
El tesorero de la Federación Industrial de Santa Fe, Mariano Ferrazzini, expuso ante legisladores nacionales sobre la caída productiva, el aumento de costos y las dificultades que atraviesa el sector. También pidió aprovechar el desarrollo energético y minero para generar proveedores locales y mayor valor agregado.
La industria santafesina llevó su preocupación al Senado de la Nación, donde el tesorero de la Federación Industrial de Santa Fe (FISFE), Mariano Ferrazzini, planteó la necesidad de construir una agenda nacional de desarrollo que permita sostener a las PyMEs industriales, recuperar capacidad productiva y preservar el empleo. La exposición se realizó durante la jornada “Una agenda para el desarrollo nacional: ¿Dónde estamos? ¿Hacia dónde queremos ir?”.
Ante legisladores nacionales, Ferrazzini presentó un diagnóstico sobre la situación del entramado productivo de la provincia y puso el foco en la caída de la actividad industrial, el aumento de los costos, la pérdida de márgenes empresariales y las dificultades para competir. También señaló las oportunidades que ofrecen las cadenas de energía, petróleo, gas y minería, aunque advirtió que ese crecimiento debe traducirse en desarrollo de proveedores, nuevas fábricas y mayor valor agregado dentro del país.
La industria santafesina, por debajo de los niveles de 2022
De acuerdo con el Informe de Actualidad Industrial de Santa Fe N.º 161, elaborado por FISFE con datos correspondientes a mayo de 2026, la producción industrial provincial registró una caída interanual del 1,3% durante el último mes relevado. En el acumulado de 2026, la baja supera el 4%, mientras que, al ampliar la perspectiva, la producción se encuentra aproximadamente 10 puntos por debajo de los niveles de 2022.
Uno de los datos que Ferrazzini consideró más preocupantes es que el 71% de las ramas industriales de Santa Fe registra caídas. Para el dirigente, los porcentajes reflejan consecuencias concretas sobre las empresas y los trabajadores.
“Quien está en la industria, quien está en la producción, sabe que son números que generan destrucción de puestos de trabajo y destrucción de agregado de valor”, sostuvo.
Entre los sectores más afectados aparece la maquinaria agropecuaria, que registra una caída interanual del 24,6%. La industria metalúrgica, en tanto, retrocede un 18%, con casi el 90% de los sectores relevados dentro de la actividad en baja.
A partir de estos indicadores, Ferrazzini cuestionó la idea de que la economía simplemente funciona a distintas velocidades y advirtió sobre el riesgo de consolidar un “modelo de ganadores y perdedores”.
Durante su exposición, el tesorero de FISFE también describió una crisis de oferta y de demanda que afecta a la industria santafesina.
Por un lado, las empresas deben competir con productos transables provenientes del exterior en un escenario donde, según planteó, las condiciones de competitividad locales resultan insuficientes. Entre los factores mencionó el sistema tributario, las percepciones y retenciones y el impacto de la informalidad sobre el sector formal.
A esto se suma la fuerte suba de los costos industriales. Según los datos presentados, el IPC de servicios acumuló un incremento del 400% durante la actual gestión, mientras que el incremento del IPC promedio fue del 235%. La industria, en cambio, solamente pudo trasladar a precios un 144% de esos aumentos.

El resultado, explicó Ferrazzini, fue que las empresas absorbieron buena parte de la suba de costos a costa de sus propios márgenes.
“Por tanto, hemos absorbido, ya más allá en muchos casos, las rentabilidades y hoy se ve en el cierre de empresas, en la pérdida de puestos de trabajo, en la destrucción del valor agregado. Hemos absorbido todo lo que se ha podido, pero hoy nos encontramos ante la incapacidad de seguir absorbiendo”, afirmó.
El dirigente también puso el foco en los costos energéticos, especialmente durante los períodos de mayor demanda estacional. Según explicó, determinadas disposiciones vinculadas a los sobrecostos energéticos llegaron a provocar incrementos de hasta 500%, lo que profundizó las dificultades para mantener la competitividad.
A la crisis de oferta se agrega, según el diagnóstico presentado por FISFE, una crisis de demanda interna. La pérdida de poder adquisitivo concentra el consumo en bienes considerados urgentes o necesarios, mientras que la adquisición de otros productos pasa a ser, en muchos casos, un gasto difícil de afrontar.
Villa Constitución, un ejemplo del impacto territorial
Para mostrar cómo la pérdida de actividad industrial repercute sobre las comunidades, Ferrazzini tomó como ejemplo a Villa Constitución, uno de los principales polos industriales de la provincia.
