
La baja de la natalidad en Argentina volvió a estar en el centro del debate luego de las declaraciones de Javier Milei, quien vinculó la disminución de los nacimientos con la legalización del aborto. En diálogo con Antes de Todo, el investigador Rafael Rofman explicó que el fenómeno tiene raíces mucho más profundas y se remonta a más de un siglo.
Rofman señaló que la caída de la fecundidad no es un fenómeno exclusivo de Argentina, sino una tendencia que se registra en distintas partes del mundo desde hace aproximadamente 250 años.
“En 1700 y pico empezó a bajar en Francia e Inglaterra y eso se extendió al resto del mundo”, explicó. En el caso argentino, indicó que la disminución comenzó alrededor de 1870 o 1880, cuando las mujeres tenían en promedio unos siete hijos.
Actualmente, ese número se ubica cerca de 1,25 hijos por mujer.
La caída de los nacimientos es anterior a la ley de aborto
Uno de los principales argumentos de Rofman fue que la reducción de la fecundidad argentina comenzó mucho antes de la sanción de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo.
El investigador explicó que, si bien Argentina tuvo una caída particularmente marcada durante la última década, el proceso ya llevaba más de un siglo.
Entre 2014 y 2024, la fecundidad se redujo cerca de un 50%. Sin embargo, la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo fue sancionada a fines de 2020, cuando la cantidad de hijos por mujer ya había descendido de manera considerable.
“Es muy raro atribuirle a eso toda la historia”, sostuvo Rofman al analizar la relación entre la legislación y la caída de los nacimientos.
Educación, trabajo y cambios sociales
Para el investigador, el principal motivo detrás de la reducción de la fecundidad está relacionado con el progreso social y el desarrollo.
Rofman explicó que, a medida que aumentaron las condiciones de vida, el acceso a la educación y la participación de las mujeres en el mercado laboral, también cambió la manera en que las familias piensan la maternidad y la paternidad.
Además, destacó que cambió radicalmente la forma de criar a los hijos.
En el pasado, las familias tenían muchos más hijos en un contexto donde las condiciones de vida eran muy diferentes y la mortalidad infantil era elevada. En la actualidad, en cambio, existe una mayor preocupación por la alimentación, la salud, la educación y el bienestar emocional de cada niño.
“Eso hace que decidamos tener menos hijos”, explicó.
El impacto de los anticonceptivos en la fecundidad adolescente
Rofman también destacó un factor puntual que tuvo incidencia en la caída de los embarazos adolescentes: la distribución de implantes anticonceptivos a partir de 2014.
Según explicó, este método permitió reducir significativamente la fecundidad entre las menores de 20 años, un grupo en el que una proporción importante de los embarazos no son intencionales.
El investigador consideró que la reducción de esos embarazos permitió que muchas jóvenes pudieran continuar sus estudios y mejorar sus oportunidades laborales.
¿La situación económica determina cuántos hijos se tienen?
Durante la entrevista, Rofman también fue consultado sobre el impacto de la situación económica y las expectativas laborales en las decisiones de las parejas.
En ese sentido, sostuvo que la decisión de tener hijos no suele responder exclusivamente a la coyuntura económica inmediata.
“Las decisiones sobre maternidad y paternidad rara vez se toman por el corto plazo”, explicó.
El investigador comparó la decisión de tener hijos con una compra cotidiana: mientras una persona puede modificar rápidamente su consumo si un producto aumenta o baja de precio, tener un hijo implica pensar en un proyecto de vida que puede extenderse durante varias décadas.
Por eso, consideró que factores como la percepción sobre el futuro, las expectativas laborales y la posibilidad de garantizar determinadas condiciones de bienestar pueden tener influencia, pero no necesariamente de manera inmediata.
Menos hijos y más tarde
Otro de los cambios que destacó Rofman es que las personas no necesariamente están decidiendo no tener hijos, sino que tienden a tener menos hijos y a una edad más avanzada.
El investigador señaló que no es habitual encontrar personas que llegan al final de su vida fértil sin haber tenido hijos, aunque reconoció que esa decisión es cada vez más aceptada socialmente.
En cambio, se observa una tendencia hacia familias más pequeñas y una postergación de la maternidad y la paternidad.
También vinculó este fenómeno con el cambio cultural de las últimas décadas.
Según explicó, generaciones anteriores estuvieron sometidas a un fuerte mandato social respecto de la maternidad, especialmente en el caso de las mujeres. Tener hijos era considerado prácticamente una obligación dentro del proyecto de vida.
Ese mandato, sostuvo, perdió fuerza entre las generaciones más jóvenes, que tienen mayor libertad para decidir si quieren tener hijos, cuándo hacerlo y cuántos tener.
Argentina no volvería a los niveles de fecundidad del pasado
Rofman consideró que podría producirse una recuperación parcial de la fecundidad en los próximos años, como ocurrió en otros países que atravesaron procesos similares.
Sin embargo, descartó como escenario probable un regreso a los niveles registrados décadas atrás.
Actualmente, la Argentina se encuentra alrededor de 1,23 hijos por mujer, y el investigador consideró posible que el indicador vuelva a acercarse a los dos hijos en algún momento.
Pero aclaró que no parece razonable pensar que una política pública pueda convencer a las familias de volver a tener cuatro o cinco hijos por mujer.
Para Rofman, la tendencia responde a transformaciones sociales, económicas y culturales profundas que exceden ampliamente una única política o una coyuntura determinada.
En ese sentido, su análisis plantea una mirada diferente sobre el debate instalado por Milei: la baja de la natalidad en Argentina no comenzó con la legalización del aborto, sino que forma parte de una transformación demográfica que lleva más de un siglo y que atraviesa a gran parte del mundo.
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