responder.

En agosto del año pasado, un allanamiento sorpresa detectó que “Guille” Cantero tenía un teléfono fijo en su en su celda en el penal de Marcos Paz. En esa ocasión la interventora del SPF brindó una entrevista a Reynaldo Sietecase, a quien le dijo que “de ninguna manera era un privilegio” ese aparato telefónico en su celda las 24 hs.

Las imágenes que difundieron del operativo eran elocuentes: para que el tubo llegue hasta la celda, se habían hecho conexiones de varios metros, con cables que pasaban por agujeros hechos con taladro.

María Laura Garrigós de Rebori, interventora del Servicio Penitenciario Federal.

El tiempo que se perdió

Durante el juicio contra Esteban Alvarado, que duró desde febrero a mayo de este año, los fiscales Matías Edery y Luis Schiappa Pietra hicieron un profuso recorrido por la historia criminal de la última década de Rosario y explicaron cómo se había logrado consolidar la banda acusada en el comercio de drogas en la ciudad.

En una de las audiencias, advirtieron que la justicia federal de San Isidro había encontrado evidencias a fines de 2012 que vinculaban a Medina con el narcotráfico. Por entonces, el dueño de Esperanto fungía como “empresario de la noche” y titular de agencias de autos de alta gama. Su socio Alvarado había sido ya condenado por el robo de vehículos en Gran Buenos Aires, con la banda denominada “Los Rosarinos”.

En aquel tiempo, se le pidió al juez federal Marcelo Bailaque que intervenga teléfonos a los fines de investigar la composición de la organización en Rosario. Había inclusive información de un testigo reservado sobre los lugares en los que funcionaba cada bunker. El magistrado se negó a intervenir esos aparatos, porque entendió que no había sospecha suficiente. “La cantidad de asesinatos que se hubiera evitado la ciudad si la justicia hubiese tenido aquellas conversaciones para allanar y detener a tiempo. Entre otras, una de las líneas que se pedía escuchar era la de Daniela Ungaro”, manifestaron los fiscales durante el juicio este año.

Este fue el motivo por el cual se le envió una copia completa de las audiencias al Consejo de la Magistratura, para que evalúe el desempeño del juez Bailaque, que acumula varios reproches por decisiones similares: la última de ellas cuando hace pocas semanas firmó las órdenes de allanamiento que le había solicitado el fiscal federal Javier Arzubi Calvo para 31 domicilios de búnkeres vinculados a Los Monos, pero negó el pedido para llegar hasta una cueva céntrica, sospechada de lavar dinero narco.

En este sentido, el ex concejal Roy López Molina sostiene: “El dinero sucio que fluye de la periferia al centro y que lubrica negocios con apariencia de legalidad, a veces más cuidada, a veces más burda, es uno de los motivos principales por los cuales la violencia no se detiene”.

La violencia y el dinero narco en Rosario

El narcotráfico es un negocio que aumentó de manera exponencial en la ciudad, pese a ser ilegal. El clan Ungaro es apenas uno de los apellidos que se repiten de 2007 a esta parte, se podría nombrar también otros como los Cantero, los Romero, los Funes, o las nuevas camadas de cada una de estas bandas. Con sus líderes detenidos estos grupos siguen actuando y mandan en la calle.

Sicarios en moto o hasta en bicicleta, que balean y matan, con lentitud de los uniformados para actuar y un flojo nivel de control en las cárceles. Es un fenómeno que en Rosario no empezó ahora, lleva al menos dos décadas. Y cada vez que se logra llevar alguna investigación a fondo, aparecen vínculos de las organizaciones criminales con algún sector del empresariado, la justicia y la política. 

Como está dicho al inicio de la nota, en 2022 en Rosario ya hubo 217 homicidios. En la mayoría de los hechos, se sospecha una disputa por el territorio para la venta de drogas, aunque las bandas criminales ya han corrido ese difuso umbral del “ajuste de cuentas”.

En lo que va del año, hubo asesinatos de niños y bebés, también varias víctimas que no conocían a sus sicarios, ni tenían vinculación con el entorno narco, como pasó con Claudia y Virginia. ¿Cuál es el límite que como sociedad estamos dispuestos a tolerar?

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