Dólar

Dólar Oficial:$1400 / $1450
Dólar Blue:$1425 / $1445
Dólar Bolsa:$1446 / $1446.9
Dólar Contado con liquidación:$1492.3 / $1492.8
Dólar Mayorista:$1418 / $1427
Todo Show

4 estrenos el día de la inauguración del Mundial: Spielberg vuelve con sus mejores climas

Nuestro amado Esteban Spielberg retorna a sus temas, tópicos y obsesiones que tanto nos gustan. Paul Rudd en “Letras Robadas”, más “Las 100 noches del deseo” y “Familia” completan los 4 nuevos filmes que aterrizan en las salas rosarinas.

Nuestro amado Esteban Spielberg retorna a sus temas, tópicos y obsesiones que tanto nos gustan. Paul Rudd en “Letras Robadas”, más “Las 100 noches del deseo” y “Familia” completan los 4 nuevos filmes que aterrizan en las salas rosarinas.

En “Disclosure Day´”, el mítico director Steven Spielberg retoma a ciertas temáticas ya abordadas en films como Encuentros cercanos del tercer tipo (1977), E.T.: El extraterrestre (1982) y La guerra de los mundos (2005) para exponer una implacable mirada sobre la alienación social a partir del control, la manipulación, la mentira, la soledad y la angustia existencial que han dejado al planeta al borde de la extinción. “Familia”, el más reciente largometraje del director de Una femmina: El código de silencio aborda los profundos traumas que genera la violencia social, institucional e intrafamiliar. “Letras Robadas”, la nueva película de John Carney explora los sueños perdidos, las relaciones amorosas y el poder de una buena canción. Completan “Las 100 Noches del deseo” y Paul Rudd en “Letras Robadas”. Aquí una buena selección de reseñas para elegir que ir a ver al cine, porque el cine se ve en el cine.

“El Día de la Revelación”

Desde 2017 distintas oficinas gubernamentales de los Estados Unidos vienen desclasificando informes sobre OVNIs y presencia extraterrestre. La última -ordenada por Donald Trump hace muy pocos días- resultó una involuntaria publicidad para la nueva  película de Steven Spielberg, que tiene un misterio ligado a alienígenas en la Tierra en el centro de su propuesta.

En verdad, El Día de la Revelación es bastante más que un film sobre aliens y, en ese sentido, se trata de un regreso de este Spielberg ya maduro (este año cumplirá 80 años) a temas y preguntas inquietantes: desde si la sociedad está en condiciones de saber -y aceptar- la verdad de que no estamos solos en el universo hasta las características autodestructivas (el contexto del film es pre-apocalíptico con la inminencia de la Tercera Guerra Mundial), pasando por cuestiones como la creciente autonomía de las corporaciones tecnológicas privadas que han acumulado más poder incluso que los gobiernos nacionales (¡Hola Peter Thiel!) y el papel de denuncia que aún mantienen algunos medios masivos de comunicación (en cuya esencia más noble Steven, que la reivindicó en The Post: Los oscuros secretos del Pentágono, todavía sigue creyendo).

El guion de El Día de la Revelación es de David Koepp (quinto largometraje que escribe para Spielberg), pero la idea original partió del propio director, por lo que no es difícil advertir en este thriller bastante más realista de lo esperado (aunque con algunos elementos que podrían ubicarse dentro del campo de la ciencia ficción) una síntesis de las críticas, preocupaciones, advertencias y deseos que Spielberg viene elaborando en su ya dilatada carrera. De hecho, podría verse incluso como una secuela no oficial de Encuentros cercanos del tercer tipo casi medio siglo después y como una relectura o ampliación de varios dilemas y disyuntivas planteadas en Minority Report: Sentencia previa (2002).

En principio, la película puede sonar un poco ingenua y con algunas escenas elementales, pero nunca pierde el interés ni la tensión (no vamos a descubrir a esta altura la ductilidad y solidez como narrador de Spielberg) en otro exponente de la vieja escuela de corte hitchcockiana. Y, a medida que avanzan las casi dos horas y media de relato, algunas aristas se profundizan y complejizan hasta llegar a un climax final que se ubica entre los mejores de la filmografía del director.

