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Medio siglo de Marshall: de la confitería céntrica a protagonista en el negocio del catering y los eventos

La firma rosarina celebra 50 años con un recorrido que va de sus raíces familiares a los principales eventos del país, en una historia que cruza deporte, política y figuras internacionales, y que consolidó su lugar en el catering apoyada en la experiencia, la atención personalizada y la calidad en la ejecución.

Foto: Farid Dumat Kelzi

Este 1° de mayo no fue una fecha más para Marshall. La empresa rosarina de catering celebró medio siglo de vida, una historia que comenzó en 1976 con un pequeño negocio al público y que, con el paso del tiempo, se convirtió en una marca líder en el mundo de los eventos.

El origen tiene raíces familiares y una apuesta emprendedora. Eduardo Marshall, quien trabajó como contador del Sanatorio Británico, se asoció con dos nombres fuertes del fútbol local, Mario Zanabria y Armando Capurro, protagonistas del campeonato de Newell’s en 1974. Juntos compraron la confitería Imperial, ubicada en aquel entonces sobre calle Santa Fe (entre Corrientes y Entre Ríos), y dieron forma a Camaza, una sociedad cuyo nombre combinaba los apellidos de sus fundadores.

La fecha de inicio tiene un guiño especial: el negocio arrancó el 1° de mayo de 1976, y apenas cinco días después nació Guillermo Marshall, hoy uno de los responsables de la empresa.

“No empezaron como una empresa de gastronomía. Era más una confitería con venta de productos en vidriera”, contó Guillermo, en diálogo con Red Boing, y sumó una postal de época: “Yo con ocho años iba al colegio San Bartolomé, volvía al local que estaba a pocas cuadras, me ponía a jugar al fútbol y rompía cosas”.

Foto: Farid Dumat Kelzi

De la confitería en el centro al corazón de los grandes eventos

La sociedad original no duró demasiado. Las carreras deportivas de Zanabria y Capurro derivaron en transferencias y la disolución del proyecto conjunto. Fue entonces cuando Eduardo Marshall decidió avanzar con el negocio y enfocarse de lleno en la gastronomía.

Con el tiempo, y apalancado en sus relaciones, comenzó a insertarse en el mundo de los eventos. “Con el tiempo él se mete de lleno en los eventos y en 1987 ya estaba lanzado”, recordó Guillermo.

Lo que vino después no solo forma parte del ADN de la empresa, sino también de una mística construida a base de desafíos de escala y precisión. “Lo que él armó es difícil de entender”, sostuvo el entrevistado, al repasar una serie de hitos que marcaron el recorrido de Marshall. Desde el servicio gastronómico al Papa Juan Pablo II durante su histórica visita a Rosario en 1987, hasta la atención al entonces príncipe Carlos en el marco de inversiones de Rolls Royce en Ramallo, cada evento implicó estándares y exigencias fuera de lo común.

A eso se suma su rol en el Congreso de la Lengua Española en 2004, cuando la empresa tuvo a su cargo el bar del Teatro El Círculo durante toda la cumbre, en un contexto que reunió a figuras internacionales como el rey Juan Carlos I. En cada uno de esos escenarios, la firma no solo resolvió la logística, sino que consolidó su reputación en la primera línea del negocio de los grandes eventos.

Foto: Farid Dumat Kelzi

Aprender desde adentro

Guillermo se incorporó formalmente al negocio en 1993, tras terminar la secundaria. Su formación fue académica pero también práctica: viajes, armado de eventos, logística y presencia hasta el final de cada servicio.

Acompañó a su padre a distintos puntos del país para cerrar contratos o supervisar detalles, y que muchas veces se quedaba hasta el último minuto para asegurarse de que todo saliera según lo previsto.

Hoy, junto a sus hermanos Marcelo y Santiago, integra la conducción de una empresa que mantiene ese espíritu de control y cercanía, incluso en eventos de gran escala.

El modelo Marshall

Durante años, la empresa fue concesionaria del Jockey Club de Rosario, escenario de numerosos casamientos en una época donde las dinámicas sociales eran muy distintas a las actuales.

Con el tiempo, el negocio fue mutando. “Con el surgimiento de otros salones fuimos bastante nómades”, contó Guillermo. Trabajaron en espacios como Anabel Fisherton y Centro, hoteles como Plaza Real, Ariston y Ross Tower, y distintos salones del corredor de Funes.

Foto: Farid Dumat Kelzi

Esa capacidad de adaptación terminó convirtiéndose en un rasgo central del modelo de negocios. “Nosotros nos involucramos en todo lo que forma parte del servicio, sea un lugar nuestro o no. Claramente lo nuestro es la gastronomía, pero nuestro gran diferencial es la atención personalizada y la pasión y cariño con la que encaramos cada proyecto”.

Innovar en lo que “ya está inventado”

En un rubro donde muchas propuestas parecen repetirse, Marshall apuesta a la mejora continua. En ese sentido, Guillermo sostuvo: “Siempre decimos que está todo inventado, pero la realidad es que siempre estamos innovando, aunque sea en los detalles”.

La frase sintetiza una filosofía: no se trata necesariamente de reinventar el formato del evento, sino de perfeccionarlo en cada instancia.

Foto: Farid Dumat Kelzi

El mapa actual y lo que viene

Antes de la pandemia, la empresa llegó a operar cuatro salones propios: dos en La Fluvial, Parada Uno y el espacio Rico y Rica en Torres Nordlink. También habían desembarcado en Puerto Norte con Fausta.

Hoy el esquema es más acotado en términos de espacios propios (Parada Uno y Vista Río) pero más amplio en presencia. Marshall presta servicios en múltiples locaciones y mantiene acuerdos con empresas y marcas, además de operar la franquicia de Patagonia en La Casa del Tango (con experiencias recientes también en Montevideo y Punta del Este).

Foto: Farid Dumat Kelzi

Entre sus clientes corporativos figuran compañías como Bambi, La Segunda, Briket y oficinas de Bunge en Nordlink, lo que refuerza un mix entre eventos sociales y corporativos.

A 50 años de aquel primer paso, la empresa sigue apostando a crecer sin perder su esencia. Consultado por lo que viene, Guillermo prefirió la prudencia pero dejó una pista: “Se viene algo grande en Rosario”.

En una historia donde el aniversario no es solo una fecha sino una síntesis de recorrido, la lógica se mantiene intacta: adaptarse, sostener la calidad y seguir programando cada evento como si fuera único.

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