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Tres estrenos: la peli de la Pipa y Jordan, Super Mario y Francella

El legendario videojuego de los plomeros bigotones vuelve al cine con una parafernalia de promoción infernal como nunca antes, la historia de la alianza deportiva más rentable de la historia -Jordan y Nike- y Guillermo Francella en una muy buena propuesta son las tres películas que aterrizan -valga más que nunca el término- en las salas rosarinas justo el primer día de Semana Santa. Como siempre una selección de reseñas para elegir que ir a ver al cine, porque el cine se ve en el cine.

“La extorsión”

La sociedad entre Particular Crowd (TNT), Warner Bros. y HBO Max viene generando múltiples proyectos que tienen un primer paso por las salas y luego desembarcan en esa plataforma de streaming. Luego de títulos como Ecos de un crimen, En la mira y Un crimen argentino, es el turno de La extorsión, un proyecto algo más ambicioso y que demandó la asociación entre múltiples y reconocidos productores como Axel Kuschevatzky, Tomás Yankelevich, Juan José Campanella y Hernán Musaluppi, entre otros.

Como los mencionado films, La extorsión se basa en un guion “de hierro” dentro del cine de género, pero -más allá de ciertas resoluciones no del todo convincentes en algunas escenas cerca del final- esta vez el resultado es bastante más entretenido a partir de una conjunción de una narración bastante fluida, planteos ingeniosos, sorpresas bien trabajadas y un reparto de primer nivel.

Alejandro Petrossián (Guillermo Francella) trabaja como piloto en vuelos internacionales y, a los 58 años, es una referencia para todos los trabajadores de Aerolíneas Sudeste. Tiene un muy buen pasar económico y está casado desde hace mucho tiempo con Carolina Guerrero (Andrea Frigerio), quien trabaja como tripulante de cabina de pasajeros en la misma compañía.

El protagonista no parece tener demasiados sobresaltos (aunque el fantasma de la jubilación empieza a acecharlo) hasta que un día dos personas que dicen ser de la Policía Aeroportuaria lo “invitan” a acompañarlos hasta el aeropuerto de Ezeiza (habrá varias escenas filmadas en esa locación). Quien lo recibe, en verdad, es Saavedra (Pablo Rago), un siniestro personaje ligadoa los servicios de seguridad que lo extorsiona (de ahí el título) con algunos secretos y mentiras (afectivos y de salud) que Alejandro siempre se encargó de tapar. Y lo que tiene que hacer es pasar una valija (que nunca será revisada) en cada viaje a Madrid y entregársela allí a un tal Porchietto (Alberto Ajaka).

En principio, nuestro antihéroe se adapta bastante bien a la nueva situación (no la cuenta, no hace preguntas, no se cuestiona), pero en la interacción con su amigo y colega Fernando Marconi (el gran Guillermo Arengo) y a partir de la aparición de Mario Aldana (un impecable Carlos Portaluppi), quien sí es funcionario de la Policía Aeroportuaria, se desata un tenso juego de gato y ratón con constantes giros, múltiples derivaciones e imprevisibles consecuencias.

Quedó dicho que en el último acto hay un puñado de situaciones que desafían el verosímil, pero en líneas generales se trata de un cuidado, profesional y atractivo thriller que remite a cierto espíritu hitchcockiano y que en el ámbito local encuentra ciertas ligazones con Los Simuladores, la ya mítica serie de Damián Szifron. Por el lado de Zaidelis, hay una profusión de primeros planos que terminan quitando más de lo que agregan. Es que el impacto que al inicio pueden generar el rostro atribulado de Francella o la cara siniestra de Rago van perdiendo efectividad cuando ese recurso se torna recurrente. De todas formas, la mayoría de las decisiones narrativas y estéticas del director se ajustan a las necesidades del relato y, en ese sentido, La extorsión termina siendo un film bastante convincente. En todas las salas.

“Air”

Ben Affleck es un actor tan correcto como limitado que suele tener el buen tino de no buscar papeles demasiado alejados de su zona de confort. Ese rasgo de inteligencia se traslada a su faceta como director, en la que se mueve también dentro de un terreno si se quiere acotado, pero con resultados mucho más estimulantes. Es que pocos cineastas de su generación (está por cumplir 50 años) transitan el camino que todavía siguen marcando los Clint Eastwood o los Steven Spielberg: el de un clasicismo narrativo y una nobleza de espíritu a prueba de ironías y cinismos.

Tras las en varios casos notables Desapareció una noche / Gone Baby Gone (2007), Atracción peligrosa / The Town (2010), Argo (2012) y Vivir de noche / Live by Night (2016), Ben Affleck dirigió esta historia inspirada en un hecho real: la historia de John Paul Vincent “Sonny” Vaccaro (Matt Damon), un experto en básquet (sobre todo universitario) que ingresó a Nike y tuvo la idea -muy resistida en un principio- de contratar a un por entonces jovencísimo Michael Jordan, quien todavía no había ingresado a la NBA, y basar buena parte de la campaña de la compañía en el segmento de las zapatillas en la línea que luego se llamaría precisamente Air Jordan.