Los protagonistas son Daniel Kellner (Josh O’Connor), un experto en ciberseguridad que arriesga su vida para denunciar los abusos en una corporación secreta llamada Wardex / Dexno para la que supo trabajar durante ocho años y salvar a su novia Jane (Eve Hewson), una ex novicia que ha perdido su vocación; y Margaret Fairchild (Emily Blunt, notable), una ambiciosa presentadora del clima en una señal de TV de Kansas City que canaliza conversaciones sobre OVNIs. El antagonista, el capo de la poderosa compañía privada, es el Noah Scanlon de Colin Firth, quien no solo posee una tecnología para vigilancia en tiempo real sino también para invadir espacios y mentes ajenas. Ese trío se complementa con buenos personajes secundarios como el Hugo Wakefield de Colman Domingo, quien supervisa y colabora con el accionar de Kellner.

Cómo esos dos protagonistas con especializaciones, edades, existencias, intereses, proyectos y ámbitos de trabajo tan disímiles terminarán convergiendo y uniendo fuerzas es algo que la dupla Koepp-Spielberg manejará con suspenso, astucia y hasta bienvenidas dosis de humor, mientras la banda sonora de John Williams es llamativamente sobria. Hay, además del apuntado tono hitchcockiano, algo del universo de M. Night Shyamalan, de Denis Villeneuve, ciertas búsqueda que remiten a Christopher Nolan (y, por qué no, a la serie Los expedientes secretos X), pero el sello propio, distintivo, inimitable de Spielberg es más que evidente.

En ese sentido, El Día de la Revelación resulta un Spielberg clásico y puro en los mejores sentidos de ambos términos. La incógnita pasa por saber si hoy el público más joven está dispuesto a enfrentarse a una propuesta como esta, que no es extremadamente exigente, pero se desmarca de los tanques de Hollywood más ligeros, demagógicos y complacientes que imperan en la temporada más comercial (el verano boreal). Veremos entonces si Steven aún conserva ese toque que lo convirtieron durante décadas en uno de los directores-productores más populares de la historia.

DIEGO BATLLE. Otros Cines.

En Las Tipas, Cinemark, Cinépolis, Monumental y Del Centro.

 

 

“Familia”

Este desgarrador (por momentos aterrador) melodrama familiar está narrado desde el punto de vista de Luigi Celeste primero durante su infancia y luego durante su juventud (Francesco Di Leva, ganador del premio David Di Donatello a Mejor Actor de Reparto, interpreta al niño y Francesco Gheghi, distinguido como Mejor Actor en la competencia Orizzonti de la Mostra de Venecia, encarna la versión adulta). Y es lógico que así sea, ya que el film de Costabile se basa en el libro autobiográfico del propio Celeste.

Lo que ese pequeño y luego muchacho ve y sufre es la violencia intrafamiliar (sobre todo psicológica pero también por momentos física) de un padre abusivo (Francesco Di Leva) contra una madre (Barbara Ronchi) que intenta como puede, como le sale, mantener la dinámica familiar, proteger a los chicos y sobrevivir a los excesos, manipulaciones, miserias y golpes de su marido.

Más allá de que buena parte de la  película transcurre en la intimidad familiar (Luigi tiene un hermano algo menos vulnerable llamado Alessandro), hay momentos en que, a partir de denuncias propias o de intervenciones escolares, la burocracia estatal interviene, pero Franco, el padre, volverá una y otra vez, incluso luego de salir de prisión, en busca de “recuperar” (léase dominar) a su mujer y sus hijos. Otra subtrama igualmente desoladora es cuando Luigi busca refugio y un ámbito de pertenencia en un grupo de extrema derecha, donde es obligado a ejercer esa misma violencia que él venía sintiendo en carne propia por parte de su progenitor.

Este drama social es crudo, visceral e impactante no tanto por la violencia explícita que se muestra (que de a ratos la hay) sino por la que se percibe en el trasfondo, la que se intuye en cada mirada, en cada gesto, en cada mínima observación de un Costabile que lleva a la ficción toda la urgencia y la credibilidad más propia de un documental.