Según datos del INDEC incorporados al Informe de Actualidad Industrial de Santa Fe N.º 161, la localidad registra una tasa de desocupación del 10,4%, la más alta entre los 31 aglomerados urbanos relevados. Al mismo tiempo, presenta una tasa de empleo del 39,2%, la más baja del mismo conjunto.
“Es una clara muestra de lo que pasa cuando se empiezan a destruir capacidades productivas”, señaló Ferrazzini.
El dirigente remarcó que el impacto de una caída industrial no se limita a las grandes empresas. Cuando se pierde actividad, también se deteriora el entramado de PyMEs, proveedores y comercios que se desarrolla alrededor de esos polos productivos.
Energía y minería: la oportunidad que FISFE quiere convertir en industria
Más allá del diagnóstico negativo, la exposición incluyó una mirada sobre las oportunidades que tiene Argentina. Ferrazzini destacó especialmente el potencial de las cadenas vinculadas con energía, petróleo, gas y minería.
Según datos de la Encuesta Coyuntural PyME de la Unión Industrial Argentina (UIA) citados durante la jornada, el 26% de las PyMEs industriales argentinas ya participa de las cadenas de petróleo, gas y minería, mientras que otro 12% tiene expectativas concretas de incorporarse y considera que esa vinculación podría generar un impacto significativo sobre su facturación.
Para FISFE, el desafío consiste en evitar que ese crecimiento quede limitado a la explotación de recursos naturales y a la importación de bienes terminados. El objetivo, planteó Ferrazzini, debe ser utilizar esas nuevas demandas para generar producción nacional.
“Si no logramos que ese tractor de la economía, que es gas, petróleo y minería, se empiece a traducir en nuevas fábricas de válvulas, tubulares o equipos de compresión, software de monitoreo o cualquier otro valor agregado que se le pueda dar a la cadena, estaremos en un grave problema”, advirtió.
En ese sentido, el dirigente reclamó políticas públicas que permitan que las nuevas demandas de esos sectores sean atendidas por empresas argentinas, generando nuevas capacidades productivas, empleo y desarrollo tecnológico.
Entre las herramientas consideradas necesarias mencionó una reforma del sistema tributario orientada a favorecer la inversión productiva, el fortalecimiento de la ciencia y la tecnología aplicada a las cadenas de valor y un sistema financiero capaz de acompañar al sector productivo.
Sobre este último punto, señaló que, de acuerdo con la comparación regional presentada durante la exposición, el sistema financiero argentino tiene un peso sobre el PBI al menos siete veces menor que el brasileño, una diferencia que limita las posibilidades de financiamiento para la inversión y el crecimiento empresarial.
Todo esto ocurre, además, en un contexto de apertura de la economía, que expone a la producción nacional a competir con compañías de países que cuentan con estructuras de costos, financiamiento y políticas de desarrollo diferentes.
El pedido de FISFE al Congreso
En el tramo final de su intervención, Ferrazzini planteó las prioridades que, desde la perspectiva de FISFE, debería contemplar una agenda legislativa nacional.
“Creo que cada proyecto de ley que toque previsibilidad tributaria, costo laboral, tarifas energéticas, financiamiento productivo o compras públicas debe tener en cuenta el impacto sobre el sector PyME industrial en la Argentina, y no solo los grandes números macroeconómicos”, sostuvo.
Entre los pedidos concretos se encuentran el impulso de mecanismos de desarrollo de proveedores para las cadenas de Oil & Gas y minería, acompañados por financiamiento y asistencia técnica; el sostenimiento y la ampliación de incentivos fiscales para la innovación aplicada; y una mayor previsibilidad normativa para que las empresas puedan tomar decisiones de inversión.
El planteo central de la Federación Industrial de Santa Fe quedó resumido en una definición sobre el lugar que las PyMEs deberían ocupar dentro de las políticas económicas.
“La industria PyME no pide privilegios, pide reglas estables para competir, invertir y sostener el empleo”, afirmó Ferrazzini.
Una agenda que busca superar las dicotomías
El dirigente industrial también planteó la necesidad de dejar atrás las divisiones entre producción primaria e industria y propuso pensar las cadenas productivas como un proceso integral.
“Necesitamos las herramientas que rompan con las dicotomías de producción primaria o industria. En todo caso, esto debería ser producción primaria, industrialización y comercio. No vemos otra forma de desarrollo nacional”, concluyó.
Desde FISFE destacaron la importancia de participar de espacios de discusión junto a representantes del Congreso de la Nación y otros sectores productivos para aportar la mirada de la industria santafesina a una agenda nacional que permita recuperar capacidad productiva, sostener el empleo y transformar los recursos y oportunidades del país en mayor valor agregado y trabajo argentino.
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