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No hay salida: las rutas alternativas a Ormuz no alcanzan

Europa y las potencias buscan desviar el tráfico marítimo, pero la capacidad es limitada y no logra reemplazar una de las vías clave del comercio global generando una gran alerta.

La crisis en el estrecho de Ormuz volvió a exponer una fragilidad crítica del sistema energético y logístico global, no existen rutas alternativas capaces de reemplazar su capacidad.

Por este paso marítimo circula cerca del 20% del petróleo mundial, lo que lo convierte en una arteria vital para la economía mundial. Sin embargo, el conflicto en Medo Oriente obligó a navíos y países a buscar desvíos urgentes para evitar la zona, con resultado limitados.

Entre las principales alternativas aparecen oleoductos en Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos que permiten trasladar crudo hacia el Mar Rojo o el Golfo de Omán sin atravesar Ormuz. No obstante, estas infraestructuras solo pueden transportar una parte del volumen habitual, dejando millones de barriles diarios sin una vía clara de salida.

A esto se le suma que no existe un equivalente del gas licuado natural, especialmente el de Qatar, que depende casi exclusivamente del estrecho, lo que agrava aún más el panorama energético global.

En paralelo, Europa sigue analizando rutas alternativas para reorganizar el tráfico marítimo y garantizar el abastecimiento, incluyendo corredores logísticos más largos o combinaciones de transporte terrestre y marítimo. Sin embargo, estas opciones implican mayores costos, demoras y limitaciones operativas.

La duda permanente que está sobre Ormuz, está abriendo un punto clave de revalorización en el mapa marítimo, fundamentalmente aquellas infraestructuras que no solo tienen la capacidad de canalizar el tráfico, además que son capaces de regularlo y monetizarlo. El Canal de Estambul es el claro ejemplo de esto, este proyecto de Turquía se vuelve a impulsar ya que las rutas tradicionales no tienen una garantía de seguridad.

Incluso proyectos como corredores ferroviarios de Medio Oriente o desvíos hacia otros puertos no logran compensar la magnitud del flujo que normalmente atraviesa Ormuz, lo que genera tráfico y presión sobre toda la cadena de suministro marítimo.

El resultado es un escenario de alta incertidumbre, el aumento de costos logísticos, los riesgo de desabastecimiento y la presión sobre los precios de la energía a nivel mundial.

La crisis deja en evidencia que, pese a los intentos de diversificación, el mundo sigue dependiendo de un puñado de rutas estratégicas. Hoy, con Ormuz en duda, esa dependencia se vuelve a sentir con fuerza.

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