Las actuaciones están acorde con el tono y el propósito de un cineasta que en su cuestionamiento al entramado social y en su exploración de las heridas que se perciben en cualquier persona que ha sufrido tantos abusos no deja demasiado margen para las sutilezas, los matices ni para las múltiples interpretaciones por parte del espectador. De todas formas, se trata de un film a su manera valiente, genuino y honesto, en el que la odisea personal del Luigi Celeste real tiene una valiosa reconstrucción en esta versión ficcional.

DIEGO BATLLE. Otros Cines.

En Cines Del Centro.

“Letras robadas”

“¿Puede una canción de amor salvar tu vida?”, preguntaba el discutible título local de la película de John Carney, protagonizada por Keira Knightley y Mark Ruffalo. Tal vez no era la mejor opción para bautizar al film, que en inglés se llama Begin Again (Empezar de nuevo), pero está claro que esa pregunta resuena en toda la obra del director irlandés. Y, en especial, en Letras robadas, su última película.

Desde Once, que lo estableció en la escena internacional, Carney dedicó su películas a hablar sobre el poder que ejerce la música en la vida y, sobre todo, en el amor. De una manera u otra, los amables pero perdidos personajes creados por el guionista y director encuentran en un puñado de canciones su razón de ser y la posibilidad de conectarse con otras personas.

El concepto de poder está en el título del nuevo film, aunque aplicado a un tipo particular de canción, popular en los 80, la power ballad, esos lentos con una combinación musical que estimulan la emoción e invitan a creer que todo es posible.

Esas mismas cualidades tiene la canción compuesta por Rick (Paul Rudd), un cantante de una banda de bodas, con un pasado de sueños de estrella de rock, que nunca se cumplieron. Una trasnoche de zapada con Danny Wilson (Nick Jonas), un exmiembro de una famosa boy band, que aun no consiguió establecerse como solista, deriva en un conflicto por la autoría de un éxito capaz de cambiar la vida de los protagonistas.

Lo que está en juego es lo que significa para cada uno de ellos esa canción y tanto la comedia como la emoción del film nacen de la relación que estos dos artistas, de distintas generaciones y con experiencias diferentes, establecen con un tema musical que habla de amor (no necesariamente romántico).

Las relaciones familiares, las románticas, los sueños rotos y la esperanza que no cede, son parte del entramado de esta historia, que tiene mucho humor pero también es profundamente sentimental. Esa es una característica propia del cine de Carney, que puede expulsar a parte del público, aunque es necesario aclarar que el director se mantiene en una línea que se acerca peligrosamente a la cursilería, sin cruzarla.

Para lograr este difícil acto de equilibrismo, el director cuenta con as en la manga: Rudd, un actor perfecto para generar emoción genuina y caminar en la cuerda floja entre lo cómico y lo sentimental. El carisma arrollador de Rudd es esencial para la pintura de este personaje que, en vez de dejar sus sueños atrás, los adaptó a una realidad que ama tanto como a sus fantasías de rock star.

Jonas está a tono como la figura contrapuesta, alguien desesperado por asegurarse de que la fama conseguida, y todo lo que esta conlleva, no desaparezca. Su pasado de ídolo adolescente, junto a sus hermanos como estrella de Disney y miembro de la banda Jonas Brothers, debe haberlo ayudado a entender a su personaje y componerlo de una forma que se siente muy real.

La presencia encantadora de Rudd, la sorprendente solvencia de Jonas y la simpatía de un elenco de actores irlandeses que componen al círculo del protagonista, en especial, el co-guionista Peter McDonald como el amigo fiel, hacen de Letras robadas una de esas películas que aportan un rato de felicidad.

Si le faltaba algo para completarlo, ahí está la música, ocupando un lugar central. Una canción tal vez no pueda salvar vidas, pero cuando se trata de una como “I Wish”, el inoxidable tema de Stevie Wonder que los protagonistas cantan juntos en un casamiento, puede llegar a convencernos de que es posible.