Pero hay que entender primero el contexto: Nike era en 1984 una compañía más bien pequeña y con una participación mínima respecto de gigantes como Adidas o Converse, sobre todo en el universo del básquet (le iba bastante mejor en el mercado del running con un público mayoritariamente WASP). Con un presupuesto limitadísimo y con los jugadores profesionales volcados de lleno a sus poderosas competidoras, no había mucho para hacer hasta que Vaccaro se la jugó de lleno a una única idea: apostar todo el (escaso) dinero disponible a contratar a Jordan, quien venía de destacarse en el básquet universitario, pero que a los 21 años todavía estaba muy lejos de ser el mejor deportista de la historia (o segundo, si ubicamos en la cima a un tal Leo Messi).

Lo que en primera instancia parece (y un poco es) un ejercicio de brand management, un informercial a medida de un gigante como Nike, en esencia resulta una exploración y reivindicación del emprendedurismo, de la concreción del tan mentado sueño americano. Vaccaro es un tipo obsesivo y solitario que carga con sus propios fantasmas (como una compulsión por el juego, adicción por las apuestas que luego se abandona por completo en la trama), pero cuya tosudez, obstinación y talento lo llevaron a cambiar para siempre el ámbito en el que se movía con más intuición que recursos: el marketing deportivo.

Suerte de Jerry Maguire: seducción y desafío del nuevo siglo, Air: la historia detrás del logo (el subtítulo local es bastante ridículo e inapropiado) tiene el rigor, la solidez, el encanto y la tensión propias de toda narración concebida con inteligencia y sensibilidad. Hay, claro, una construcción dramática con cierto suspenso, pero el principal logro pasa por la exploración de la psicología de los distintos personajes, en un abanico que se centra en la amistad entre Knight y Vaccaro, pero que también tiene muy valiosos aportes de -entre otros- Rob Strasser (Jason Bateman), una suerte de jefe directo del personaje de Damon; David Falk (un notable Chris Messina), el despiadado agente de Jordan; y Deloris Jordan (Viola Davis), la madre de Michael y encargada de supervisar su carrera en un papel que remite por momentos al de Will Smith en Rey Richard: Una familia ganadora.

Más allá de qué es lo que quería exponer y exaltar, Affleck siempre tuvo en claro que esta típica historia de un underdog que lucha contra todo tipo de prejuicios, carencias y contratiempos en el ámbito de las corporaciones debía contarse con mucho sentido del humor y del entretenimiento. En ese sentido, Air: La historia detrás del logo -que por momentos recuerda a los mejores momentos de Red social, de David Fincher- lo ratifica como uno de los más sólidos narradores de nuestro tiempo. En todas las salas.

“Super Mario Bros, La Película”

Super Mario Bros es algo así como el GOAT (Greatest of All Times) de los videojuegos. Nave insignia de la casa japonesa Nintendo durante la época de oro de los juegos arcade (lo viejos “fichines”) y la guerra de las consolas, que la empresa mantuvo en la década de 1980 con competidoras como Sega o Atari, la saga de Super Mario es la más vendida de la historia de esta industria cada vez más redituable. Como se sabe, hace rato que el cine se convirtió para el mundo de los juguetes en un aliado fundamental, casi una unidad de negocios paralela que busca explotar en la gran pantalla los productos más exitosos entre los chicos. Por eso el estreno de Super Mario Bros: La Película, adaptación animada del universo del videojuego, no solo no es una sorpresa, sino que tampoco es el primer intento que la compañía nipona hace para instalar su franquicia en el cine o la tele.

Sin embargo parece que será esta versión 2023, después de varios intentos fallidos, la que conseguirá el objetivo. Atrás queda la película de 1993, que no fue animada, sino que tenía a Bob Hoskins en el papel del pequeño plomero de ascendencia italiana y a John Leguizamo como su hermano Luigi. Mientras que el papel de Bowser, archienemigo de los héroes, lejos de ser una tortuga mutante era el sacado de Denis Hopper con un peinado parecido al de Max Headroom. Unas líneas más arriba se usó el adjetivo “fallida” para calificar a esta producción, pero después de recordarla bien y pensándolo un poco mejor, el calificativo más justo sería “malísima”. Con la vara tan baja, no era difícil hacer una mejor adaptación.

En el clásico videojuego este par de hermanos plomeros debían rescatar a la Princesa Peach del Reino Champiñón, de las garras de Bowser, que la tenía secuestrada. Para ello debían enfrentar diversos retos atravesando pasarelas y sorteando obstáculos, con el hoy famoso leitmotiv musical de 8 bits de fondo. Lejos de querer innovar con el riesgo de malograr otra oportunidad, la historia de la nueva Super Mario Bros no hace otra cosa que crear situaciones en torno a esta simplísima estructura sinóptica, haciendo que el relato avance a partir de ellas.

La película logra ser correcta, sin mayores méritos que destacar más allá de los técnicos. El resto hace pie en un humor esquemático, diseñado para funcionar en dos niveles. El primero es el del público infantil, que puede o no estar interiorizado en el universo del juego, en tanto responde a un estándar del cine animado industrial de probada eficacia dentro de ese target. El segundo nivel es el de los fanáticos: por un lado aquellos que crecieron jugando al Super Mario; por el otro los conocedores de ese terreno cada vez más grande de la cultura popular que es el mundo del gameing. Serán ellos los que más disfrutarán de la larga lista de referencias a este y otros juegos históricos de Nintendo. Más allá de eso, poco, pero alcanza para ir empezando a pensar en la secuela. En todos los complejos.

Fuente: Diego Batlle, Otros Cines, Juan Pablo Cinelli, Página12

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