MARIA FERNANDA MUGICA. La Nación.

En Las Tipas y Cinépolis.

 

“Las 100 Noches del deseo”

Todos los cuentos de hadas merecen su reversión, parece asegurarnos esta época tan afecta a relecturas y deconstrucciones. Por lo tanto, las famosas ‘mil y una noches’ también pueden reducirse a 100 y sus relatos a una versión feminista de aquellas historias a menudo protagonizadas por varones. Las chicas siempre privadas de autoridad y autonomía, sometidas a miedos en el bosque y mandatos de casamiento, encuentran ahora su propia voz en el ejercicio de la narración y la potestad del deseo. La iniciativa está a cargo de Julia Jackman (directora de cortos y de la comedia adolescente Bonus Track), quien adapta la novela gráfica de Isabel Greenberg en un compendio de mitologías medievales y amores truncos en el que la habilidad de contar historias puede ser la llave para la liberación.

En el principio de los tiempos, una diosa llamada Kiddo (Sophie Monks Kaufman) hizo el mundo. Un mundo con forma de jardín, simple e igualitario. Pero su padre Birdman (Richard E. Grant), un dios con forma de pájaro, pervierte la utopía de su hija y preside un reino creado a su imagen y semejanza, con íconos coloridos que celebran su narcisismo. En ese mundo en el que es adorado, hay reglas que dan a los hombres poder, y a las mujeres obediencia.

Agnes (Markella Kavenagh) es una de las primeras rebeldes, y su hija Héroe (Ema Corrin), la futura emisaria de su resistencia. Convertida en criada de una joven noble en un castillo, intentará propagar las historias que socavan el poder patriarcal. La noble casadera es Cherry (Maika Monroe), rubia y etérea, confinada a un matrimonio casto con Jerome (Amir El Masry), un marido indiferente, y sometida a un tribunal de pajarones que le exige un próximo heredero. Apenas cien noches le quedan como plazo, y si no cumple con su deber de procrear deberá enfrentar una muerte segura. Vaya dilema.

Como no podía ser de otra manera, algo inesperado sucede. Un hombre toca a su puerta: es Manfred (Nicholas Galitzine), el apuesto amigo de su marido, decidido a convertir su engaño en una pronta vindicación. Los varones pactan en la noche: el marido irá a una cruzada dejando a su esposa virgen en soledad en el castillo; el recién llegado intentará seducirla, probando para sí sus artilugios de conquista, y para el casado la virtud de su esposa. Pero ninguno cuenta con la intervención de la doncella Héroe, narradora impertinente que convertirá la historia de tres hermanas hijas de un navegante en una reflexión sobre el poder femenino y sus ansias de liberación.

El juego está servido: la puesta es simpática y juguetona (con algo del esteticismo de alta costura que vimos en la reciente Cumbres borrascosas); las claves, la narrativa queer y la temática del empoderamiento; el mensaje exhibe claridad expositiva y alguna ironía en sus juegos metatextuales, como los guiños a la novela gráfica, ecos del cine de la francesa Agnes Varda, un uso astuto de figuras como Emma Corrin y el nuevo galán Nicholas Galitzine, de la cantante británica Charli XCX, y de los cameos de Felicity Jones y la crítica cinematográfica Sophie Monks Kaufman (asidua pluma de IndieWire).

El esquema de narraciones encadenadas, a la manera de Sherazade pero también del serial del siglo XX, permite afirmar el encantamiento de la oralidad y construir la potencial rebeldía en una forma de distribución del conocimiento que atenta contra la centralidad del poder y sus viriles representaciones. Ese elemento es el más atractivo: las nuevas formas de acceso y propagación de un saber que oficialmente parece estar vedado. Jackman se saca de encima algunos deberes de redundancia, aunque morigera el tono lúdico a medida que la moraleja exige el sacrificio. No pierde la frescura, pero no llega al límite de pensarse corrosiva, delegando en el amor, como era de prever, la última esperanza.

PAULA VAZQUEZ PRIETO. La Nación.

En Cinépolis y Del Centro.

Fuente: La Nación, Otros Cines.

Comentarios

5